“Elecciones: el amor al poder o el poder al amor”

Redacción

Por Redacción

Desde el crimen que execró a Caín hasta este devaluado presente, el poder fascinó a tantas personas como brutales conflictos, genocidios, intrigas e inconfesables artimañas se perpetuaron por su posesión. Entre lo más obsceno, a cualquier precio, además de gobernar la ley, ¡retenerlo para siempre! Dado lo mortífero que para el ideal republicano representa este desvarío propio de los bajos fondos del alma, Simón Bolívar, en su célebre discurso del Congreso de la Angostura del año 1819 advertía lo siguiente: “Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder. El pueblo se acostumbrará a obedecerlo y él a mandarlo; de donde se originan la usurpación y la tiranía”. Por lo que se ve, no fueron pocos los argentinos que por ignorancia, fanatismo militante o mala fe desecharon el sensato consejo del prócer americano, ya que los gobernantes que por lo general gustan elegir, además de ingeniárselas para de ninguna manera dejar el poder, también hacen lo propio para que la Justicia jamás los alcance por sus fechorías. Si bien estos ciudadanos tienen todo el derecho del mundo de emitir el sufragio de su preferencia, también lo es que no tienen por qué perjudicar al prójimo pasándole la factura por las indeseables secuelas de su mala elección complicándolo en extremo con cortes de rutas, piquetes y turbulentas convulsiones sociales. Si el poder tal como se ejerce deja más dudas que certezas, es obvio que es un falso poder. Entonces… ¿cuál es el verdadero? La respuesta es una sola: “Cuando el poder del amor sea más grande que el amor al poder, el mundo conocerá la paz”. Hugo César Navarro, DNI 7.946.311 Neuquén

Hugo César Navarro, DNI 7.946.311 Neuquén


Desde el crimen que execró a Caín hasta este devaluado presente, el poder fascinó a tantas personas como brutales conflictos, genocidios, intrigas e inconfesables artimañas se perpetuaron por su posesión. Entre lo más obsceno, a cualquier precio, además de gobernar la ley, ¡retenerlo para siempre! Dado lo mortífero que para el ideal republicano representa este desvarío propio de los bajos fondos del alma, Simón Bolívar, en su célebre discurso del Congreso de la Angostura del año 1819 advertía lo siguiente: “Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder. El pueblo se acostumbrará a obedecerlo y él a mandarlo; de donde se originan la usurpación y la tiranía”. Por lo que se ve, no fueron pocos los argentinos que por ignorancia, fanatismo militante o mala fe desecharon el sensato consejo del prócer americano, ya que los gobernantes que por lo general gustan elegir, además de ingeniárselas para de ninguna manera dejar el poder, también hacen lo propio para que la Justicia jamás los alcance por sus fechorías. Si bien estos ciudadanos tienen todo el derecho del mundo de emitir el sufragio de su preferencia, también lo es que no tienen por qué perjudicar al prójimo pasándole la factura por las indeseables secuelas de su mala elección complicándolo en extremo con cortes de rutas, piquetes y turbulentas convulsiones sociales. Si el poder tal como se ejerce deja más dudas que certezas, es obvio que es un falso poder. Entonces... ¿cuál es el verdadero? La respuesta es una sola: “Cuando el poder del amor sea más grande que el amor al poder, el mundo conocerá la paz”. Hugo César Navarro, DNI 7.946.311 Neuquén

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