“El sesgo del ‘abuso sexual’ como chicana”
Entiendo que cuando una causa penal no ha sido probada aún mediante la totalidad del proceso no es correcto que la prensa, por el simple envío de información de una parte –parcial–, publique algo como cosa juzgada en contra de una persona imputada de un delito que siempre es “supuesto”. Si la moda de hoy se basa en “escrachar” a personas que aún no han sido asistidas en su derecho a la defensa plena y cabal, sin que esto sea considerado como delito de difamación, ¿por qué, entonces, no se arbitran medios legales para impedir este tipo de acciones que tanto dañan y estigmatizan al “supuesto” inculpado y a su familia? El caso que me preocupa es el de mi hijo, que ha sido catalogado de “depredador sexual” en al menos tres periódicos, en un perfil de Facebook personal y en un par de emisoras cuya noticia es fogoneada por el abogado querellante (el honorable Colegio de Abogados no debe estar al tanto de tan desacertado proceder). Me pregunto entonces cuál es el rol de la Justicia, cuál el del secreto de sumario y dónde está la ética profesional del abogado. Si, a pesar de los dichos difamatorios, el imputado resultara inocente, ¿cómo se reparan los daños morales provocados de antemano por el simple afán amarillista y exhibicionista de un despliegue informativo por demás malintencionado? Creo que ésa no es una buena forma de trabajar, la más decorosa ni la más acertada. No estoy en contra de la investigación judicial siempre que ésta se encuentre dentro de los carriles del debido proceso. La iatrogenia a la que estamos expuestos hoy todos los integrantes de nuestra familia se asimila a una suerte de exilio social muy difícil de desarticular. Ésta es una reflexión que hago como ciudadano que se siente profundamente discriminado por el accionar de quien no guarda el debido respeto en el despliegue de su profesión. Por último, con dolor y tristeza he leído la frase “hasta las últimas consecuencias”. Evidentemente la actitud del citado letrado no se basa en la parresia –es decir, en la “libertad de decirlo todo” y las derivaciones de su significado: “franqueza, valentía, libertad confiada”– sino que parece tratarse de la vieja ley del talión: ojo por ojo, diente por diente, donde sí se procede de forma vengativa anulando la función de la Justicia y tomando de alguna manera a ésta por mano propia. Orlando Raúl Ojeda, DNI 12.978.823 Rincón de los Sauces N de la R. Este diario se reserva el nombre del abogado mencionado en la carta.
Orlando Raúl Ojeda, DNI 12.978.823 Rincón de los Sauces