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Mal que nos pese, para superar las dificultades será necesario enfrentar la realidad que imponen las nuevas recetas de Cavallo.

Por Redacción

Para decepción de los muchos que, por motivos que tenían más que ver con sus enfoques ideológicos que con su voluntad de entender lo que está ocurriendo en el país, se habían dejado convencer de que gracias a la «derrota» de Ricardo López Murphy la Argentina podría sustraerse al pozo económico en el cual se ha precipitado sin beneficio de ajuste alguno, Domingo Cavallo ha iniciado la fase activa de su gestión anunciando su propósito de reducir el gasto público y de aumentar la recaudación tributaria extendiendo el IVA a rubros hasta ahora exentos. Puede que el propio ministro de Economía hubiera preferido aguardar algunas semanas más con la esperanza de que su mera presencia en el gobierno sirviera para impulsar una recuperación espontánea que le ahorrara la necesidad de tomar medidas que sabe son desagradables, pero los brotes de pánico que últimamente han experimentado los mercados lo habrán persuadido de que no le sería dado encontrar una salida tan fácil de la crisis. Mal que nos pese, para superar las dificultades existentes será necesario hacer frente a la realidad concreta porque no hay forma de soslayarla, aun cuando esta manera de proceder, la única factible, suponga desatar una marejada de conflictos al intentar los diversos grupos y sectores defenderse trasladando los costos a otros.

Según la mayoría de los «dirigentes», la estrategia planteada por López Murphy fue políticamente inviable, tesis que se basaba en el presupuesto de que por razones nunca aclaradas -¿dogmatismo? ¿sadismo?- el economista radical quería hacer sufrir a la ciudadanía, aunque fue evidente que las medidas que propuso se inspiraban en nada más siniestro que el estado objetivo de la economía nacional. Desde luego, éste no mejoró en el transcurso del primer mes de la gestión de Cavallo. Por el contrario, se agravó al darse cuenta los ya preocupados por la situación del país de que por razones políticas el superministro se mostraba reacio a actuar con el vigor exigido por las circunstancias. Si bien su voluntad de demorar la puesta en marcha de un «ajuste» podría justificarse en términos políticos, no cabe duda de que el hecho de que haya resultado incapaz de doblegar los mercados lo ha privado de parte del capital con el cual había comenzado.

Con todo, es factible que lo haya invertido bien. Por lo menos, la histeria de la semana anterior a los anuncios debería haber curado a algunos políticos de la ilusión de que sería posible encontrar una salida indolora del desbarajuste en el que el país se ha metido a causa de la irresponsabilidad de líderes que se han acostumbrado a tomar el clientelismo por solidaridad social y que en consecuencia se han dedicado a apoderarse de una proporción cada vez mayor de los recursos del país, atribuyendo su falta de respeto por «los números» a su amor por «la gente» a la que depauperaban. Así las cosas, puede que en esta ocasión las protestas sean menos virulentas que las provocadas por el ajuste no más duro que había anunciado López Murphy: después de todo, el fracaso de los esfuerzos frenéticos de Cavallo por hacer innecesarios el ajuste y el «impuestazo» debería haber convencido a muchos de que realmente no hay alternativa alguna a la clase de medicina que acaba de recetar.

La grave crisis que enfrenta el país se debe en buena medida a la creencia difundida de que si a todos les indigna la realidad económica podrán cambiarla por otra menos antipática. Se trata de una actitud que es totalmente irracional pero que aun así ha sido reivindicada con orgullo por políticos, comentaristas, clérigos y muchísimos otros. Antes de que finalmente anunciara las subas impositivas y el recorte de 900 millones de pesos en el gasto público, Cavallo procuró apaciguar a los voluntaristas haciendo gala de su «heterodoxia», pero puesto que ni los mercados locales ni los internacionales se permitieron impresionar de lo que fue un formidable despliegue propagandístico, no le quedó otra opción que la de seguir por el mismo rumbo que había elegido su antecesor, con la ventaja hipotética de que los sucesos de abril habrán aleccionado a quienes habían achacado el ajuste del ex ministro radical a las presuntas características personales de su autor, no al estado de la economía nacional.