El poder de La Renga se desató en el Ruca Che
Sonaron los clásicos, los no tanto y los superclásicos.
Cecilia Maletti
NEUQUÉN (AN).- Eran las 19:30, sólo faltaba media hora para el inicio de la cita. Las previas estaban llegando a su fin y los fanáticos rengueros, que ya estaban reunidos en las afueras del gigante del oeste, se alistaban para entrar. El rock se veía, se vivía, se respiraba. Los “trapos” ya estaban listos. En los pisos, en las manos o desplegados sobre las espaldas de los ansiosos que estaban ya formados para ingresar a lo que sería una noche a puro rock and roll. Adentro el panorama no era diferente, unas 2.000 personas ya esperaban por La Renga y otras tantas, o un poco fueron apareciendo a medida que el inicio del recital era inminente. Las banderas demostraban, una vez más, que la banda de Chizzo Napoli es pasión de multitudes. “Trapos” de Neuquén, Fernández Oro, Villa Regina, Roca, Chos Malal, Zapala, Santa Fe, Mendoza, Buenos Aires, y también de Chile ya estaban colgados en las barandas del estadio. Otros tanto fueron llegando, un poco más tarde. Al final fueron más de 5 mil almas las que vibraron en un show al que no le faltó nada. Estaban ellos: los mismos de siempre y también esos pequeños que, tal vez, estaban viviendo su primer recital de rock. La entrada decía que el show comenzaría a las 20. Así fue, 19:59 las luces se bajaron y salió al escenario la banda local Circo Negro, ellos fueron los encargados de calentar las tablas montadas en el Ruca Che con un repertorio de temas propios. La gente seguía entrando. Alrededor de 45 minutos después el escenario quedó nuevamente vacío y ese fue el momento en el que al grito de “Vamos La Renga/ ponga huevo, vaya al frente,/ que se lo pide toda la gente…” los rengueros y rengueras aclamaban por la presencia de Chizzo y sus compañeros de ruta en el escenario del gigante del oeste. Ya a las 21:30 comenzaría el pogo y el rock que sólo se detendría a la medianoche cuando ya no había más que hacer, el recital había terminado y las luces se habían encendido. Para empezar sonaron “La furia de la bestia rock”, “Tripa y corazón”, “Canibalismo galáctico”, y “Las cosas que hace”. Para ese entonces los fanáticos ya coreaban “Soy la renga/ es un sentimiento,/ no puedo parar,/ ole, ole, ole, ole, ole, ole, ola,/ ole, ole, ole, cada día te quiero más”. “Nosotros también los queremos. Nos encanta venir acá. Suena demagogo, pero es así”, respondió Chizzo entre trago de agua y trago de agua. Y así comenzaba una noche de rock and roll en la que La Renga ofrecería muchos de sus clásicos y también los mejores materiales de su último disco de estudio “Algún Rayo”. En este sentido, en la tarde noche del lunes sonaron “Ruta 40”, “El twist del pibe”, “Motoralmaisangre”, “En el baldío”, “Arte infernal”; así como “Poder”, “Dioses de terciopelo”, “Cristal de zirconio” y “Algún rayo”, entre muchos otros. Tras un amague de despedida llegaron los bises: fueron cuatro. En total fueron alrededor de dos horas y media de show y casi tres decenas de temas los que avivaron el fuego que hizo arder el estadio de Antártida Argentina y Reconquista Cuando los acordes de “Hablando de la libertad”, comenzaron a sonar, los rengueros se prepararon para, lo que todos sabían, sería el último pogo. En ese mismo instante en que el campo se disponía a saltar, en la tribuna izquierda se desplegó una gran bandera de “La filial Caballito. Los mismo de siempre”. Con ese panorama se terminó un recital que demostró, una vez más, que el rock and roll nunca morirá.
Cecilia Maletti
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