“Fútbol para Pocos”

Por Redacción

Se ha instalado en la política el tema de Fútbol para Todos: el oficialismo afirma que debe seguir y los opositores liberales cuestionan su costo, discuten la propaganda oficial y tienden a la idea de mercantilizarlo o directamente volver a privatizarlo, convirtiéndolo nuevamente en “Fútbol para Pocos”, dejando a los que menos o nada pueden mirando tribunas y festejando los goles que no ven, como antes. El fútbol es un deporte social, igualador y dignificador que sólo requiere para su práctica de cuatro ladrillos, una pelota que puede ser de trapo y unos cuantos pibes, aunque estén descalzos. Un chico puede jugar solo, haciendo jueguitos; dos ya juegan a cabecear o a patear penales; tres se convierten en un certamen; cuatro o más en un partido y, en el caso de que sean muchos, en un campeonato. El fútbol es algo que uno no necesita practicar para ser partícipe… basta con poder verlo, en vivo o a través de Fútbol para Todos; es, a todas luces, un fenómeno social extraordinario, un milagro sociabilizador que hace mutar como por arte de magia a las personas dándoles tema de diálogo y haciéndolas sentir diferente. Por ejemplo, un hombre que trabaja de peón albañil y se levanta de lunes a sábados a las seis de la mañana para ingresar en su obra, previo viaje, a las siete tras desayunar unos mates con un mendrugo de pan para durante la mañana realizar tareas pesadas, contaminantes y riesgosas que no sólo consumen su fuerza física sino también mental, por el riesgo que encierran, luego al mediodía hará un paréntesis de media hora y se sentará a matear sobre unos ladrillos que harán las veces de asientos, acompañando el mate con pan y paté, un sándwich o algún guiso con poca carne, en el mejor de los casos, para continuar al rato su labor extenuante que culmina a las 17. Ese hombre percibe de 200 a 250 pesos diarios y no cobra los días que no trabaja, ya sea porque son feriados o por inclemencias del tiempo. Esa exigua cantidad de dinero sólo le permite vivir en la pobreza y comer una sola vez por día, a la noche, junto a su familia. Tienen que vestirse, él y su familia, de forma precaria y equipar su hogar con menos que lo elemental. Para ese hombre todo gasto fuera de la sobrevivencia pasa a ser una carga muy difícil de soportar, útiles para el colegio, unos pesos para una salida, etc. Y qué decir el solventar una enfermedad, porque muchísimos de ellos están en negro y no poseen cobertura de ningún tipo. Ese hombre es un perdedor social, un marginado invisible para la sociedad. Esto cambia cuando juega el equipo de sus amores. Entonces, provisto de una camiseta con sus colores, se transforma en un igual a todos y si su equipo gana se convierte por arte del fútbol en un triunfador, un triunfador que sale a la calle y puede mirar con superioridad al poderoso de la esquina o al doctor de la otra cuadra, si es que pertenecen al equipo derrotado. Ese hombre ese día festeja, grita su triunfo, ese logro que jamás pudo conseguir; ese día ese hombre se dignifica, se iguala, convirtiéndose en un triunfador a través de Fútbol para Todos. Por eso el liberalismo quiere el “Fútbol para Pocos”, porque sabe que es primordial que el hombre a explotar, a expoliar, sea sumiso, se sienta un nadie, un nada, y jamás sospeche que puede triunfar y mucho menos que se sienta un igual. Antonio Tourville, DNI 7.817.849 Las Grutas

Antonio Tourville, DNI 7.817.849 Las Grutas