“Enojo y vergüenza”
A pocos días de ver en televisión el regreso de nuestra fragata “Libertad”, quiero expresar en estas líneas el enojo y la vergüenza que siento por ese acto tan fantoche. En primer lugar, el recibimiento a la fragata y su tripulación debía efectuarse en el puerto de Buenos Aires, como se hizo desde siempre. En segundo lugar, el festejo debía ser algo emotivo, alegre y cariñoso para toda esa gente, almirante, cadetes y marineros que tuvieron unas agallas enormes para defender lo que consideran suyo. En verdad no pasó nada de esto. Fue una puesta en escena totalmente ridícula: marcaron los lugares donde tenían que estar La Cámpora, Kolina y otras yerbas de nombres raros; una ubicación enorme para toda la gente del gobierno y sus allegados, y sin mostrar casi nuestra suave y hermosa bandera argentina. En cambio había todo tipo de banderas, todas coloridas y pancartas con leyendas de todo tamaño y canciones poco gratas para los oídos de gran parte de los argentinos. A un costado, en lugar chiquito, estaban los familiares de los que viajaron, que a pie firme aguantaron horas enteras para poder abrazarlos y que, en realidad, fueron los últimos en poder hacerlo. Después llegó la frutilla del postre. Fue cuando subió a saludar a los marinos la señora Cristina, a quienes les estrechó las manos. Y me llegó el recuerdo de que, en tantos años de gestión presidencial, tanto la señora como Néstor –y de ostentar además el cargo de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas– nunca fueron a despedir ni a recibir la vuelta de la fragata en sus viajes de estudios. Además, cuando empezó a hablar, mejor dicho a gritar, creyendo que somos sordos, el saludo y felicitación a la tripulación fue muy breve y enseguida despotricó contra los fondos buitre, la carroña, los fondos carancho y todo lo que se le ocurre cuando agarra la manija sin tener en cuenta que eso no era acto político. En realidad tenía que ser un acto conmovedor, alegre y cariñoso para devolver a los muchachos todo lo que hicieron y aguantaron para traernos de vuelta a los argentinos nuestra querida y hermosa fragata “Libertad”. Mi respeto y orgullo a todos los integrantes de ese barco. Ana M. de Scola, DNI 716.343 – Roca
Ana M. de Scola, DNI 716.343 – Roca
A pocos días de ver en televisión el regreso de nuestra fragata “Libertad”, quiero expresar en estas líneas el enojo y la vergüenza que siento por ese acto tan fantoche. En primer lugar, el recibimiento a la fragata y su tripulación debía efectuarse en el puerto de Buenos Aires, como se hizo desde siempre. En segundo lugar, el festejo debía ser algo emotivo, alegre y cariñoso para toda esa gente, almirante, cadetes y marineros que tuvieron unas agallas enormes para defender lo que consideran suyo. En verdad no pasó nada de esto. Fue una puesta en escena totalmente ridícula: marcaron los lugares donde tenían que estar La Cámpora, Kolina y otras yerbas de nombres raros; una ubicación enorme para toda la gente del gobierno y sus allegados, y sin mostrar casi nuestra suave y hermosa bandera argentina. En cambio había todo tipo de banderas, todas coloridas y pancartas con leyendas de todo tamaño y canciones poco gratas para los oídos de gran parte de los argentinos. A un costado, en lugar chiquito, estaban los familiares de los que viajaron, que a pie firme aguantaron horas enteras para poder abrazarlos y que, en realidad, fueron los últimos en poder hacerlo. Después llegó la frutilla del postre. Fue cuando subió a saludar a los marinos la señora Cristina, a quienes les estrechó las manos. Y me llegó el recuerdo de que, en tantos años de gestión presidencial, tanto la señora como Néstor –y de ostentar además el cargo de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas– nunca fueron a despedir ni a recibir la vuelta de la fragata en sus viajes de estudios. Además, cuando empezó a hablar, mejor dicho a gritar, creyendo que somos sordos, el saludo y felicitación a la tripulación fue muy breve y enseguida despotricó contra los fondos buitre, la carroña, los fondos carancho y todo lo que se le ocurre cuando agarra la manija sin tener en cuenta que eso no era acto político. En realidad tenía que ser un acto conmovedor, alegre y cariñoso para devolver a los muchachos todo lo que hicieron y aguantaron para traernos de vuelta a los argentinos nuestra querida y hermosa fragata “Libertad”. Mi respeto y orgullo a todos los integrantes de ese barco. Ana M. de Scola, DNI 716.343 - Roca
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