“El peronómetro”

Por Redacción

En vista de las elecciones internas partidarias del 7 del corriente, otra vez los buenos muchachos del peronismo rionegrino han sacado a relucir el “peronómetro”. El “peronómetro”, como bien se sabe, es un instrumento de precisión que mide la lealtad, la pasión, el fervor, la mística y la pertenencia que cada compañero tiene. Y aquel infortunado que muestre alguna ligera mengua en alguna de esas medidas es un traidor y debe ser expulsado de las filas del justicialismo. Sin embargo, el “peronómetro” es como el cuchillo: no corta a quien lo maneja. Y, como es un instrumento muy preciado, solamente lo tienen algunos dirigentes y funcionarios, los que nunca permitirán ser ellos mismos medidos pero sí medir a todos los demás, generalmente a los que no piensen como ellos. Es que para un peronista no hay nada mejor que “medir” el peronismo de cualquier compañero. Con el “peronómetro” en la mano son muy valientes. Se sienten puros, únicos, más papistas que el papa, más peronistas que Perón. Su ortodoxia al “ismo” de turno (en este caso el kristinismo o el pichettismo, como antes fue el menemismo y mañana será el massismo) los lleva, como modernos torquemadas, a encender la pira a todo lo distinto y que amenace su pequeña y banal cuota de poder. Con el “peronómetro” en la mano en esta interna se sabe, “a un lado están los justicialistas y enfrente los traidores de ocasión”. Claro que sí, muchachos: a un lado los bagres y al otro las tarariras, como dice el refrán. Con el “peronómetro” en la mano se puede decir de todo y obrar en consecuencia. Tirar viejos por la ventana, ensimismarse en la propia virtud, descalificar sin ton ni son a cualquiera que los enjuicie, darle a uno con el palo y al otro con la contramilla, escupir el asado que no se pueda comer y cuantas otras barbaridades que no tienen nombre. Es mentira que cuando se pelean como gatos se están reproduciendo. Es porque abusan del “peronómetro” y dejan afuera a compañeros de ruta y de militancia de muchos años que hasta se la jugaron en la resistencia y luego en la dictadura. Pero no hay caso cuando los liliputienses atan al gigante. “Ellos y nosotros”, destacaban los afiches de César Cao Saravia. Estos pequeños peronios rionegrinos con un poquito del poder prestado que dan los cargos públicos son los mejores alumnos del industrial filósofo de la década de los 70. Claro, “peronómetro” en mano no hay quien se les anime, porque son temerarios y atrabiliarios, viscerales, sanguíneos, pero para afuera muestran su mejor cara de plástico. Jamás podrán entender que el peronismo es inclusivo, participativo, que para un peronista no debería haber nada mejor que otro peronista, que la organización vence al tiempo y es más importante que los nombres y que el culto a la personalidad que cultivan como una causa de vida o muerte. Y mientras usen y abusen del “peronómetro” jamás lo podrán entender, porque son vasallos de su misma estrechez. Antes que manipular el “peronómetro”, lo que tendrían que hacer en forma urgente es empaparse de la doctrina justicialista, crear espacios de participación, entender que los compañeros que están participando en otra lista son tan peronistas como ellos… pero, lamentablemente, “es al ñudo que lo fajen al que nace barrigón”. Saldrán incólumes de la interna del 7 de septiembre, adocenados como muebles de forja y, lo más importante para ellos, con el instrumento de medir peronismo aferrado en sus manos y sin guardarlo en su funda, porque después, el año que viene, entre los ganadores habrán nuevamente de dirimir quién es más peronista que el otro. Porque el “peronómetro” forma parte de su propia naturaleza. Jorge Castañeda DNI 8.569.045 Valcheta

Jorge Castañeda DNI 8.569.045 Valcheta