El sensible encuentro de la amistad
Caetano Veloso habla del disco doble que registra su gira junto a Gilberto Gil, que acaba de editarse en la Argentina.
Entrevista
Caetano Veloso y Gilberto Gil acaban de editar en Argentina el registro discográfico “Dos amigos. Un siglo de música”, que reúne grabaciones de la gira conjunta de guitarra y voz que realizaron el año pasado por todo el mundo y que los trajo a la Argentina en septiembre.
Bahianos ambos y amigos desde comienzos de los ‘60, Caetano y Gilberto Gil no sólo dieron vida y sustento al tropicalismo, que sucedió a la bossa nova y con toques de electricidad, rock y psicodelia alcanzó resonancias planetarias, sino que ambos también tuvieron que marchar al exilio en 1969 y se convirtieron desde entonces en referencia artística y cultural del Brasil.
A propósito de la edición en Argentina del disco doble, que reúne canciones como “Sampa”, “Leoncinho”, “Terra”, “Eu vim da Bahia”, “Sao Joao Xango”, “Nossa Gente (Avisa Lá)” y “Super Homen” en registro íntimo de guitarra y voz en vivo, Caetano Veloso aceptó hablar de su relación con Gil, la música brasileña y esta experiencia, en una charla con Télam.
Pedro Fernández Mouján
– A lo largo de 50 años Gilberto Gil y usted han sostenido una fuerte amistad, arrancando en los tumultuosos años del comienzo del tropicalismo y siguiendo con el exilio que compartieron y la vuelta al Brasil; ¿cuál ha sido la base de esta relación y cuál fue el motivo por el cual decidieron encarar esta gira conjunta?
– La base de la relación fue la gran afinidad que sentimos los dos cuando nos conocimos, en Bahía, en 1963. De verdad, yo ya conocía a Gil de la televisión: él muchas veces cantaba con su guitarra en un programa local. Me impresionaba que tocara los acordes de bossa nova con naturalidad. Y me gustaba su cara. Cuando un amigo común (Roberto Santana) nos aproximó, la identificación fue inmediata y nació una amistad. El año pasado recibimos una invitación de un productor italiano para que hiciéramos una gira los dos, con nuestras guitarras. Gil me trajo el mensaje. Yo todavía estaba de gira con “Abraçaço” y casi no acepté. Pero empezamos a ensayar y todo funcionó.
– ¿Qué es lo que más aprecia usted de Gilberto Gil como músico, cuál fue su toque particular, qué novedad introdujo dentro de la música brasileña, cuáles son sus canciones preferidas de él?
– La musicalidad de Gil me impresionó desde el comienzo y sigue impresionándome hasta hoy. En el comienzo, él hacía lo que los guitarristas de la bossa nova hacían, pero después fue desarrollando una manera de tocar la guitarra que incluye su amor por las cosas rurales del nordeste brasileño, su traducción personal de aspectos de la cultura de la diáspora negra, que hace más rica la tradición de música en el Brasil.Mis canciones preferidas de Gil son “Drão”, “Meu amigo, meu heró”, “Expresso 2222”. En el concierto de ahora, lo que más me gusta es escucharlo cantar “Não tenho medo da morte”. Es la canción más nueva de las que hace y la más fuerte.
– El desprejuiciado mestizaje brasileño parece una de las marcas propias de esa cultura y uno de los elementos que el tropicalismo lleva a su máximo desarrollo e instala como irrenunciable, ¿cómo se construye esta mixtura y cómo se renueva en cada época, cuál es para ustedes el valor de esa mezcla?
– Brasil es un gigante mulato que habla portugués en el hemisferio sur. Esto sugiere experimentaciones civilizacionales, originalidades que muestren nueva luz al mundo.
Quizá no hagamos nada con esa oportunidad pero músicos como João Gilberto, Milton Nascimento, Dorival Caymmi, Dolores Duran, Noel Rosa, Bethânia, Paulinho da Viola y tantos otros muestran que quizá sí hacemos algo.
– ¿Qué envidia usted de otras músicas, de la música argentina, por ejemplo; o de la música europea, del folk estadounidense o lo puramente africano, cosas que le gustan pero son lejanas a usted como materiales para trabajar con ellos?
– Más que nada envidio al flamenco, pero la energía histórica de la canción estadounidense (y hablo tanto del folk como de Cole Porter o Nina Simone) es incomparable, como un organismo vivo.
De Argentina me gusta la disciplina del tango, su mundo particular bien trabajado por décadas. Eso pasa para el pop y el rock argentino: hay más disciplina allí que en el Brasil.
Además me gustaría poder cantar como los árabes y los indios, con diferencias menores que las de medio tono.
– En el show que dieron en el Luna Park se los vio relajados, sueltos, sin tensiones, daba la sensación de que estaban tocando en una reunión de amigos por el simple placer de estar cantando canciones, ¿Lo planearon así, se dio así?
– Se dio así. Pero no me sorprende.
– ¿Han aprendido algo en esta gira?
– Siempre se aprende. Con esta gira, aprendí sobre el pasado y sobre mi vejez.
– ¿Podría elegir músicos, músicas o momentos dentro de la historia de la música brasileña que destaque especialmente por su significación?
– Las grabaciones de Dorival Caymmi con su guitarra cantando canciones sobre el mar. Las grabaciones de Aracy de Almeida cantando las canciones de Noel Rosa.
El disco de João Gilberto “Chega de Saudade”, que inauguró la bossa nova. Nana Caymmi cantando “Medo de amar”. Paulinho da Viola cantando “Pra quê mentir?” con su padre tocando la guitarra. Djavan cantando “Curumím” con su hija. Hay mil cosas.
– ¿Otros momentos culturales o políticos?
– Hay muchas cosas: la película “Tierra en trance”, de Glauber Rocha; el movimiento por la abolición de la esclavitud, que nos enseña un modelo de actuación; el movimiento por las elecciones directas al fin de la dictadura; Marisa Monte cantando “Carinhoso” con Paulinho de Viola a la guitarra; las películas “O som ao redor”, “Boi Neon” y “Que horas ela volta?”. (Fuente Télam)
Un provocador
Autor, poeta, novelista, productor discográfico, performer y provocador innato, el bahiano Caetano Veloso es una de las figuras centrales de la música popular brasileña y del continente pero también alguien que ayudó a redefinir identidades políticas y culturales desde su aparición a mediados de la década del 60.
Amante de la bossa nova y de los cantantes populares de su país, Caetano fue uno de los creadores del tropicalismo.
Su marca fue, desde su explosiva aparición a mediados de los 60, la concepción del arte como una construcción subjetiva que habla de particularidades, herencias y presentes pero también como una forma de diálogo con el mundo, como una actitud, una rebeldía, una parada política.
Lejos de los partidos y el poder y cerca del espíritu que surgió con la revolución hippie.
Relectura de la herencia, innovación y reformulación, actitud poética y política son algunos de los paradigmas de este músico que a lo largo de las siguientes décadas dejaría discos imborrables y maravillosos y con inmensas influencias en toda una generación de cantautores argentinos.
Tropicalismo
Es una vertiente musical que retoma el concepto de antropofagia cultural esbozado en la Semana de Arte Moderna de 1922 en San Pablo y que transforma para siempre la música del Brasil, volviéndola cosmopolita, relacionándola con el rock y marcando un camino de mestizajes que desconoce los prejuicios.
Tuvo su origen a fines de los 60 alentado por un grupo de músicos entre los que estaban Tom Ze, Caetano Veloso, su hermana Maria Bethania, Gilberto Gil y Los Mutantes de Rita Lee.
Amigos por elección
Un estudiante universitario llamado Caetano Veloso comenzó a hablar un día con un compañero, un músico incipiente con un programa en la televisión. Fue un encuentro del destino que ayudó a cambiar el rostro de la música brasileña y comenzó una amistad de más de medio siglo.
Veloso dijo que quizá no se habría vuelto músico si no fuera por la influencia, y las clases de guitarra, de Gilberto Gil.
Son como hermanos y se han ayudado a aprovechar la fama desde ese encuentro en 1963 en la ciudad colonial de Salvador, reuniéndose periódicamente para componer, producir sus discos o simplemente para tocar.
Ellos suelen decir las mismas frases y también completarlas o corregir lo que va diciendo el otro.
Sin Veloso, dijo Gil, “habría sido un artista muy diferente al que me convertí’’.
“Sin él’’, dijo Veloso, “Quizá no habría hecho música’’.
Ambos encabezaron el movimiento vanguardista del tropicalismo, la revolución musical que enfrentó a la dictadura que se instauró en el país de 1964 al 85 y ayudó a afianzar el lugar privilegiado de Brasil en la música. Sus canciones con tintes políticos, de una belleza impresionante y sonidos eclécticos, mezclaban elementos de la música tradicional brasileña con el rock. También hicieron que estuvieran en prisión por dos meses y en arresto domiciliario por cuatro, y luego los exiliaron a Londres por unos tres años.
Vivieron juntos en Gran Bretaña y, por si les hacía falta cosas en común, se casaron con unas hermanas. Aunque ambos matrimonios son cosa del pasado, los dos dicen que siguen considerándose familia. Pese a esto sus carreras también han tenido momentos muy diferentes. Gil trabajó como ministro de Cultura por cinco años durante la presidencia de Luiz Inacio Lula da Silva. Veloso actuó en la película de Pedro Almodóvar “Hable con ella’’. La constante fueron los discos que no dejaron de producir.
“La amistad se trata de elegir, escoges, seleccionas’’, dijo Gil, quien ganó un Grammy en la categoría de world music en el 2005. “En nuestro caso se trata de eso, nos gusta ser amigos, elegimos ser amigos’’. (AP)
Entre la música y la política
Gilberto Gil nació el 26 de junio de 1942 en Salvador de Bahía y vivió en su infancia en la pequeña ciudad de Ituaçuy, siempre estuvo dividido entre la música y las posiciones del poder.
Para convertirse en una estrella de la canción, abandonó una prometedora carrera de administrador de empresas como funcionario de la transnacional Gessy-Lever, donde trabajaba en la década de los 60: “Gil habría sido un gerente ejemplar. Sabía tratar con la gente, formar su propio equipo y era un estratega”, recordó su exjefe, Vicente Creazzo.
Fue uno de los fundadores del tropicalismo, vivió la cárcel y el exilo durante la dictadura brasileña.
Al regresar a Brasil, se convirtió en uno de los principales difusores del “reggae” en el país, al grabar una exitosa versión en portugués de “No woman, no cry”, de Bob Marley, y luego lanzar varias obras inspiradas en el ritmo caribeño, que lo llevaron a realizar incluso una gira conjunta con Jimmy Cliff, en 1980.
También por esa época dio sus primeros pasos como activista político. Fundó la organización no gubernamental Onda Azul, destinada a defender el medioambiente en el Estado de Bahía, y en 1988 fue elegido concejal de la Cámara Municipal de Salvador.
Cuatro años después, anunció que abandonaría la política, pero en el 2003 no logró resistir a la invitación de Lula para asumir el mando del Ministerio de Cultura, que abandonó en el 2008.
Actualmente Gil parece dedicado a buscar movimientos más suaves y pacíficos, y ya no piensa comandar “revoluciones”. “A esta edad nadie cambiará radicalmente su manera de ver las cosas, que es una decantación de todo lo que fue vivido. Cada vez me libero más de mi propia historia, que pasa a valer… Más para la sociedad y menos para mi mismo”, afirmó años atrás. (DPA)