Examen salarial

En Seguridad, enroques por conflictos y reclamos políticos.

Por Redacción

ADRIÁN PECOLLO adrianpecollo@rionegro.com.ar

Pocas cosas están tan claras en Río Negro. Weretilneck prioriza un encauce financiero. No existe otra opción, piensa. Así, el gobierno queda amarrado a esa orilla. La construcción política tampoco logra soltarse. El letargo del PJ afianza esa carencia. Weretilneck reserva su atención en Economía. Concurrió hace unos días a ese ministerio y reunió al equipo por cinco horas. Allí se especificó qué Estado existe y sus achaques. Estaban el ministro Alejandro Palmieri, sus técnicos y los jefes de Función Pública y de Empresas Públicas. Había convocado también al contador general Juan Kohon. La realidad financiera fue punteada por el tesorero Isaías Kremer. Centró el confín provincial en que el 68% de los recursos corrientes está atenazado por los salarios. Casi siete de cada diez pesos ingresados a Río Negro. Hace una década, esa relación era del 43% y, tres años atrás, rondaba el 56%. Convergieron surtidas variantes, la retraída coparticipación y el ajuste en otros gastos profundizó ese monopolio. Aun los alardes y los temores originales, el personal no sufrió alteración. Los acuerdos fueron rápidos y sencillos, más allá de reclamos aislados. Si observan a sus pares, los estatales rionegrinos deben agradecerle al gobernador. La partida para salarios subió un 32% en un año, esencialmente por incremento de haberes. La otra mirada. El Estado acentuó su sometimiento salarial. Además, están los envíos obligados a los municipios que concentran otro 15 a 17%. Sólo queda un 15% para funcionamiento de hospitales, comisarías, escuelas y otros servicios. Ninguna innovación está permitida. El resto –como las obras– queda sujeto a la voluntad nacional. Antes, el gobernador desactivó totalmente otras herramientas y ahora, jaqueado, quiere finalmente poner bajo la lupa las erogaciones en personal. Asignó ese trabajo técnico a la Función Pública. Un largo listado de medidas afloró en Economía. Apuntaron justificaciones y quejas por los atrasos inexplicables en jubilar a agentes que cumplen los requisitos, revisar los adicionales y los fondos exigidos aun por las empresas. Apareció otro extremo: el alto porcentaje del ausentismo. Llega a un 25% en Salud. El primer eslabón está en las licencias médicas. Ronda en un tercio en las enfermeras e, históricamente, los docentes oscilan del 15 al 20%. Weretilneck captó enseguida su valor. El viernes llevó diagnóstico y tratamiento al gabinete. Las Juntas Médicas no funcionan. Salud no puso reparo en que esos cuerpos pasen a la Función Pública, siempre quiso soltar esa misión por la dificultad en el control, a raíz de la convivencia de supervisados y fiscalizadores. Palmieri ya había impuesto su criterio y su celeridad: contratar privados para esa inspección. El ministro despliega un esmero personal por las inasistencias y se entusiasmó con la denuncia penal del intendente neuquino Horacio Quiroga contra psicólogos por los sospechados certificados médicos a los municipales. El gobernador modeló un programa de reformulación salarial, cuyo proceso será largo y complejo. La última semana, la inquietud gubernamental se corrió al insostenible conflicto entre el ministro de Gobierno, Luis Di Giacomo y su segundo, Miguel Bermejo. No quedó retorno después de las últimas peleas. “Él o yo”, planteó el secretario. Di Giacomo no se movió y Bermejo fue corrido. Ese desenlace derivó en una extraña traslación. La creación de una unidad para el secretario desplazado poco se explica, salvo en su necesidad de aportes para su inminente edad jubilatoria. Este pecado exhibió a un culposo Weretilneck, que abundó en pretextos para justificar esa enmarañada retención. Los restantes movimientos se encuadraron en otra íntima evaluación, llevando el manejo de Seguridad a la subsecretaria Martha Arriola, de dilatada experiencia y que el mandatario valoró desde que llegó a Viedma con Bermejo. Aprovechó para apartar a Ariel Gallinger de la Jefatura de Policía. Su continuidad representaba una clara incomodidad por la censura de la presidenta Cristina Fernández en aquella audiencia agorera del 26 de diciembre cuando se selló el final del mandato de Omar Goye por los desmadres en Bariloche. La mandataria recriminó al rionegrino sobre el origen arista de Gallinger. Testigo, el senador Miguel Pichetto percibió una grieta y, luego, machacó en favor de esos imperiosos movimientos en Seguridad. Aquel reproche presidencial transmitía un mandato, pero Weretilneck mide cada tranco en la concesión a Pichetto. Lo escucha, lo valora, pero nunca ofrece demasiadas aperturas. “Antes, prefiero irme”, se lo escuchó en ocasiones en que apremiaban exigencias que enajenarían su conducción institucional. El viernes, en el gabinete, Fernando Vaca Narvaja pregonó en favor de la sociedad con el senador. Persistió la cautela, pese a reacciones formales. Weretilneck asignó la Jefatura a Fabián Gatti, un nómade político, con lazos también con el ARI pero raíces en el PJ cipoleño. Se conocen bien, compañeros en el viejo arriaguismo y de uniones difíciles, que concluyó en distanciamientos públicos. Lo propuso Di Giacomo y existió un aval de Martín Soria. El intendente valoró su coraje, que cimentó cuando Gatti cumplió con dos recados soristas: impulsó el juicio político contra el exjuez Víctor Sodero Nievas y, ya en el gobierno, denunció a exfuncionarios radicales que pasaron a planta permanente. Esa audacia sirvió a su ascenso. Igual, la Policía tendrá otro pilar. Bermejo era casi un extraño en el universo policial. No ocurrirá así con Arriola. Esta proximidad rápidamente se advertirá: su despacho estará en la Jefatura. Frente a estas simples ataduras, otros hilos continúan sueltos. No hay vínculos suficientes en la gestión, tampoco en la política del FpV. El camino –si lo hay– que impone Weretilneck es impreciso, originado en los nudos fijados al kirchnerismo nacional y las disímiles alianzas potenciales en Río Negro. Pendula desde la presente coincidencia con el senador (¿sólo temporal? ¿hasta octubre?), que excluye a sus legisladores, hasta los anodinos entendimientos con Soria y Carlos Peralta. Conserva conexiones parlamentarias con radicales y arriaguistas. Aparece, temeroso y perezoso, cuando puede vigorizar su espacio. El FpV perdió en Viedma en la apertura electoral. No existían suficientes motivos para cambiar la gestión radical. Hay nuevos escenarios: las primarias de agosto y la general de octubre. En septiembre, seguramente, se votará por la intendencia de Bariloche, con un peligro para el Frente: resolver su candidato entre la intendenta justicialista María Martini y el concejal frentista Carlos Valeri. Nula también es la reacción del PJ. El Congreso no existe y la reunión del Consejo sigue postergada y se cumpliría después de Semana Santa. Otro ámbito fue desactivado. Se programó una reunión para el viernes en El Bolsón de los intendentes, convocada por el pichettista Juan Reggioni. El temario pronosticaba posiciones en obras prometidas, convenios escolares y coparticipación. Pichetto y Soria intercambiaron favores y postergaron ambas reuniones, coincidiendo en convocar simultáneamente al Consejo y la Liga. Todo, por ahora, sigue aplazado. La verdadera política, entendida como el poder para cambiar las cosas, sigue enredada. El gobierno, pendiente del mandatario, cae fácilmente en la confusión. Ayer, otro hecho violento en Cipolletti lo volvió a zamarrear. En cambio, Weretilneck sí parece, finalmente, dispuesto a ocuparse de la manufactura de la masa salarial. Acciones y palabras pueden significar mucho o pueden no decir nada. Hasta ahora, sólo han expuesto que poco y nada ha cambiado.

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