En línea pero sin PASO
Weretilneck abandona la idea de una compulsa para definir candidatos. Pichetto y Soria, aun con matices, rearman el Frente para la Victoria.
DE DOMINGO A DOMINGO
La democracia es buena sólo si gano yo. Eso parece sugerir la actitud del gobernador Alberto Weretilneck, quien hace unos meses impulsó con acuerdo de ministros la ley para implementar las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, pero ahora se manifiesta contrario a implementarlas en la práctica. Esa iniciativa fue aprobada por unanimidad en la Legislatura. Pero, aun así, el gobernador ha mandado a su ministro de Gobierno, Luis Di Giacomo, a decir que no las hará porque «hace falta capacitación».
¿Qué sucedió en el medio?
El Frente para la Victoria estalló, por el movimiento conjunto del gobernador -que saltó fuera de esa estructura- y de los socios principales -el Partido Justicialista y el Frente Grande- que tomaron distancia de Weretilneck.
Una elección primaria -la palabra fue tomada de la cultura política norteamericana- es lo que hasta hace pocos años llamábamos en el país interna abierta.
En esa instancia todos los ciudadanos pueden votar, aun sin ser afiliados, para definir los candidatos que los partidos llevarán a la elección general.
Son en la práctica una encuesta ciudadana amplia, que busca impedir que un acuerdo de cúpulas defina las candidaturas de los partidos tradicionales.
Su realización simultánea obedece a que, si bien cualquier ciudadano puede votar, nadie podría hacerlo impulsando para un mismo cargo a candidatos de partidos distintos.
Su consecuencia es que los partidos lean la opinión ciudadana y, con ella, cierren alianzas, acomoden su propuesta de gobierno o combinen en sus listas a los representantes más votados de los distintos sectores internos. En fin, rearmarse antes de la elección definitoria.
Ahora, expulsado del Frente Grande y repudiado por la conducción del Partido Justicialista, Weretilneck no tiene estructura para acudir a las PASO ni, por lo tanto, adversarios internos para competir por un espacio inexistente. Tampoco la tiene para acudir a las elecciones generales, pero para eso falta todavía tiempo. Todo el tiempo que desee. Él debe convocar.
Por ahora, sus allegados afirman que esperará hasta que se resuelva la crisis de la fruticultura.
A pesar de su distanciamiento con Nación, espera que desde allí llegue la propuesta salvadora: los cinco puntos que empresas del sector acordaron días atrás con el ministro Carlos Casamiquela podrían -si supera el «filtro Kicillof»- ser anunciados esta semana por la presidenta.
Tejido difícil
El trabajo de consolidación del peronismo rionegrino comenzó, pero no está terminado. Lo sabe bien el senador Miguel Pichetto, algo más tranquilo después de la reunión que mantuvo con Martín Soria ante el armador de estrategias partidarias, Juan Carlos Mazzón.
Otra vez se muestran juntos, se dicen unidos. Pero la personalidad díscola de Martín Soria le impide descansar en certezas.
El año electoral ya comenzó, hay mucho camino que desbrozar. Pero un puñado de hechos se da por cierto hoy en el Frente para la Victoria rionegrino.
• Habrá Congreso partidario, con respaldo nacional representado por el presidente del Consejo Nacional, Eduardo Fellner, Mazzón o el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich.
• Será la segunda quincena de febrero en Bariloche o El Bolsón. Si es necesario, habrá seguridad proporcionada por fuerzas nacionales para impedir que, como días atrás en Viedma, peronistas que adhieren al gobierno de Alberto Weretilneck amenacen con convertir el encuentro partidario en un escenario de violencia.
• La propuesta de Mazzón de que Pichetto sea candidato a gobernar para los próximos cuatro años y que Martín Soria lo respalde, a cambio de un acuerdo de reciprocidad futura, fue aceptada. «Te toca apoyar en ésta, Martín. Trabajen juntos, que así el PJ es ganador en Río Negro», dicen que dijo Mazzón. «Voy a respaldarlo después de la Fiesta de la Manzana», aseguran que respondió Soria.
• El roquense adelantó que se pondrá al frente de la Liga de Intendentes, y Pichetto lee esa afirmación entre líneas. Piensa que él ha hecho más que el roquense para tejer lealtades en los jefes comunales del Frente para la Victoria. En todo caso, es una cuestión cosmética. Lo que verdaderamente cuenta es cómo Pichetto y Soria evitarán la presión que ejercerán los millones de pesos en obras que ofrece Weretilneck en las ciudades, condicionados a su personal aprobación.
Así están las cosas. Las reglas del juego electoral las dicta Weretilneck y esto obliga al PJ a desgastarse entre un abanico de posibilidades: si no hay PASO, convocarán a elecciones internas para definir listas de candidatos a legisladores y, donde haga falta, a intendentes.
Antes de eso, Soria tendrá que definir con claridad sus planes. Todo indica que irá por la reelección como intendente de Roca, pero su resistencia a expresarlo buscaría mantenerse como referente provincial. Y tiene sobre ascuas al senador.
En los últimos días, Pichetto ha resuelto echarse a andar. No es poco para quien -como quedó demostrado esta semana- se ve tantas veces compelido a priorizar su lealtad con la presidenta a sus conveniencias como precandidato por su provincia. Si bien todo el PJ nacional pagó el costo político de respaldar la confusa posición presidencial tras la muerte del fiscal de la causa AMIA, Alberto Nisman, Pichetto volvió a asumir la exposición personal de hacer suya la teoría del complot.
Su decisión de poner proa a su candidatura se evidenció en que ya habla de quién lo acompañaría en la fórmula. Si bien deja la decisión final a Soria, volvió a nombrar a la legisladora Ana Piccinini, la exdirigente radical que -como defensora del Pueblo durante la gestión de Miguel Saiz- desnudó la red de desmanejo administrativo y político del fin de ciclo.
Compartió esa tarea con Martín Soria, entonces legislador provincial, lo que los convirtió en aliados hasta su pase al FpV como extrapartidaria.
Pichetto la promovía como vice ya en el 2011, pero Carlos Soria prefirió a Weretilneck. Desde entonces, la reginense lideró junto con Ariel Rivero el área crítica al gobierno provincial. El continuo desgaste la llevó a constituirse en un virtual bloque unipersonal. Hasta allí fue a buscarla el Pro, para tentarla con participar en el armado en Río Negro.
Por lo pronto, Soria y Pichetto seguirán mostrándose juntos mientras, por lo bajo, compiten por quién tiene más pergaminos, más amigos en Nación o un número mayor de acciones que mostrar. La Fiesta de la Manzana los verá en ese juego, al que han invitado al precandidato presidencial Daniel Scioli.
En lo partidario, todavía no resuelven qué hacer con los albertistas: si expulsarlos -como pide Soria- o ignorarlos -como prefiere Pichetto-. La suspensión de las afiliaciones de Matías Rulli, Rubén López y otros peronistas albertistas sería la opción a definir.
Por lo pronto, el armado del Frente para la Victoria se retomará esta semana con diálogos con el Frente Grande, que expulsó a Weretilneck, y grupos sociales como el Movimiento Evita y Kolina.
ALICIA MILLER
amiller@rionegro.com.ar