El pie plano no siempre es anormal

Si no ocasiona molestias serias, ni siquiera requeriría de tratamiento

«En verdad, actualmente no existe un consenso generalizado para precisar en qué medida un pie determinado es normal o no. En términos generales, el pie plano es la ausencia o pobre definición del arco longitudinal, sobre el cual se realiza el apoyo», define el doctor Daniel Sergio Pereyra, jefe del equipo de Pierna, Tobillo y Pie del Hospital de Clínicas «José de San Martín», de la Capital Federal.

El pie plano tiene dos formas clásicas de presentación: pie plano flexible, que no suele acarrear mayores trastornos y pie plano contracturado o rígido; este último puede requerir, además de tratamiento ortopédico, intervención quirúrgica dado que en la mayoría de los casos puede existir en forma subyacente una patología ósea o de los tendones.

Por otra parte, es importante dejar en claro que, aproximadamente hasta los tres años, todos los niños tienen pie plano. La presencia de una almohadilla de grasa en la planta del pie y la gran flexibilidad de los ligamentos del niño hace que sea difícil observar el arco antes de esa edad.

Los síntomas que presentan los niños hacia los cuatro o cinco años, es decir, una vez iniciada la actividad escolar, son cansancio y dolor, particularmente al usar calzado pesado o duro. «Son niños que tienden a sacarse los zapato apenas llegan a la casa; esos son síntomas de contractura y molestias en la planta del pie», explica Pereyra.

Los adultos presentan síntomas similares, especialmente al estar mucho tiempo parados, dolor en el arco del pie, sensación de quemazón o tirantez en la planta del mismo y que se manifiesta particularmente hacia el final del día.

Los niños que presentan otras patologías orgánicas y en los que se descubre mediante estudios radiológicos alguna deformidad como la presencia de barras tarsales, anomalías en la inserción del tendón tibial posterior o mala posición del hueso astrágalo «deben consultar a especialistas en ortopedia infantil, porque son candidatos a correcciones de tipo quirúrgico y posteriormente a la cirugía, a un tratamiento ortopédico con un seguimiento a largo plazo, aproximadamente hasta los 12 ó 13 años».

Para estos trastornos hay técnicas quirúrgicas específicas para cada caso, como la reinserción o trasposición del tendón tibial posterior, la liberación de las barras tarsales en el caso de que existan, y «si el trastorno tiene que ver con la mala posición del astrágalo, explica el experto, se puede utilizar un tornillo expansivo de muy fácil colocación mediante una pequeña incisión; es una cirugía poco traumática y con excelentes resultados comprobados en todo el mundo».

En los niños, muchas veces el motivo de consulta es el pie plano y sin embargo se deja de lado el examen de las rodillas, donde hay que evaluar que no estén desviadas hacia fuera, algo que, si bien es fisiológico hasta cierta edad, se torna patológico hacia los 5/6 años, cuando las rodillas deben adoptar la posición correcta.

Es clave elegir el calzado correcto

Durante los primeros años de vida es fundamental el uso de un calzado correcto, preferentemente de cuero y acordonado, con una suela flexible y de goma.

El contrafrente del calzado, que es el que protege al talón, debería ser más bien rígido. También debería tener una plantilla de fábrica con un arco longitudinal interno que marque o sirva de tutor para el desarrollo del pie.

A partir del uso del calzado adecuado, el especialista chequeará el desarrollo del arco una o dos veces al año.

En síntesis, debe ser amplio, flexible, de tacón bajo, liviano, ventilado y con buena adherencia.

-Hoy se acepta que el pie plano flexible que no genera molestias no requiere tratamiento.

-No se ha comprobado que las modificaciones al calzado empleadas para corregir el pie plano –como el agregado de plantillas- logren cambiar la conformación del pie, ni la aparición del arco.

-En las poblaciones donde es habitual el caminar descalzo se observó que los pies de niños y adultos presentan una mayor flexibilidad, menos deformidades y una tendencia claramente menor a desarrollar pie plano.

-No ocasiona dolores de espalda ni desviación de la columna vertebral.


Exit mobile version