Es la economía… y es la deuda




La reciente convulsión política que produjo en el país el resultado de las PASO – el cual no estaba en las previsiones de casi nadie – produjo como habitualmente ocurre un sinnúmero de análisis y explicaciones en torno a qué ocurrió realmente. No se omite el cuestionamiento a la inseguridad,  la corrupción, la educación o la cuarentena prolongada en un contexto nacional explosivo al inicio del año 2020: suspensión de pagos con acreedores privados con el FMI, 50% de inflación, caída sostenida del empleo, recesión y el Covid-19.


Con semejante cuadro ni el mejor mago de la historia saldría victorioso. Pero más allá de las dificultades estructurales que evidencia el país, hay un hecho concreto y brutal que muestra cómo vive un segmento de los argentinos  que trabajan en relación de dependencia regularizados legalmente: el 60 % durante el primer trimestre ganaba $ 40.000 promedio (Indec) y muestran un crecimiento entre el 2020/2021 que no llega al 2,5%. Luego están los trabajadores no registrados, los desempleados y dentro de ellos los jóvenes, que alcanzan el mayor índice de América Latina (Cippec).

Con un salario mínimo vital y móvil de $ 29.160 (en pocas horas será aumentado) nada queda por decir respecto al resultado electoral.


Nunca en la historia del movimiento gobernante (ni aun en el 2002 en que la recuperación fue vertiginosa  con  una caída fenomenal del salario) el impacto sobre los sectores de bajos ingresos fue tan intenso. Pero ahora llega además a las clases medias, acelerado radicalmente por una inflación desbocada. Nada puede hacerse en políticas de ingresos con semejantes niveles de inflación. La macroeconomía venía descontrolada al inicio del año 2020, sencillamente porque el shock de endeudamiento externo destruyó la Argentina en todas sus variables, sin desconocer – repito – los problemas estructurales de vieja data.


El país enfrentó “quebrado “ el Covid-19 , una experiencia histórica mundial que aún no fue mensurada en sus alcances que produjo un enorme daño global, aunque por cierto además cambios disruptivos y permanentes.


El peronismo nunca en su historia enfrentó una situación de marginación y pobreza general como la que vive la Argentina actual y es difícil ensayar una “macroeconomía sana “como la que intenta el equipo económico durante el  año 2021 luego de semejante cuadro de situación. La emisión monetaria del año 2020 –única fuente de oxígeno para superar el encierro empobrecido y la brutal caída de actividad frente al Covid– llegó incluso a pagar -injustamente- el ATP a empleados de grandes grupos económicos, monopólicos algunos de ellos.


 Se superó exitosamente en plena pandemia la restructuración de deuda de un Estado con acreedores privados más importante del mundo en los últimos años. Fue una hazaña, pero eso no alcanza a quien maneja un colectivo, es dueño de una librería o hace changas enyesando paredes en una obra.


Se superó exitosamente en plena pandemia la restructuración de deuda de un Estado con acreedores privados más importante del mundo en los últimos años. Fue una hazaña, pero eso no alcanza a quien maneja un colectivo, es dueño de una librería o hace changas enyesando paredes en una obra.


El Estado se halla inmerso en un esquema de endeudamiento público en pesos casi adictivo: como una droga voladora absorbe pesos de los bancos, auguradoras, inversores, etc. y viene pagando tasas de interés en algunos casos mayor a  un plazo fijo, sosteniendo un agujero fiscal que con mucho esfuerzo ha pretendido achicar en el 2021. Toma pesos, paga deuda, restructura, emite pesos y vuelve a tomarlos para evitar que vayan a la inflación, en un círculo que lo obliga a distraer recursos que de otra forma podrían ser dirigidos a obra pública, proyecto de inversión o crédito a privados.

¿Para qué los bancos prestarían a una pyme si el Estado es su mejor cliente? ¿Nadie se pregunta por qué no hubo aporte extraordinario a los bancos –que han ganados cifras exorbitantes en la última década – y sí a las personas humanas más adineradas? Pues porque los bancos son un pilar de financiamiento casi semanal del Estado, dirigiendo sus recursos a prestar a un deudor que siempre paga. Durante el año 2021 el Estado pagará 1.1 billones de pesos en intereses por distinta operaciones financieras de crédito, lo cual explica que se trata de un círculo “defectuoso” que impacta sobre la ejecución de políticas activas para generar un aumento de la actividad.


Actualmente en el Banco Central hay cerca de u$S 42.000 millones de dólares de “encajes “ (dinero de los bancos que el organismo de control les obliga a mantener en custodia en caso de emergencia). La colocación de Leliq (títulos que deuda que emite el BCRA) modera el traslado a los precios derivado de volúmenes cuantiosos de emisión monetaria sobre las diversas versiones de dólar así como el mercado informal. Esto implica costos altos en materia de pago de intereses, impulsando así al permanente lanzamiento de Leliq para poder continuar satisfaciendo su calendario de pagos de cada nuevo vencimiento. El Gobierno se encuentra hace muchos meses con el FMI renegociando el crédito más grande en la historia del organismo otorgado a un país (2018/19), en condiciones legales muy irregulares. Lo que ha decidido pagar y que se fue casi en su totalidad del país, así como ingreso no fue a parar a puertos o rutas; salió de la Argentina como ganancia en dólares luego de especular con tasas de intereses en pesos pagadas por el Estado.


El Estado sostiene un endeudamiento público en pesos casi adictivo: como una droga, absorbe pesos pagando tasas altísimas y sostiene un agujero fiscal.


Todo este proceso lo explicamos desde estas páginas desde el año  2016 en adelante. Hoy se negocia con el FMI un programa económico con metas plurianuales en materia fiscal, monetaria y cambiaria, para lograr un acuerdo en los próximos 90 días.


El ajuste del 2021 es consecuencia de ello. Costó las elecciones al gobierno, pero aun así es posible incrementar los encajes no remunerados de los bancos, liberando parte de ellos, para financiar proyectos de inversión y obra pública dinamizando esos recursos, y además que las entidades financieras los presten a las pymes a tasas de interés convenientes. Esta política en escasos meses generará un impulso a la actividad económica y al trabajo de manera significativa.


Hay que animarse nomás y pensar- me refiero al Gobierno nacional – para qué fue elegido.

* Docente de grado y postgrado de la Facultad de  Economía UNCo


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