Filosofía K
La idea de que preocuparse por el delito es forzosamente “de derecha” sorprendería a izquierdistas tan emblemáticos como el cubano Fidel Castro o los líderes de China y otros países comunistas que raramente han vacilado en tratar con rigor extremo a los delincuentes comunes, pero la han adoptado muchos kirchneristas a fin de diferenciarse de Sergio Massa y Daniel Scioli, políticos que a su juicio están a favor no sólo de la mano dura sino también de lo que el ministro de Defensa, Agustín Rossi, califica como una “restauración conservadora”. En efecto, acompañados por partidarios de la mano blanda tan notorios como el piquetero pendenciero Luis D’Elía, la igualmente combativa jujeña Milagro Sala, Rossi y otros funcionarios del gobierno nacional celebraron hace poco en el Congreso un Encuentro Federal para una Seguridad Democrática y Popular en que atribuyeron la ola de violencia delictiva –o, si se prefiere, la sensación de que hay más crimen que antes– que se ha abatido sobre el país a la falta de inclusión social, lo que es una forma de acusar a la mayoría pacífica de no dejar a los marginados más alternativa que la de robar o asesinar. Discrepa el ministro de Seguridad de facto, Sergio Berni; afirma tener “una mirada diferente” ya que “una cosa es filosofar sobre la seguridad y una cosa es estar todos los días en la trinchera, en la calle, tener que estar con las víctimas”. Puede que Berni no sea el hombre indicado par expresarse así, pero la mayoría coincidiría en encontrar disparatadas las declaraciones “filosóficas” de otros funcionarios del gobierno del que es un miembro destacado. Puesto que los más perjudicados por el delito suelen ser los habitantes de villas miseria plagadas de ladrones y drogadictos, la actitud adoptada por personajes como Rossi dista de ser “popular”. Por el contrario, difícilmente podría ser más antipopular. En todas partes, quienes más favorecen la mano dura no suelen ser los “burgueses” tan despreciados por los intelectuales progresistas sino pobres que están hartos de la prepotencia de los jefes de pandillas locales y de los narcotraficantes que tientan a sus hijos menores de edad a servirles como “soldados” y prostituyen a sus hijas. Ellos sí saben lo terrible que es para sus familias crecer en un barrio regido por delincuentes. Si bien no cabe duda de que hay un vínculo estrecho entre la llamada exclusión social por un lado y la criminalidad por el otro, al subrayarlo los kirchneristas confiesan que ha fracasado su propia gestión. A pesar de haber estado en el poder desde hace casi once años y de haber aumentado el gasto público hasta tal punto que se ha hecho insostenible, de ahí el ajuste feroz que está aplicando el gobierno, los marginados se sienten aún menos “incluidos” que en la década de los noventa. Por lo demás, no cabe duda alguna de que, por negligencia, o peor, el gobierno kirchnerista ha abierto las puertas del país al narcotráfico, lo que ha tenido consecuencias desastrosas para muchísimas personas, comenzando, como siempre es el caso, con las más vulnerables. A los delincuentes mismos no les interesa para nada la eventual ideología del gobierno de turno, si bien es de suponer que a muchos les gusta que las autoridades los tomen por víctimas de una grave enfermedad social que, en lugar de ser castigados, deberían ser tratados con benevolencia. Desgraciadamente para el gobierno kirchnerista, empero, la gente honesta no comparte sus ideales elevados. Si bien pocos están a favor de la justicia “por mano propia”, o sea los linchamientos, de difundirse la impresión de que el gobierno apoya a los delincuentes por creer que lo ayudan a intimidar a la población so pretexto de que en su conjunto es responsable del estado del país, no tardarían en producirse las tan temidas explosiones sociales. Lo que sucedió en vísperas de la Navidad pasada, cuando, de resultas del autoacuartelamiento policial, el país se convirtió pasajeramente en una vasta zona liberada, debería haberles advertido de lo peligroso que es intentar prescindir de las fuerzas de seguridad. En aquella oportunidad miles de sujetos no titubearon en saquear las casas o negocios de sus vecinos. De profundizarse la recesión y continuar aumentando los precios, el país correría el riesgo de ver más desmanes igualmente aleccionadores.
Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Lunes 12 de mayo de 2014
La idea de que preocuparse por el delito es forzosamente “de derecha” sorprendería a izquierdistas tan emblemáticos como el cubano Fidel Castro o los líderes de China y otros países comunistas que raramente han vacilado en tratar con rigor extremo a los delincuentes comunes, pero la han adoptado muchos kirchneristas a fin de diferenciarse de Sergio Massa y Daniel Scioli, políticos que a su juicio están a favor no sólo de la mano dura sino también de lo que el ministro de Defensa, Agustín Rossi, califica como una “restauración conservadora”. En efecto, acompañados por partidarios de la mano blanda tan notorios como el piquetero pendenciero Luis D’Elía, la igualmente combativa jujeña Milagro Sala, Rossi y otros funcionarios del gobierno nacional celebraron hace poco en el Congreso un Encuentro Federal para una Seguridad Democrática y Popular en que atribuyeron la ola de violencia delictiva –o, si se prefiere, la sensación de que hay más crimen que antes– que se ha abatido sobre el país a la falta de inclusión social, lo que es una forma de acusar a la mayoría pacífica de no dejar a los marginados más alternativa que la de robar o asesinar. Discrepa el ministro de Seguridad de facto, Sergio Berni; afirma tener “una mirada diferente” ya que “una cosa es filosofar sobre la seguridad y una cosa es estar todos los días en la trinchera, en la calle, tener que estar con las víctimas”. Puede que Berni no sea el hombre indicado par expresarse así, pero la mayoría coincidiría en encontrar disparatadas las declaraciones “filosóficas” de otros funcionarios del gobierno del que es un miembro destacado. Puesto que los más perjudicados por el delito suelen ser los habitantes de villas miseria plagadas de ladrones y drogadictos, la actitud adoptada por personajes como Rossi dista de ser “popular”. Por el contrario, difícilmente podría ser más antipopular. En todas partes, quienes más favorecen la mano dura no suelen ser los “burgueses” tan despreciados por los intelectuales progresistas sino pobres que están hartos de la prepotencia de los jefes de pandillas locales y de los narcotraficantes que tientan a sus hijos menores de edad a servirles como “soldados” y prostituyen a sus hijas. Ellos sí saben lo terrible que es para sus familias crecer en un barrio regido por delincuentes. Si bien no cabe duda de que hay un vínculo estrecho entre la llamada exclusión social por un lado y la criminalidad por el otro, al subrayarlo los kirchneristas confiesan que ha fracasado su propia gestión. A pesar de haber estado en el poder desde hace casi once años y de haber aumentado el gasto público hasta tal punto que se ha hecho insostenible, de ahí el ajuste feroz que está aplicando el gobierno, los marginados se sienten aún menos “incluidos” que en la década de los noventa. Por lo demás, no cabe duda alguna de que, por negligencia, o peor, el gobierno kirchnerista ha abierto las puertas del país al narcotráfico, lo que ha tenido consecuencias desastrosas para muchísimas personas, comenzando, como siempre es el caso, con las más vulnerables. A los delincuentes mismos no les interesa para nada la eventual ideología del gobierno de turno, si bien es de suponer que a muchos les gusta que las autoridades los tomen por víctimas de una grave enfermedad social que, en lugar de ser castigados, deberían ser tratados con benevolencia. Desgraciadamente para el gobierno kirchnerista, empero, la gente honesta no comparte sus ideales elevados. Si bien pocos están a favor de la justicia “por mano propia”, o sea los linchamientos, de difundirse la impresión de que el gobierno apoya a los delincuentes por creer que lo ayudan a intimidar a la población so pretexto de que en su conjunto es responsable del estado del país, no tardarían en producirse las tan temidas explosiones sociales. Lo que sucedió en vísperas de la Navidad pasada, cuando, de resultas del autoacuartelamiento policial, el país se convirtió pasajeramente en una vasta zona liberada, debería haberles advertido de lo peligroso que es intentar prescindir de las fuerzas de seguridad. En aquella oportunidad miles de sujetos no titubearon en saquear las casas o negocios de sus vecinos. De profundizarse la recesión y continuar aumentando los precios, el país correría el riesgo de ver más desmanes igualmente aleccionadores.
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