El sueño incumplido de don Felipe Sapag



Neuquén

A fines del siglo XX y desde la Secretaría del Copade se llevaban a cabo acciones tendientes a poner en práctica la teoría pensada sobre globalización y planificación.


El arquitecto Ramón Martínez Guarino, entonces secretario de Estado del Copade, sostenía que en Latinoamérica se había agotado el modelo económico intervencionista, acompañado de altísimos niveles de desocupación y pobreza.


A mediados de 1997 nació con directivas expresas del gobernador Felipe Sapag, lo que se conoce como “Neuquén 2020. Crisis y oportunidad”. Primeramente en 1995 hubo un primer documento, “Crisis y desafío”, que comenzó a ser debatido en distintos ámbitos.


“El Neuquén 2020 –escribió su autor– era una convocatoria para construir el futuro. Para construir un Neuquén con alegría, donde la gente ama, se educa, trabaja, se recrea y es solidaria en el marco de una vida democrática (…)”.


Ese proyecto tenía como eje central la producción agroforestal, ya que Neuquén tiene un millón de hectáreas aptas para ese fin y la cuenca hídrica más importante de la Argentina después de la del Río de la Plata.
El arquitecto Ramón Martínez Guarino es egresado de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República. Nació el 14 de diciembre de 1941 en paraje Sarandí de Barceo (Uruguay) y está radicado en Neuquén desde 1975. Es especialista en planificación estratégica y ordenamiento territorial. Imposible resumir su amplio currículo en tan poco espacio. Escribía en su texto también que “lo que busca el esquema es salir del viejo patrón de las regalías –sin renegar de ellas–, para ofrecer la alternativa ‘verde’”.


Uno de los datos que el Copade guarda bajo siete llaves es la relación inversión-empleo que cualquiera de estas alternativas puede poner en marcha.


El sector agrícola participa con el 36,9% del producto bruto agropecuario de la provincia pero las peras y manzanas se llevan el 95% de ese subproducto. Hoy Neuquén –decía allá en 1997– produce apenas el 10% de la verdura que consume.


“En el área Confluencia la superficie en producción destinada a la frutihorticultura es de unas 8.800 hectáreas de las cuales solo 370 se dedican a la horticultura; en la misma zona hay más de 6.000 hectáreas sin cultivar”.


Es por eso que este plan consideraba que para extender esa superficie habrá que sortear problemas de riego y salinización de suelos. “De un modelo en donde todo se centraba en el Estado debemos pasar a un modelo más sólido, con fuerte presencia de sector público, sociedad civil, empresa y universidad”. En otras palabras, el Neuquén 2020 será exitoso si articula diferentes sectores sociales, políticos y económicos, bajo la idea de que sumándose al proyecto tienen más para ganar que apostando a demandas corporativas tradicionales.


Neuquén 2.020 planteaba el perfil productivo del Neuquén cuya meta principal era transformar la provincia hidrocarburífera en una provincia agroforestal.



El Estado debe ser eficiente y eficaz. Debe incorporar unidades de gestión, es decir “equipos de trabajo reducido”, decía el famoso plan.
Se trataba de incorporar 20.000 ha con riego controlado con destino a la producción agropecuaria, principalmente frutihortícola. La ingeniería financiera estaba desarrollándose en base a los Fondos de Inversión Directa (FID).


Neuquén 2020 planteaba el perfil productivo del Neuquén cuya meta principal era transformar la provincia hidrocarburífera en una provincia agroforestal, con sus tres coordenadas complementarias: turismo, energía y minería. Sin dudas que esta planificación a largo plazo, ya habiendo llegado al 2020, no se logró.


Neuquén es, como siempre, una provincia hidrocarburífera –sostén del Estado provincial– que abastece al país y al mundo.

Beatriz Carolina Chávez
DNI 6.251.256


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