El universo musical de HUGO FATTORUSO

El gran pianista uruguayo se presenta este fin de semana. Recorrerá anteel público del Alto Valle todas sus facetas.

Por Redacción

Hoy a las 22, en La Caja Mágica de Cipolletti, y mañana en Club de Arte El Biombo de Roca, a las 21, toca por primera vez el gran pianista uruguayo Hugo Fattoruso.

El músico recorrerá en piano sus diversas facetas como instrumentista, cantante, compositor e intérprete, en un universo donde todo es posible: Los Beatles, Gardel y Rubén Rada aparecerán pincelados con sello propio.

Fundador del rock sudamericano con Los Shakers y con Opa Trío en Estados Unidos, acompañó y arregló para Milton Nascimento, Djavan, Chico Buarque, Rada, Jaime Roos y Hermeto Pascoal. Grabó y compartió escenarios con Peter Gabriel, Vernon Reid, Fito Páez, Naná Vasconcelos, Luis Salinas, Liliana Herrero, Eduardo Mateo, Laura Canoura, el dúo Larbanois-Carrero, Maria Bethânia, Toninho Horta, Airto Moreira, Flora Purim, Abraham Laboriel, Ron Carter, Litto Nebbia, Adriana Varela, Takamasa Segi y Yahiro Tomohiro.

Hugo nació en Montevideo el 29 de junio del 43 y comenzó a actuar profesionalmente a los doce años, como acordeonista y pianista en el Trío Fattoruso, junto a su padre, Antonio, y su hermano Osvaldo, fallecido el 29 de julio.

Hacia 1959 ingresó a la banda de swing y dixieland The Hot Blowers y en los años 60 formó Los Shakers, que difundió rock de influencia británica en América Latina, junto a Osvaldo, también en voz y guitarra; el bajista Pelín Capobianco y Carlos Villa en batería. En el 69 ambos hermanos se radicaron en Estados Unidos y formaron Opa con Ringo Thielmann, uno de los primeros ensambles en fusionar rock, jazz y ritmos afroamericanos como el candombe, en algunos de cuyos discos participó el Negro Rada. Volvieron a Uruguay en 1981 y formaron Barcarola con Pippo Spera, Eduardo Márquez, Susana Bosch y su en ese entonces esposa, María de Fátima.

Posteriormente, y ante la falta de trabajo en su tierra natal, Hugo se radicó en Brasil, donde trabajó principalmente con Milton Nascimento, con quien registró varios álbumes; “Nascimento” ganó el Grammy 97. En el 2000 renació el Trío Fattoruso, ahora con Francisco, su hijo, como bajista. Su pasión candombera lo llevó a armar Rey Tambor, con Diego Paredes (tambor piano), Fernandito Núñez (chico) y Nicolás Peluffo (repique). En el 2011 participó como compositor musical y actor en la película “Sueños y pesadillas”, de Roberto Aguerre, y antes había colaborado en “El Chevrolé” (1999). Acaba de publicar un nuevo material discográfico de piano solo, sucesor de “Ciencia fictiona”, titulado “Café y bar: ciencia fictiona”, grabado en Buenos Aires, en el estudio de Lito Vitale.

Cada vez que Hugo retorna a Buenos Aires se toma su tiempo para andar, solo, acompañado, como sea.

“Lo grandioso de esta ciudad es que ya en las construcciones viejas se puede ver cómo se vivía antes, cómo era la sociedad en la época, en los años del blanco y negro… en la década tanguera del 30. A mí me encanta el tango. Así que en la arquitectura se ven las influencias culturales, pienso, los ingenieros que delinearon su traza, los que arbolaron sus anchas avenidas, los edificios, los yesos, las mamposterías, las entradas, las puertas, las escaleras de mármol blanco, el hierro forjado… Observo todo eso y me fascina, me hipnotiza. Yo soy amante del tango que es bonaerense, porteño, así que cuando camino lo respiro, aunque esté sonando una cumbia. No sé, no me importa. Me encantan la diversidad y el dinamismo de esta ciudad. Quedo embriagado”, le dice a “Río Negro”.

–Musicalmente, ¿lo influye?

–No sé en lo musical, pero en la parte de la sensibilidad sí. Me deja todavía más vulnerable, más sensible. Vimos… Estuve caminado un poquito con mi divina por San Telmo y simplemente había una pareja bailando tangos y milongas. Puede que uno se encuentre con algo para turistas, for export, o con esta gente que tenía un talento increíble y una gracia. Además estaban tocando temas que elegían para bailar, de Osvaldo Pugliese… Hubo una milonga que ya había empezado cuando llegamos, ignoro de qué época sería, pero sonaba tan impresionante que me puse a lagrimear, digamos. Entonces, le dije a mi novia (Albana Barrocas, excepcional percusionista, baterista): “Vámonos porque si me quedo acá me voy a largar a llorar en el próximo tango”. O sea, no sé si influye en mi música, pero en mi sensibilidad me exprime. ¡Es verdad! Yo amo lo que me encuentro, lo que sale a mi paso –está mal dicho– mientras voy avanzando a través del almanaque, de los relojes, de los aeropuertos, un teatro, el boliche, lo que sea. Amo lo que pasa conmigo aquí en Argentina. Me reciben como a un hermano, un hijo, como a un primo o un sobrino, o como a un…

–…viejo amigo…

–Me acogen de esta manera tan espectacular y cada vez que cruzo a tocar soy la misma persona pero feliz. Ésa es la palabra. No muda nada y muda todo. Hay una cuestión ultrafamiliar entre argentinos y uruguayos, entre las dos orillas del río (de la Plata).

–Le toca ahora estar en Río Negro. ¿Qué imágenes le aparecen, supone?

–Hay dos cosas que priman: primero el desafío y segundo, la oportunidad de que quien armó esta gira, Javier, es hijo de Pablo Celoria de Neuquén, un gran promotor, una persona que a nosotros (junto a su hermano Osvaldo) también nos llevó aunque no me quiero poner a la altura de la gente que él ha convocado, músicos de primerísimo nivel. De cualquier manera, somos también amigos con Javier. Es muy simple: yo voy a llegar a Neuquén y voy a estar tocando en Cipolletti y Roca, ¡ah!, mis emociones. Poder compartir eso no tiene precio. Estoy preparándome para grabar mi tercer disco de piano solo, entonces parte del repertorio será de él. Temas que el 10 y 11 de diciembre estaré grabando en el estudio Circo Beat de Fito Páez. Él y Alejandro Avalis me cedieron dos días, así, de amigos. Me dijeron: “Hugo, vení, tenés dos días para vos”. El piano que estaba en el estudio, con el que toqué en “Ciencia fictiona”, es de Fito y ahora anda por ahí de gira. Le pregunté cómo hacer. Y Cecilia Sibert, de Bluthner Pianos, nos presta uno de cola entera. Así que estoy recontra feliz, de verdad.

–Sin duda son retornos relacionados, además, con todo lo que por aquí ha sembrado su música, la de su hermano, desde Los Shakers hasta hoy…

–Bueno… soy alguien muy agradecido en cuanto a lo que le acabo de contar, porque es así y es la verdad. Me tratan así, me va así. Yo soy la misma persona, no sé. Más abierto, imposible. Soy un libro de dos páginas: en cinco minutos, chau, se terminó de leer. No hay misterio, ¿entiende?

Eduardo Rouillet

En Cipolletti y Roca con “Piano Forever”


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