“La inteligencia artificial no tiene límite”: entre el riesgo de perder el control y la oportunidad tecnológica

La advertencia de los líderes de la industria sobre la necesidad de moderar el desarrollo de la inteligencia artificial reabrió el debate sobre la autonomía de los sistemas. Belén Ortega, especialista en IA aplicada, analiza los riesgos, la necesidad de entornos seguros y el potencial de Vaca Muerta como polo tecnológico.

Por Mario Ñehuen

El riesgo de una IA sin control humano. Foto: gentileza Clarín

El riesgo de una IA sin control humano. Foto: gentileza Clarín

La inteligencia artificial atraviesa una etapa de aceleración que vuelve a poner una pregunta en el centro del debate tecnológico: ¿hasta dónde puede avanzar una tecnología que incrementa sus capacidades sin perder el control humano?

La advertencia del CEO de Anthropic, Dario Amodei, respaldada por Sam Altman, de OpenAI, y Elon Musk, de xAI, apunta precisamente a ese problema. Para Belén Ortega, empresaria y mentora especializada en inteligencia artificial aplicada y transformación digital, el riesgo aumenta a medida que los sistemas adquieren autonomía.

“Si aceleramos el desarrollo de una IA cada vez más autónoma y sin ningún tipo de restricción, de regulación y de control con el ser humano, podemos llegar a lo que se llama una superinteligencia artificial con capacidad de automejora recursiva”, explica.

Ese concepto describe una tecnología capaz de mejorar sus propias capacidades y desarrollar sistemas cada vez más sofisticados. “Va automejorándose de manera como si fuese un loop”, señala Ortega. En un escenario extremo, ese proceso podría superar la capacidad humana de supervisión.

  • Necesita límites

La especialista diferencia la IA generativa utilizada actualmente de una futura inteligencia artificial general, integrada no solo a computadoras y teléfonos, sino también a robots, dispositivos y distintos ámbitos de la vida cotidiana.

El desafío, sostiene, es que ese crecimiento tecnológico esté acompañado por controles. “Hoy la inteligencia artificial no tiene límites; lo que sí tenemos que tener en cuenta es que hay que tener ciertas restricciones y ciertas políticas de ciberseguridad en torno al desarrollo”, afirma.

Para Ortega, las medidas actuales todavía no son suficientes. La prioridad debería ser desarrollar y experimentar con los nuevos sistemas dentro de entornos controlados. “Se desarrolla la inteligencia artificial en un entorno seguro y eso es lo que no está pasando”, advierte.

La competencia entre las grandes empresas tecnológicas y entre Estados Unidos y China suma presión sobre esa carrera. La búsqueda por alcanzar nuevas capacidades puede llevar a acelerar procesos antes de que sus consecuencias estén suficientemente evaluadas.

“El cambio tecnológico, a diferencia de la revolución industrial o de la imprenta, es un cambio tan grande y tan rápido que hasta excede a veces el tiempo del ser humano”, sostiene.

  • Oportunidad para Vaca Muerta

Ese proceso también puede modificar el mapa tecnológico argentino. Ortega considera que Vaca Muerta tiene condiciones para convertirse en uno de los principales centros tecnológicos del país.

“Vaca Muerta va a ser uno de los principales polos tecnológicos de Argentina”, afirma. La especialista destaca el desarrollo de infraestructura vinculada con inteligencia artificial y centros de datos en la región, que puede sumar una nueva dimensión a una zona históricamente asociada con la producción de petróleo y gas.

Para Ortega, la oportunidad no está solamente en la producción energética. La infraestructura, la disponibilidad de energía y el crecimiento económico pueden favorecer la llegada de nuevos proyectos tecnológicos. “Va a tener un gran desarrollo que va a estar mano a mano con Capital Federal”, plantea.

Pero la especialista también identifica un riesgo más inmediato: que la IA amplíe las diferencias entre quienes sepan utilizarla y quienes queden al margen.

“Yo veo un riesgo más inminente todavía, que es el desarrollo de la clase alta y baja intelectual”, advierte. Quienes incorporen estas herramientas para capacitarse pueden aumentar sus capacidades, mientras que quienes deleguen completamente su criterio podrían perder habilidades.

Ortega define ese fenómeno como “sedentarismo cognitivo”, una dependencia que puede dificultar la adaptación a un mercado laboral atravesado por la inteligencia artificial.

El futuro, sin embargo, no está definido. “Lo veo como una gran oportunidad” si se consigue regular el desarrollo y crear entornos seguros. La IA puede aumentar la capacidad humana, mejorar la productividad y elevar la calidad de vida. El desafío será que la velocidad de la innovación no termine superando la capacidad de la sociedad para establecer sus propios límites.


La inteligencia artificial atraviesa una etapa de aceleración que vuelve a poner una pregunta en el centro del debate tecnológico: ¿hasta dónde puede avanzar una tecnología que incrementa sus capacidades sin perder el control humano?

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