Exaltación de la política

Redacción

Por Redacción

La política gestada en la antigüedad por la civilización griega era considerada como una actividad humana destinada a ordenar jurídicamente la vida social. Los griegos interpretaban que quienes no intervenían en la vida de la ciudad (polis) eran incapaces (idiotas) ya que entendían que “hacer política” era el camino conductor hacia la realización personal del individuo y hacia la felicidad que éste denodadamente aspiraba para su vida.

Con el transcurso del tiempo este concepto retrógrado ha quedado olvidado y quienes no ejercen la actividad política no son considerados incapaces, por el contrario, han revertido esa concepción entendiendo que son los políticos quienes algunas veces pueden carecer de algunas de sus capacidades.

Por otra parte, muchos definen la política como “(…) el hecho de que la gente puede hacer por medio de sus representantes lo que ella quiere para su propio bienestar…” pero no siempre este axioma se cumple, ya que muchos candidatos han prometido cuantitativamente durante su campaña política y pocos han cumplido su promesa.

El hacer político es el que más afecta directamente e involucra a todos los miembros de una sociedad. Siempre la actividad política proyecta un determinado comportamiento pero esa conducta no tiene un sentido individual, sino que el acto político presenta un sentido más amplio que es el aspecto social.

Siempre la política encierra una actividad que, en su dinamismo, requiere de estructura y disciplina donde se la desarrolle.

A veces carece de una valorización positiva en el seno de la sociedad debido a que el daño producido en los últimos años por aquellos inescrupulosos que amparándose en la protección de sus fueros –corrupción mediante– supieron “limar” silenciosamente la expectativa del conjunto y minimizar la vocación de servicio de muchos que han concebido a la política como una parte sustancial de sus vidas.

Cuando se habla de valorizar a un determinado candidato a nivel nacional, provincial y/o municipal lo mejor que puede hacer el electorado, que aspira a elevar su nivel de vida, es la constatación fehaciente de que sus propios anhelos, aspiraciones y deseos –y los del conjunto– están comprendidos dentro de la representación de gobierno del candidato. Ante esta situación se requiere de un “político consecuente” que cumpla una vez electo con lo que prometió en su plan de gobierno.

En este contexto se deberá tomar como antecedentes válidos su trayectoria de vida, austeridad, sinceridad, transparencia, capacidad, solidaridad, aprehensión al trabajo y otras condiciones relevantes que caracterizan la personalidad del candidato ideal.

Justamente, el próximo año se eligen en el país autoridades en los tres niveles electorales (nacional, provincial y municipal) y afortunadamente existe un abanico de dirigentes calificados y probos que podrán ser elegidos por el electorado.

Elijamos lo mejor, enaltezcamos la política en su justa medida, dando al pueblo aquel gobierno que realmente se merece.

*Docente, exconcejal del PJ

Miguel Angel Knecht*


La política gestada en la antigüedad por la civilización griega era considerada como una actividad humana destinada a ordenar jurídicamente la vida social. Los griegos interpretaban que quienes no intervenían en la vida de la ciudad (polis) eran incapaces (idiotas) ya que entendían que “hacer política” era el camino conductor hacia la realización personal del individuo y hacia la felicidad que éste denodadamente aspiraba para su vida.

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