¿Es un error considerar que “dato mata relato”?





Es necesario tener presente esta forma de pensar, principalmente intuitiva, o de forma rápida, para nuestras charlas y las miles de decisiones que tomamos día a día.


Circula el concepto racionalista que dice: “Pienso, luego existo”. El famoso “cogito ergo sum” de René Descartes. Mucho crecimos creyendo esto, casi como un dogma. Pero todo evoluciona y tenemos la oportunidad (y la responsabilidad) de mirar de una manera diferente los conceptos propios y los de la sociedad donde vivimos, para intentar hacernos la vida más vivible en estas sociedades cada vez más complejas y potencialmente mejores.

Por eso me asombró leer un libro que tiene una mirada tan diferente. Se puede contraponer con otra frase: “La razón es, y sólo debe ser, esclava de las pasiones”, de David Hume.

En “La mente de los justos: por qué la política y la religión dividen a la gente sensata”, su autor -Jonathan Haidt- usa la alegoría de poner al hombre como un elefante con jinete. Donde el elefante son las intuiciones humanas, que son las que determinan siempre en primer lugar aquello a lo que consideramos adecuado, bueno, justo, etc. y, luego, sólo luego (y si tenemos tiempo), podemos racionalizar de manera más estratégica, es decir recién entonces actúa el jinete de ese elefante.

Lo expresa así en una conclusión: “Por lo tanto, si deseas cambiar la opinión de alguien sobre un problema moral o político, lo primero que debes hacer es hablar con el elefante. Si le pides a las personas que crean algo que transgrede sus intuiciones, dedicarán sus esfuerzos a encontrar una vía de escape, una razón para dudar de tu argumento o conclusión. Y en la mayor parte de los casos, lo lograrán.”

En otra parte, cita un trabajo de Drew Westen sobre militantes demócratas y republicanos de EE.UU. donde se los expone a contradicciones de sus lideres, mientras se les realiza imágenes de su cerebros por resonancia magnética funcional. Describe otra conclusión: “El partidismo extremo puede ser literalmente adictivo”. Descripción que se ajusta a lo que C. Thi Nguyen define como “cámaras de eco” a un grupo de individuos; en su texto, afirma que los miembros de ellas desconfían sistemáticamente de todas las fuentes externas de información y además buscan derrumbar activamente esas fuentes diferentes. Para salir de estas cámaras de eco se requiere de un proceso de socialización semejante a la de dejar una adicción. Que es muy diferente a lo que sucede con otros grupos sociales descriptos como burbujas epistémicas que con la muestra de evidencia (dato) se puede resolver, ya que sólo les falta tener acceso a otras informaciones, conocimientos o valores.

Es necesario saber esto para evitar modos de debates o discusiones que sólo llevaran a fortalecer esa “adicción” y para nada cambiarán las perspectivas de los involucrados, ya que el camino no es la información; es un camino de creencias.

Este libro analiza nuestras acciones a semejanza de otros, como el de Daniel Kahneman con “Pensar rápido. Pensar despacio”, que plantea que nuestro cerebro funciona la mayoría del tiempo con respuestas rápidas, casi semiautomáticas y el pensamiento lento, que es probabilístico, lo usamos en situaciones muy excepcionales y por eso raras. También lo plantean en “Un pequeño empujón” Thaler y Sunstein quienes exponen que el ideal del “homo economicus” que tiene toda la información para la elección, es la excepción. El que elige todos los días y a cada rato es el homo sapiens, es decir nosotros, el de a pie, que hacemos miles de elecciones durante el día sin tener ni el tiempo ni la información que el supuesto “homo economicus” tiene en los papeles pero no en la vida real. Por otro lado también el “giro afectivo” planteado por varias pensadoras del feminismo nos permite avanzar en generar una mirada de valorizar nuestra emocionalidad como fortaleza humana, que fue dejada de lado por el iluminismo. Y hay muchos pensadores más que aportan para esta mirada diferencial que suma.

Entonces es necesario tener presente esta forma de pensar, principalmente intuitiva, o de forma rápida, para nuestras charlas (discusiones partidarias) y las miles de decisiones que tomamos día a día. También saber que para las instancias del pensamiento estratégico o del pensamiento lento (probabilístico) es importante el diseño institucional que nos permitiría tener una arquitectura decisional adecuada a la psicología y la cultura de nuestro país, y no solo para un dirigente ideal argento que no existe.

Tal vez se deba corregir la creencia que afirma que “la razón estará por arriba del relato”. Porque, al fin y al cabo, parece que “intuimos, sentimos, a veces razonamos para fundamentar las intuiciones; y así existimos”.

* Médico. Ex diputado nacional Río Negro


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¿Es un error considerar que “dato mata relato”?