El virus más grande

Por Dario Tropeano*
El pánico avanza por todos los rincones de Occidente (China ha dado un ejemplo de disciplina social y política controlando el aumento del Covid-19) y aumentan los informes e investigaciones respecto de que el virus habría sido introducido al país asiático (en la prestigiosa revista Science del 26/1/20 , Daniel Lucey, infectólogo de la Universidad de Georgetown). Las variedades de virus en Irán e Italia son diferentes entre sí, y nada iguales a las de China, lo cual acentúa aquella percepción. Una investigación de la bióloga evolutiva Kristian Andersen del Instituto de Investigación Scripps, sugiere que los 27 genomas del Covid-2019 tenían un antepasado común (virological.org).
El 19 de octubre del 2019 el centro John Hopkins de Baltimore, de los EE. UU. organizó un encuentro (evento 201) sobre una simulación de epidemia de coronavirus, que arrojaría 65 millones de muertos. Dicho evento fue patrocinado por el Foro de Davos, la Fundación Bill Gates, grandes bancos, laboratorios, y preveía en la simulación una caída del 15% en los mercados financieros por efecto de aquél. El 31 de diciembre aparecieron los primeros casos de coronavirus en la provincia de Hubei , China .
La caída del 15% en los mercados financieros previstos en aquel encuentro, por cierto ha sido mayor ( ya supera el 35% ), el petróleo y prácticamente todas las materias primas se han derrumbado en sus cotizaciones, industrias completas se hallan paralizadas (aviación, turismo, manufacturas ) y los eventos de insolvencia de empresas avanzan rápidamente en Europa y los EE. UU. Todo el fenómeno ha sido precedido de un artificial y descomunal aumento de los precios de los valores financieros (en las bolsas duropeas y de los EE. UU.) bajo el lema de los grandes medios de comunicación del “crecimiento récord” en el país de Donald Trump. Los mercados financieros, por cierto, estaban artificialmente manipulados, la emisión masiva de dinero sin respaldo por parte de la Reserva Federal de los EE. UU. y el Banco Central Europeo, prestando a tasas que no superaban el 1% anual (regalando dinero público), justificó el escenario. Pregunta: ¿Quién recibe aún hoy ese dinero? Pues grandes bancos internacionales -la mayoría técnicamente quebrados-, fondos de inversión, y algunas empresas zombies, que no tienen siquiera flujo financiero para pagar los intereses de sus deudas.
Los estudiantes norteamericanos tienen una deuda acumulada de más de 2 billones de dólares (la educación superior es paga), y la deuda publica supera actualmente los 27 billones de dólares , con un déficit anual que llega al billón.
La deuda privada es profunda en China desde hace años y en Europa la economía está literalmente “muerta” desde la crisis del año 2008 , acumulando deuda los Estados soberanos que resulta absolutamente impagable, aunque se imponen tasas de interés negativas a los ahorristas que depositan en los bancos (fenómeno que se extiende en el mundo) .
En el año 2014, en un Congreso en Italia, advertí frente a un auditorio de calificados expertos europeos que resultaba inútil afrontar su deuda pública, que serían impagables y que ello lo único que ocasionaría era más depresión económica. Las miradas incrédulas a los dichos de un latinoamericano eran evidentes; y el resultado de un crecimiento que no supera el 1,8% de promedio anual en toda Europa en 5 años también, contando incluso el empuje pasado de Alemania.
Las soluciones que nos proponen la Reserva Federal de los EE. UU. (el banco central privado de aquel país ) y el Banco Central Europeo frente a la actual crisis sistémica en marcha es más de lo mismo: ¡A emitir que se acaba el mundo..! A bajar las tasas de interés más aún (ya casi son negativas contra la inflación). ¿Para salvar a quien? A los consumidores, a las industrias, claramente no. La economía real ha sido desplazada por la especulación financiera, ha superado en 130 veces a la economía física, la que opera con dinero real.
Ya en el año 2017 el FMI (informe de Perspectivas Económicas Mundiales, mes de abril) advertía que los salarios no crecían desde finales de la década de 1970, atribuyendo el fenómeno a la tecnología y a la globalización. Simultáneamente, la concentración del ingreso aumentaba ferozmente, hasta desembocar hoy en que el 1% de la población acumula el 82% de la riqueza global (Oxfam, informe 2018) o mejor dicho: 8 millones de personas tienen más dinero que la mitad de la población del mundo, digamos más que 3.900 millones de personas .
La deuda invade los principales puntos del planeta: corporaciones, Estados, familias; ella ha sido la fuente de sostén de la globalización y más precisamente la escuela económica que suele denominarse “neoliberalismo”. No estamos frente a “un cisne negro” como afirman los grandes medios financieros, un evento extraordinario que modifica repentinamente el statu quo (la situación la advertimos en el año 2014 en estas páginas: “¿Cisne negro a la vista?” 29/10/14) .
Este virus es mucho peor: ha matado ya millones de personas (de hambre, con guerras sintácticas fabricadas, destruyendo empleos, impulsando el negocio de la drogas como fenómeno financiero y bancario), y necesariamente debe detenerse por la preservación de la humanidad.
*Abogado. Docente de la facultad de Economía de la UNCo.