“En una tragedia vemos niños con miedo en envases de adultos”

Por Redacción

En catástrofes, en tragedias, en atentados… en muchos, o casi la mayoría, de los hechos más traumáticos que vivió esta región y el país estuvieron presentes. En auxilio de aquellos que quedan en pie después de un segundo fatal en el que la vida se transforma en un antes y un después.

En el atentado a la embajada de Israel, en la explosión que terminó con 84 vidas en la sede de la AMIA, en Cromañón, en la tragedia de Once, en el derrumbe del supermercado en Neuquén, en las inundaciones de Luján… Allí estuvieron para auxiliar y contener a las víctimas los integrantes de la ONG Emergencias Psicosociales (EPS). La “Cruz Roja del alma”, como se han autodefinido.

Carlos Sica es el coordinador general de este grupo, que integran más de 100 personas y que actúa ante casos de crisis y angustia pública.

–¿Qué sucede cuando ocurre una tragedia?

–Ante la irrupción de un hecho traumático, de una tragedia, las personas afectadas sufren un fuerte impacto emocional que provoca una regresión afectiva. Es decir: ante esas situaciones vemos “envases de adultos” pero lo que está realmente activo es su estado niño/a, con mucho miedo, pena o incertidumbre. La población del lugar se identifica con esa situación.

–¿Cómo se puede actuar en estos casos?

–Con nuestro equipo de contención emocional en el lugar de la emergencia hemos comprobado, luego de innumerables intervenciones, que tener en cuenta este enfoque –el del estado niño– es fundamental para poder lograr el encuentro, el vínculo con el asistido, ya que las personas en ese estado no pueden “escuchar” una palabra como concepto, sí pueden “escuchar” un abrazo, tomarles la mano, permanecer a su lado, darles protección. Lo que hace una madre o un padre ante un niño con miedo. Eso es en la primera etapa de la intervención, la segunda etapa consiste en propiciar que la persona desahogue las emociones retenidas –técnicamente se denomina catarsis–. Hay dos emociones principales que es necesario descargar: la pena y la bronca. La pena se desahoga a través del llanto y la bronca a través del estallido colérico. Pero este desahogo no se da naturalmente por un mal aprendizaje socio-cultural, el hombre desde niño ha internalizado que un hombre no debe llorar y a la niña se le ha inculcado que exteriorizar su enojo con gestos coléricos no es femenino. Cuando esas emociones no son desahogadas, tarde o temprano se van a manifestar en la mente, generando un problema psicológico, o en el cuerpo somatizando o teniendo dificultades en el mundo exterior.

–En un minuto cambia la vida, el mundo propio. ¿Cómo se ‘procesa’ tanto dolor?

–Es así, aunque parezca obvio, una tragedia o cualquier hecho traumático lo primero que provoca es el desalojo de la cotidianeidad. La sensación es que se pierde noción del espacio y del tiempo. Por eso es tan importante la contención emocional y los primeros auxilios psicológicos durante y en el lugar de la emergencia, para que la persona pueda ir procesando la situación y poco a poco ir recuperando el equilibrio emocional. Para ello contribuye la tercera etapa de la intervención: la verbalización, que consiste en propiciar que el asistido vaya poniendo en palabras todos los sentimientos y pensamientos que lo han invadido desde el primer minuto de sucedido el hecho.

–Después quedan las huellas…

–Cuando se completa con la cuarta etapa: un proyecto –nos referimos a un mínimo proyecto inmediato–, que surge cuando le preguntamos: ¿y ahora qué vas a hacer? “Voy a dejar a los chicos con mi mamá para que los cuide y voy a volver para hacer unos trámites que me dijeron que tengo que hacer”. Esto nos demuestra que ahora la persona volvió a pararse sobre sus propios pies y puede pensar los siguientes pasos que debe dar. Cuando la intervención es completa y adecuada se reducen al mínimo las posibilidades de secuelas postraumáticas. Si esto no es así, es probable que esas huellas deban ser elaboradas a través de un tratamiento terapéutico.

Qué es EPS

EPS cuenta con más de 100 integrantes en el país y es una ONG que trabaja en forma solidaria y gratuita. Su modelo de funcionamiento se asemeja al de los Bomberos Voluntarios. Cada integrante del EPS se encuentra en su actividad cotidiana y, al ser alertados y autoconvocados, concurren lo más rápidamente posible. “Una avanzada del equipo llega al lugar, evalúa la intensidad y gravedad de la situación y convoca o no a más integrantes, de acuerdo a la necesidad”, explican.

Fue fundada en 1991 como programa en el seno de la Asociación de Psicólogos Sociales de la República Argentina. Desde el año 1996 funciona como organización no gubernamental y cuenta con una línea habilitada las 24 horas los 365 días del año.

ENTREVISTA: CARLOS SICA

Silvana Salinas

slsalinas@rionegro.com.ar