Extravíos, estrategias y dificultades



El desgaste de Cambiemos, el volantazo de marzo y el MPN activo desde hace 7 meses son los escollos que enfrentará el intendente Quiroga. Se necesitarán unos 18.000 votos para acceder a una banca en el Concejo Deliberante, el doble de lo que se requiere para ubicar a un legislador.


Un perro callejero se coló el viernes en la presentación de la candidatura de Marcelo Bermúdez para la intendencia de Neuquén. Confundido, el can no lograba salir del extravío y fueron los candidatos a concejales Laura Plaza y José Luis Artaza quienes lo contuvieron con una caricia exprés. Luego Horacio Quiroga tomó el micrófono para iniciar el acto: no será Cambiemos quien busque repetir en la capital, sino Somos Neuquén.

La estrategia electoral del oficialismo en la capital neuquina enfrenta al menos tres escollos. El primero de ellos es la pesada herencia que arrastra el gobierno nacional en las últimas nueve elecciones provinciales, lo que obligó a diluir la marca Cambiemos.

La alianza que encabeza Mauricio Macri perdió en todos los comicios en los que tuvo presencia. Además, la situación económica del país solo aporta más imagen negativa al sello oficialista.

El despegue de Quiroga, más allá de la estricta estrategia electoral, también tiene motivos personales.

Antes de las elecciones provinciales en la provincia de Neuquén, donde se puso al hombro la primera mochila política del país para Cambiemos, no solo el gobierno nacional tuvo uno de sus peores momentos económicos, sino que además el jefe comunal fue víctima de un volantazo de último momento gestado desde la Casa Rosada que lo expuso a uno de sus peores resultados electorales.

El MPN, en los comicios del 10 de marzo, ganó en 578 de las 594 mesas de la capital neuquina. Dobló al quiroguismo en su propia casa.

Este es el segundo problema del actual intendente. Se sabe que el electorado vota diferente en cada categoría, pero tampoco es un secreto que el aparato electoral del partido provincial se mantiene muy activo y solvente en los barrios de la capital neuquina.

Su candidato, Mariano Gaido, fue elegido en las internas de noviembre del año pasado: lleva siete meses de campaña abonada con la victoria del gobernador el 10 de marzo.

Más de 160.000 capitalinos votaron en las elecciones provinciales. De repetirse el número, algo que es muy probable, se necesitarán 18.000 votos para ser concejal, porque se renuevan nueve lugares. Casi el doble que lo que se necesitó para ingresar a la Legislatura provincial.

Las listas de concejales parecen claves en esta elección. En el oficialismo municipal la principal batalla estuvo centrada en la definición del candidato a suceder a Quiroga: Bermúdez o Artaza fue la cuestión; finalmente fue el primero. Por eso quizá la lista de concejales se parezca más a una compensación que a un armado estratégico.

Quiroga es, como se dice en la rosca, un animal político. Sabe que el MPN está convencido y que tiene chances reales de recuperar la capital.

Por eso comenzó el despliegue donde el partido provincial tiene arraigo. Esta vez no eligió el coqueto Paseo de la Costa para presentar las candidaturas. Fue en el barrio, en Parque Industrial, y el mensaje fue “unir la ciudad”.

El tercer escollo que deberá resolver el oficialismo municipal es la transferencia de votos. Hay bibliotecas para abonar que es posible y bibliotecas que dicen lo opuesto. Bermúdez es uno de los que confía en las ventajas de la ósmosis.

Sin embargo, Quiroga tiene una relación muy particular con los votantes neuquinos, pero puede que sea solo de él. Son perfiles políticos diferentes. Pechi, mal que le pese, tiene un liderazgo popular y personalista. El secretario de Coordinación, en cambio, es más parecido a un cuadro técnico.

Ambos comparten relación desde hace 16 años. Bermúdez suele bromear con que es su tercera relación más longeva, después de su madre y su esposa, y no oculta que existen diferencias y coincidencias, pero quienes estudian a las parejas saben que después de los 15 años llegan los momentos más difíciles.


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