“En Terapia” y el placer de actuar

Por Redacción

“No tengo la necesidad económica que me obligue a aceptar algo que no me agrada tanto –detalla Sbaraglia–. Al mismo tiempo, pasa que si no estás en la tele, para la mayoría de las personas no existís. Las películas que filmé últimamente no han sido taquilleras, no las compró Telefé o Canal 13. “Choele” es muy pequeña, de bajo presupuesto, no tiene canal de televisión atrás y no sé cuánta gente va a verla. Hay una enorme porción de público que no sabe qué estoy haciendo porque no accede a ese circuito cinematográfico, porque no tiene la posibilidad de enterarse, de ser parte de un ámbito que le permita saber si la película se estrenó. Una que hicimos hace años (“Cornelia frente al espejo” de Daniel Rosenfeld) se está dando en el MALBA hace ocho meses, todos los sábados. Es una obra dificilísima, con un lenguaje muy particular, muy literal, muy Silvina Ocampo (autora del cuento sobre el que se basa), pero evidentemente hay necesidad de ese cine porque de lo contrario no se mantendría como se mantiene”. –Sobre “En Terapia”, comentaste que “un capítulo puede durar media hora y uno tiene tiempo necesario para entrar en una vida”. –Hay que tomarse ese tiempo para entrar en esa vida, para entender su lógica. Es un emprendimiento extraordinario porque el guión y los compañeros actores son excelentes, un director –Alejandro Maci– fantástico. Entonces hay que estudiar mucho y empezar un par de meses antes porque se graban ocho capítulos en ocho días y cada jornada hay que saber qué vas a hacer, qué tenés que contar. Son ocho días para contar toda la temporada. Para eso hay que estar preparado desde antes. Eso posibilita poder entregarse a ese tránsito de vida durante treinta minutos, con todo el cuerpo, con todos los sentidos. Está tan bien escrito que es como subirte a una Ferrari, a un coche que te lleva solo. –“Con todo el cuerpo, con todos los sentidos”. Como en el amor… –Es un acto de amor. Siempre. Estás entregando el cuerpo, las emociones, los sentimientos, tu psicología, tu concentración. La actuación, por eso es tan desgastante, no se hace de taquito, rutinariamente. Si todo lo que enumeré no está presente, el espectador lo nota. Cuando hay entrega de parte del actor, cuando no hay especulación en la expresión, el público lo entiende. También hay un riesgo, pero cuando uno arriesga, en general cae parado y difícilmente se rompa la cabeza. El espectador siente la transparencia de la expresión.


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