En la ruta, con la Filarmónica de Río Negro

La orquesta dirigida por Martín Fraile recorre la región y provincias vecinas divulgando la música de cámara. En esta entrevista con “Río Negro”, el cipoleño cuenta cómo se desarrolló este proyecto iniciado en 2014 y lo que viene para el resto del año.

Diez giras en seis meses, 55 personas compartiendo melodías y ritmos, viajando por todo el territorio rionegrino para acercar la música, su música, a la gente. Ensayar, irse, llegar y tocar. Así es la vida de Martín Fraile al mando de la Orquesta Filarmónica de Río Negro, que hace más de cinco años viene creciendo y conformando un legado que permanecerá para las generaciones futuras. Un fuerte trabajo con la cultura junto a la comunidad, directo al corazón, como el sonido de las cuerdas de un violín en el ritmo cardíaco de quien escucha su canción, o de un niño que por primera comprende la vibración de una trompeta.

Martín es, sin dudas, uno de los hijos pródigos de Cipolletti. Formado en las más prestigiosas academias, tras recorrer el mundo tocando en festivales y participando en los mejores ensambles, hace varios años decidió volver a la región, y parece que acá pudo hacer pie. Desde 2014, cuando fundó este proyecto, se mantiene en una constante expansión.

“Fue un trimestre muy especial”, dice, cansado y emocionado a la vez. Se trata del año que más actividad registró el ensamble desde su creación.

“Finalizamos la décima gira que nos llevó por toda la provincia, y estuvimos como orquesta invitada residente en el Festival del Fin del Mundo”. Además de esta provincia, la orquesta se presentó en Chubut, y ya están invitados para tocar en El Calafate. ”Está en los planes ir a La Pampa”, agrega Martín sin darle descanso a sus palabras.

Lo que pasó, lo que viene


En el Festival del Fin del Mundo se codearon con las grandes orquestas internacionales, y tuvieron el privilegio de interpretar el Concierto para piano Número 1 de Tchaikovsky, junto a la talentosa Svetlana Smolina. Hay tanto para contar que Martín parece entender que no habrá tiempo. Es que este evento alcanzó 15 años de sucederse en forma ininterrumpida, pero hacía tres años permanecía suspendido. Se sabe que los regresos siempre tienen ese toque especial.

Esta primera mitad del año además, fue testigo del lanzamiento del Festival Internacional de Música de Bariloche (Fimba), con Martín como director artístico. Allí, además de la Filarmónica, una de las principales funciones fue la reconocida Orquesta de Instrumentos Autóctonos y Nuevas Tecnologías de la Universidad Nacional Tres del Febrero.

“Fue impresionante la respuesta de la gente”, dice casi sin respirar. “Tres programas, nueve noches seguidas con distintos espectáculos y localidades agotadas”, festejó mientras se quedaba sin aliento para seguir contando.

El año que viene “habrá mucha sorpresa”, arengó al referirse a la manifestación de diferentes lenguajes. “Música clásica, tango, jazz y música contemporánea”, enumeró.

La orquesta como extensión

Para esta segunda mitad del año, Martín Fraile explicó que se viene desarrollando la “mirada que plantea la nueva gestión de Arabela (Carreras)”, adelantó. “Buscamos que la Filarmónica se proyecte a nivel nacional e internacional”, aclara. Pero sin descuidar “lo local”, dijo para completar.

“Estamos brindando talleres didácticos para adultos mayores”, comentó. Se trata de actividades de extensión que buscan ligar la cuestión educativa con el turismo, la tecnología, el desarrollo social y todo atravesado por la cultura. “La Filarmónica como actor que trasciende el arte y la música”, graficó. También hicieron una presentación didáctica para niños, en Cipolletti.

Radiografía de un artista

Martín Fraile, a la cabeza de la filarmónica.

Martín Fraile nació en Buenos Aires, pero de pequeño se vino a vivir a Cipolletti. “Si me preguntan, yo digo que soy cipoleño”, confiesa bromeando pero en serio. Con una juventud enclavada en el barrio San Pablo, cursó la primaria en la escuela 53 y la secundaria en el CEM 17. Antes de eso ya tomaba clases particulares de violín y participaba en la Orquesta Municipal de Neuquén. No todo fue arte, y tuvo su paso por los clubes San Pablo y Marabunta. “En un momento, el que era el director de la orquesta de Neuquén en aquel entonces me dijo que tenía que elegir: el deporte o la música”, dijo con algo de nostalgia. “Me rompía las manos”, argumentó y respondió tajante: “pasaron algunos años, pero al final elegí la música”.


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