Frenesí y sensualidad de Carnaval se adueña de cada rincón de Brasil
Además de los sofisticados desfiles de las “escolas de samba” que se realizan en las principales ciudades de Brasil, toda la sensualidad, alegría y frenesí del Carnaval mantiene hoy y desde hace cuatro días a millones de personas en una suerte de éxtasis festivo y desenfrenado que se adueña de las calles, playas y barrios de cada rincón del país.
En el estado más rico, Sao Paulo, diversas ciudades del interior además de la capital metropolitana festejan la tradicional fiesta de manera casi ininterrumpida desde el sábado, de la mano de los “blocos” callejeros que recorren las calles ataviados con creativos disfraces y arrastran a millares de personas tras de sí.
En horas tempranas de la tarde se acostumbra a celebrar desfiles “matiné”, para niños, mientras que a medida que avanza la noche, los festejos suben de tono y los “foliones” (bailarines) sucumben a los placeres de la “fiesta de la carne” con la venia del Rei Momo.
En Río de Janeiro, los exclusivos barrios como Ipanema, Leblón y Copacabana se vieron invadidos por decenas de “blocos” populares, en los cuales el desenfreno deja margen también para la protesta, aunque ésta tome forma de manera divertida y creativa. Las “reivindicaciones” pueden ser en contra de la corrupción en la política, la pacificación de las favelas, o a favor de la Ley Seca.
Un grupo de amigos que tradicionalmente participa del desfile callejero carioca, por ejemplo, optó este año por disfrazarse de alcantarilla carbonizada, como forma de ironizar la serie de incendios de alcantarillas que se propagó el año pasado en Río de Janeiro y llegó a dejar varios heridos.
El año pasado, el grupo había salido disfrazado de sanitarios químicos, como forma de protestar ante la falta de dichos dispositivos en las calles durante el Carnaval.
El lunes, la comparsa callejera carioca “Volta, Alicia”, convocó a miles de personas con un enorme pasacalle que rezaba: “Para mi el fin del mundo es cuando acaba el Carnaval”. Junto a la agrupación desfilaron bajo un fortísimo sol, desde “defensores de la Ley Seca”, hasta brujas, superhéroes y varios personajes de cuentos de hadas, entre otros.
En Olinda, región metropolitana de la nororiental Recife, el carnaval callejero llevó a las calles el tradicional desfile de muñecos gigantes, entre los cuales se pudo ver nada menos que a Michael Jackson, Nelson Mandela y al presidente estadounidense Barack Obama.
En tanto, en Sao Luiz de Maranhao, en el noreste del país, donde los “blocos” callejeros forman parte de los encantos de su Carnaval, se destacó el más tradicional de ellos, los “Fuzileiros da Fuzarca”, que cumple 76 años y aún cuenta entre sus integrantes con varios de sus fundadores.
El grupo comenzó con algunos pocos otrora jóvenes, que durante la fiesta de Momo “batucaban” (hacían ritmo con sus tambores) en el centro histórico de la ciudad, convertido hoy en reducto de artistas y bohemios y punto de encuentro de las principales manifestaciones culturales del lugar.
En la pintoresca Salvador de Bahía, la ciudad que se jacta de celebrar el carnaval popular más multitudinario y largo de Brasil, ya que dura cinco días, los festejos callejeros continúan hoy de forma ininterrumpida y proseguirán hasta el miércoles inclusive -sin atender al inicio de la cuaresma-, llevando a millones de personas a calles del centro de la ciudad.
Un buen ejemplo de la irreverencia propia del festejo popular es la curiosa idea con la que el numeroso grupo “Filhos de Gandhy” se hizo a las calles. Los jóvenes y guapos integrantes del “bloco”, que suelen despertar gran atracción entre el público femenino, exhiben en sus cuellos manojos de coloridos collares que entregan a las mujeres a cambio de besos.
Y es que los intercambios de besos a desconocidos y por “decenas”, según los propios “foliones”, es tradición en la mayoría de los carnavales callejeros del país. Hasta tal punto está arraigada la costumbre de salir a besar e incluso competir por la cantidad de besos en la boca dados durante los desfiles, que las autoridades sanitarias hacen una campaña alertando sobre las enfermedades que se pueden trasmitir a través de esa práctica -llamadas inocentemente “enfermedades de los besos”-, y las farmacias ponen a la venta sprays antisépticos para que los “besadores” más precavidos se desinfecten la boca entre un beso y otro.
dpa
En el estado más rico, Sao Paulo, diversas ciudades del interior además de la capital metropolitana festejan la tradicional fiesta de manera casi ininterrumpida desde el sábado, de la mano de los “blocos” callejeros que recorren las calles ataviados con creativos disfraces y arrastran a millares de personas tras de sí.
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