«Era una banda, pero la Policía no hacía nada»

Por primera vez, un testigo involucró de manera directa a los policías y civiles que están procesados

Por Redacción

ROCA (AC).- La jornada de ayer no sólo fue complicada para el comisario José Luis Torres, sino para todos los imputados en la asociación ilícita. Por primera vez, un testigo aseguró «por conocimiento direc-to» que los revendedores de autos sospechados formaban parte de una «banda» que gozaba de impunidad policial.

«Sacaban los autos a la noche, les cambiaban los motores, los desarmaban, cortaban partes con una amoladora, defraudaban a la gente… Le comuniqué al comisario Torres lo que pasaba, pero no se hizo nada», aseguró.

Las expectativas de ayer estaban centradas en los testimonios de Richard Galván y Pablo Morales, los ex policías detenidos en Caseros por el crimen de Freddy Pazos. Se creía que los ex integrantes de la comisaría Primera de Viedma podían apuntar con dureza contra su ex jefe, el comisario Torres. Pero no fue tan así.

La sorpresa fue la declaración de Alfredo Segundo Riffo Tapia, un hombre que vive en el mismo barrio de los civiles imputados.

En forma pausada, pero con una seguridad demostrada en cada contrapregunta de los defensores, el testigo respondió sin contradicciones ni evasivas. «Si yo se lo digo, es porque lo vi», llegó a afirmar.

El hombre no estaba hablando de «dichos» como la mayoría de los que declararon, sino de vivencias, de conocimientos directos de determinados temas.

El testigo habló principalmente de Daniel «Chiquito» Reyes y Héctor Montecino. Contó que Jorge Reyes, primo del imputado, se crió con su suegra y vivía en la propiedad de su mujer, en el mismo lote que él. Por eso veía todo lo que allí sucedía.

Este hombre -contó- tenía un taller mecánico que funcionaba como desarmadero y era «golpeador, de mala reputación». Llegó a amenazarlo de muerte varias veces a él, y a concretar varios hechos violentos, como golpear a sus hijos, romper su vivienda y tirarle un camión encima de su auto.

«El maldito era yo ahí (…). Yo los molestaba a ellos porque muchas veces les llamé la atención. Este señor me dijo a ustedes botones los voy a hacer boleta».

Riffo Tapia comentó que a su vivienda iban las personas a reclamar, a quejarse, porque se sentían defraudados por el grupo.

Nombró a Guillermo González Pino, a Montecino, a Sergio Dávila y a Miguel Angel Fernández.

«Todos actuaban de manera conjunta. El que ponía la plata era Montecino, el que hacía los papeles Daniel Reyes y el que armaba y desarmaba los vehículos era Jorge Reyes», dijo. También mencionó el nombre de una persona apodada «El Comanche», que les hacía los trabajos de electricidad.

El testimonio de este hombre, que no pudo terminar su relato porque se descompensó al tener un pico de hipoglucemia, fue considerado «importante». Por primera vez se relacionó a todos los civiles como parte de una misma «banda» que gozaba de impunidad policial.

El mismo dijo haber visto cómo los civiles se llevaban los autos durante la noche, cómo «en plena calle cortaban y desarmaban vehículos» y cómo los policías dejaban que todo siguiera igual.

El testigo aseguró que las irregularidades las dio a conocer varias veces a la policía. Y que en una oportunidad convocó al subcomisario Torres a su casa, porque lo conocía. «Le conté todo, pero nadie hacía caso de lo que acontecía en ese lugar».

Riffo Tapia volverá a ser citado porque el defensor de los policías, Jorge García Osella, no alcanzó a hacerle preguntas cuando se descompensó.

Los condenados por el caso Freddy Pazos

ROCA (AC).- Richard Galván, uno de los policías detenidos por el crimen de Freddy Pazos, reconoció ayer que no le constaba que se le pagara a los informantes cuando se desempeñaba en Viedma bajo las órdenes del subcomisario José Luis Torres, pero sí que a cambio el informante recibía un beneficio: «que no se lo detuviera por alguna causa».

Fue muy poco lo que pudo aportar, salvo la información de los informantes. Lo mismo sucedió con el otro policía que está detenido en Caseros, Pablo Morales.

Otro testigo fue Eduardo Giordano. Dijo lo que supuestamente le contó el sargento fallecido Carlos Nievas, sobre la relación que existía entre González Pino y el comisario Torres. «Me comentó que González Pino tenía libertad para comprar autos robados y que era protegido por Torres y la cúpula policial», afirmó.

Giordano contó que una mujer le comentó que al sargento Nievas «lo mataron». En su primera declaración había dicho que el crimen se cometió con «una inyección de agua»; mientras que ayer aseguró que la inyección fue «de aire».


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