El valor de las estadísticas

Por Redacción

ALEARDO F. LARÍA aleardolaria@rionegro.com.ar

Datos tan relevantes como las tasas de pobreza e indigencia no han sido publicados por el gobierno. La explicación es sencilla, pero bochornosa. Según la opinión de los expertos, las tasas de pobreza y de indigencia son muy superiores a las que viene proclamando el Indec a base de utilizar precios totalmente desactualizados. Desde que el matrimonio de Néstor y Cristina Kirchner se hizo con el poder, Argentina convive con estadísticas que no son confiables. La tasa de indigencia refleja la proporción de la población con ingresos menores a la canasta básica alimentaria y la de pobreza mide la proporción de la población cuyos ingresos no son suficientes para adquirir la canasta básica total. Según el experto Víctor Becker, si atendemos a las estadísticas oficiales, una persona podía alimentarse durante un mes con 254 pesos, pero si a esa canasta básica alimentaria se le aplicaran los valores del programa Precios Cuidados ascendería a 606 pesos, un 138% superior al dato del Indec. El valor de la canasta básica total era de 577 pesos para el Indec en diciembre, pero utilizando como base el valor del programa mencionado alcanza los 1.377 pesos. Esta corrección de las estadísticas oficiales ubicaría las cifras de la indigencia y la pobreza en valores cercanos a los calculados por el Observatorio de la Deuda Social Argentina: 5,5% para la indigencia y 27,5% para la pobreza, guarismos cercanos a los suministrados por el Indec en el 2006, antes de su intervención. El contraste es fuerte, puesto que para el gobierno la pobreza alcanza al 5,4% de la población de las principales ciudades del país y la indigencia sólo al 1,5%. Como señala Daniel Innerarity (“La democracia del conocimiento”, Editorial Paidós), el problema fundamental de la nueva sociedad del conocimiento es que nos hace cada vez más ignorantes. Aumenta el contraste entre lo que sabemos y lo que podríamos o deberíamos saber. El progreso de la ciencia hace más difícil la comprensión del mundo, dado que aumenta la complejidad. Por otro lado, si bien el saber de la humanidad se duplica cada cinco años, disminuye el saber disponible al alcance de todas las personas, de modo que cada vez somos menos sabios. Estas circunstancias otorgan enorme relevancia a los procedimientos de observación estadística, que permiten obtener las informaciones que una vez convenientemente procesadas se transforman en conocimiento. Ese conocimiento permite hacer comparaciones, establecer conexiones y sacar conclusiones más ajustadas a la realidad. El conocimiento se ha convertido en un elemento importante para la legitimación de las decisiones políticas, que demandan un elevado grado de reflexividad sobre las consecuencias de las acciones adoptadas. Si bien la democratización del conocimiento supone la existencia de procesos colectivos de reflexión, donde las diversas perspectivas deben ser analizadas sin otorgar excesiva preeminencia a la autoridad de los científicos, existe sin embargo una base común que es la información obtenida por métodos objetivos y rigurosos. Si el saber es un asunto que compete a todos, no sólo a los científicos, y los ciudadanos tienen derecho a expresar su opinión, situados en el mismo nivel de legitimidad que aquéllos, en donde no puede existir engaño es en el suministro de la información responsable. Es inconcebible en el mundo moderno que se suministre información estadística falsa de un modo preconcebido. Sin una base informativa seria, carece de sentido cualquier debate sobre las políticas que se implementan para abordar los problemas más sensibles para la sociedad. Si la democracia moderna apunta a una cierta coordinación horizontal entre los agentes políticos y los privados, la base de esta cooperación tiene que estar dada por la confianza recíproca. La reputación de un gobierno es algo más que una cuestión vinculada con el plano de la ética o la moral.