El precario estado de la democracia en Rumania

Por Redacción

EMILIO J. CÁRDENAS (*)

Las crisis económicas tienen serias repercusiones en el plano de la política. En todas partes. También en la Vieja Europa, donde los extremismos han reverdecido en los más diversos rincones, alimentados por la desesperanza y las frustraciones de muchos. Particularmente de los más jóvenes. El caso de Hungría es hoy uno de los más preocupantes. Ocurre que la administración de Viktor Orbán, quien encabeza el partido Fidesz, está coqueteando abiertamente con conductas y propuestas que poco tienen que ver con la democracia. Ahora se agrega el de Rumania, donde fogoneados por el premier Victor Ponta –lidera una coalición de izquierda– algunos de los partidos políticos están tratando de remover –por una presunta falta de neutralidad política– al presidente Traian Basescu, quien desde el 2004 ejerce la primera magistratura de ese país. Al hacerlo están tratando de dejar a un lado a la Corte Constitucional y utilizan procedimientos cuestionables que han provocado la reacción de la Unión Europea, preocupada en extremo por las circunstancias del conflicto. Pese a que Ponta acaba de asegurarle al presidente de la Comisión Europea, el portugués José Manuel Barroso, que siempre se conducirá, cuidadosamente, dentro de los andariveles definidos por la ley de su país. No es fácil creerle, en función de las maniobras ya realizadas con el propósito de tratar de destituir al centrista Basescu. Esto es para convocar al referendo que tendrá lugar el próximo 29. La Corte Constitucional de Rumania, no obstante, acaba de decidir que para que el referendo sea válido por lo menos la mitad de los votantes que están registrados como tales, en un país de 20 millones de almas, debe concurrir físicamente a votar en el mismo, En medio del verano europeo, este número puede resultar difícil de alcanzar. Lo importante es que los intentos de Ponta por tratar de que la Corte quede de lado no han prosperado. La Unión Europea por esto generó un comunicado inusualmente duro en el que advierte a todos los actores rumanos que deben respetar prolijamente la ley y las normas que regulan el proceso del referendo. Si las cosas se salen de carril, un préstamo de cinco billones de dólares concedido por el FMI podría no desembolsarse. Lo que afectaría el valor de la moneda local, el “leu”, ya debilitado. En juego también está el posible ingreso de Rumania al convenio fronterizo de Schengen. Mientras todo esto sucede, hay acusaciones que sugieren que Ponta habría plagiado su tesis doctoral, que han sido desmentidas por el sospechado. Si el primer ministro no respeta las decisiones de la Justicia de su país, o no reinstala en su puesto al “ombudsman” que ha destituido, el ingreso de Rumania a Schengen peligra. Además Rumania debe hacer otras cosas. Como corregir las deficiencias del funcionamiento de su sistema judicial que, monitoreado por la Unión Europea, como también lo está el de Bulgaria, aún no ha alcanzado los estándares europeos y reducir el impacto de la corrupción generalizada en su economía. Esto debería hacerse antes de las elecciones parlamentarias que están previstas para noviembre venidero. Lo que está en juego no es poca cosa. Nada menos que asegurar que en Rumania existe Estado de derecho. Si esto no se lograra, su ingreso integral a la Unión Europea, en un proceso que comenzó en el 2009, seguramente se demoraría por un buen rato. (*) Ex embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas