Siri Hustvedt: “No me interesa ser complaciente”

Siri Hustvedt habla de su nuevo libro, “Madres, padres y demás”, pero también de las huellas que dejó la pandemia, del derecho al aborto y de la enorme importancia de leer distintos tipos de libros, para salvarnos del peligro de la voz única.





Con una mirada caleidoscópica que combina el arte, la literatura y la política, pero también la neurociencia y el psicoanálisis, la novelista e intelectual estadounidense Siri Hustvedt (Minnesota, 1955) confiesa que le llevó décadas librarse de la misoginia y la condescendencia, y enaltece a los lectores que en la rutina intimista con el libro fabrican un antídoto contra un mal de época, “el peligro de que resuene una única voz”.


A los 67 años y por teléfono desde España, a donde viajó para acompañar a su marido desde hace cuarenta años, el escritor Paul Auster quien fue distinguido con el título de doctor honoris causa de la Universidad Autónoma de Madrid, la ganadora del premio Princesa de Asturias 2019 dialogó sobre la relación con su madre, las marcas que la pandemia de coronavirus imprimió en su vida, y algunos de los temas que aborda en su nuevo libro de ensayos, “Madres, padres y demás” (Seix Barral).

P – ¿Cómo se siente al retomar la rutina después de la pandemia? ¿Extrañaba las presentaciones y las ferias internacionales?
R –
En realidad, creo que la pandemia aún no se terminó y no sé bien a dónde vamos, es difícil predecirlo. Estuve en Dinamarca por dos días para cumplir con un compromiso que había agendado en 2020 y del que tuve que bajarme por la irrupción de la pandemia. Y no vi ni un barbijo, en todo el viaje. En Nueva York, todavía algunos lo usan: tenemos otra variante de Omicron. En España lo usan en algunos lados y en otros no. A simple vista, las cosas parecen algo más normalizadas y sí, es muy placentero haber vuelto a vivir en una ciudad como Nueva York y poder viajar a Europa. Espero que no haya más cuarentenas pero no creo que podamos predecir exactamente a dónde vamos. Entonces, mi sensación es ambivalente: estoy encantada de estar acá y, a la vez, tengo esta incertidumbre sobre el futuro.

En “Madres, padres y demás”, la autora de novelas como “Todo cuanto amé” o “El verano sin hombres” indaga en lo autobiográfico sin el gesto facilista de pensar que en el relato del yo se cifra la clave de una época. “Quedé embarazada después de defender mi doctorado en Literatura Inglesa en Columbia. Mi experiencia con mi hija es personal, no pretendo representar la maternidad universal. Ese es el quid de la cuestión. La maternidad se ha ahogado y se ahoga en barbaridades sentimentales con tantas reglas punitivas sobre cómo actuar y qué sentir que sigue siendo una camisa de fuerza cultural incluso hoy”, define la autora en lo que considera “una metáfora muy meditada” porque “la crianza sacrificada es el arma moral que golpea a las madres por dentro en forma de vergüenza o culpa”.

P – Dedica uno de los ensayos de su último libro a recuperar la historia de vida de su madre y allí cuenta que cuando era adolescente estuvo nueve días presa durante la ocupación nazi de Noruega. La forma en la que ella rehizo su vida después de eso y cómo lo contaba le ha parecido una de las primeras muestras de una resiliencia que puso a pruebas muchas veces en 97 años. ¿Cómo marcó esa resiliencia su propia vida?
R –
De chica me parecía una gran cosa poder contar que mi madre había estado presa porque la pintaba como muy valiente ante los nazis. Pero en realidad, ella siempre enfatizaba que habían sido solo nueve días y lo consideraba como una vieja aventura de los dieciocho. Sabía que había personas secuestradas que después eran llevadas a campos de concentración. En Noruega había pocos judíos, fueron impiadosos con ellos, los masacraron. Por otra parte, mi madre conocía a una familia asesinada y también a noruegos que habían estado en la clandestinidad y que habían sido llevado a campos de trabajo forzoso. Entonces, creo que en realidad nunca tomó esos nuevos días más que como una experiencia significante para su corta vida, pero los hizo sin victimizarse porque había víctimas reales y muy cerca.

«Es terriblemente importante leer distintos tipos de libros. (…) La lectura nos salva del peligro de que resuene una única voz» – Siri Husvedt, escritora, autora de “Madres, padres y demás”.


P – “No hagas nada que realmente no quieras hacer”, solía decirle ella y, desde su infancia, esa frase resonó en su vida como un mantra. Como escritora, pero también en un sentido más amplio, como mujer ¿Qué cosas no quiere hacer Siri Hustvedt hoy?
R –
Descubrí que no quiero hacer sentir bien a las personas ni adaptarme cuando siento que hay algo mal. Con la edad me hice fuerte y ya no me interesa ser complaciente ni adaptarme a nada. He logrado mejorar en eso de hacerme escuchar, de sacar afuera mi voz. Si noto condescendencia, misoginia o crueldad hacia mí o hacia alguien a quien quiero simplemente respondo. Me di cuenta de que eso es clave.

P – En los ensayos de “Madres, padres y demás” reflexiona sobre la maternidad, la crianza, el feminismo y la misoginia. El derecho al aborto está siendo cuestionado hoy en Estados Unidos. ¿Es un retroceso?
R –
Sí, asistimos a un retroceso y los derechos de las mujeres están amenazados. La supremacía blanca, masculina y autoritaria ganó mucho espacio en mi país, en los diferentes estamentos del gobierno y también en la cultura política. La creciente diversidad en los Estados Unidos y la aparición de una generación de mujeres negras en posiciones de poder representa un enorme desafío para esos sectores autoritarios de mi país que buscan un retroceso en materia de derechos. Además, están muy bien organizados. Los movimientos antiaborto llevan décadas trabajando, aún cuando la mayoría de los norteamericanos quiere dejar Roe vs. Wade -la sentencia judicial de 1973, por el cual la Corte Suprema dictaminó que la Constitución de Estados Unidos protege la libertad de una mujer embarazada para elegir abortar sin excesivas restricciones- de forma muy similar a como la conocemos.

P – Escribió sobre frases que la marcaron a lo largo de su vida y que resuenan en el tiempo. Los llama “tatuajes cerebrales”. Como cuando un periodista después de leer su primera novela aseguró que “Paul Auster la escribió”. ¿Cuál es su último “tatuaje cerebral”?
R –
No me hice ninguno últimamente, creo que lo superé. Pero como hablábamos antes, la pandemia nos cambió y tal vez “Estamos en cuarentena”, sea el último, una suerte de marca.

Durante aquellos días de aislamiento más cerrado, recuerdo haber escuchado a una mujer negra, que era música y que vivía de gira con su banda, decir que el encierro la había protegido de todas las amenazas y cuestiones que enfrenta una mujer negra que está de gira. Y es cierto, yo lo he experimentado en otro nivel. Cuando estás en casa, encerrada, escribiendo junto a tu marido y viendo solo a tus familiares más cercanos, estás lejos de todas esas cosas que en el día a día enfrentamos.


P – El domingo fue el día del padre y entonces asistimos a todo tipo de comentarios y frases hechas o estereotipadas sobre la figura paterna. ¿Cómo cambió la paternidad en estos años?
R –
Ahora que soy grande veo todo muy diferente. Crecí en los sesenta en Minnesota y por entonces era impensado ver un padre empujando un cochecito, hubiera sido muy femenino, desmasculinizante. Eso cambió dramáticamente: llevan los cochecitos, van a las plazas, los cuidan y se ocupan de ellos. Pero lo que no ha cambiado es lo siguiente: es muy raro que un hombre heterosexual se identifique, en primera instancia como padre. En cambio, muchas mujeres se etiquetan como madres aún cuando tienen una carrera profesional. ¿Qué quiere decir esto? Que para la gran mayoría de los hombres paternar es una actividad secundaria, que el trabajo identitario es el otro.

P – Al abordar el rol que la lectura jugó en su vida, da una definición que en esta época podría ser considerada polémica: “No somos lo que comemos, somos lo que leemos”. ¿De qué está hecha usted?
R –
Esa frasecita es graciosa pero es real. Lo que leemos se acumula y lo que comemos, no. ¡Sale del cuerpo en forma de deshecho! A veces no recordamos exactamente las frases, las palabras o las tramas de los libros, pero hay un efecto en la acumulación de las lecturas. Y creo que, en función de eso, es terriblemente importante leer distintos tipos de libros, géneros y autores para que nos inunden esas voces, habilitar una discusión en nuestro interior. Una de las grandes ventajas de leer es que uno incorpora en su psiquis muchas perspectivas para poder seguir leyendo y escribiendo con ellas. La lectura nos salva del peligro de que resuene una única voz.

Por Ana Clara Pérez Cotten (Télam).-


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