Saber lo que comemos: por qué defender el Etiquetado Frontal es cuidar tu salud y la de tus hijos

Existe el mito de que los sellos destruyen la economía o aumentan los costos, pero los datos muestran todo lo contrario. Justo cuando la obesidad infantil es una realidad preocupante en nuestras comunidades, dejar caer esta ley vuelve a poner a familias e individuos en un lugar de desprotección y desinformación.

Por Redacción

Foto: Gentileza.

Prof. Lic. Samuel B. Garcia – Nutricionista / MP:108

La propuesta de dar de baja la Ley de Etiquetado Frontal (N° 27.642) abrió un debate que va muchísimo más allá de ver o no unos stickers negros en el supermercado. Lo que realmente se está discutiendo hoy en el Congreso es algo básico pero fundamental: nuestro derecho a saber, con la verdad y sin vueltas, qué estamos metiendo en el changuito. Es defender nuestra salud y la de nuestras familias frente a las estrategias de marketing de las grandes marcas.

Para entender de qué se trata esto, lo primero que tenemos que hacer es sacar la discusión de la grieta política o ideológica y traerla a la realidad del día a día. Cuidar esta ley no es una bandera de ningún partido político; es una cuestión de salud pública, de pragmatismo y de ciencia. Lo que pedimos está respaldado por investigaciones serias hechas acá en Argentina, pensadas por y para los argentinos. No es una opinión o un capricho: es una solución real que mide cómo nos alimentamos.

El derecho a la verdad: ¿Por qué sirven los octógonos?


Quienes quieren derogar la ley dicen que genera «trabas económicas» o que hay que esperar a que se pongan de acuerdo todos los países de la región. Pero se olvidan de algo que todos vivimos: la famosa «letra chica» al dorso de los paquetes se hizo a propósito para que nadie la entienda. Pedirle a una persona que va corriendo al súper después de trabajar que se ponga a calcular porcentajes de sodio o grasas saturadas en el medio de la góndola es, en la práctica, ocultarle la información.

Nuestros científicos y profesionales de la salud ya sabían que esto pasaba. Entre 2020 y 2021, el Ministerio de Salud de la Nación y la Federación Argentina de Graduados en Nutrición (FAGRAN) hicieron un estudio con casi 1.200 consumidores en distintas ciudades del país. Probaron distintos sistemas de etiquetas y los octógonos negros ganaron por goleada: resultaron un 62,4% más eficaces para que cualquier persona pudiera identificar los ingredientes poco saludables en menos de dos segundos.

Los sellos negros no le prohíben la compra a nadie. Simplemente traducen de forma directa lo que la industria alimentaria intentó tapar durante años con palabras como «light», «natural» o «enriquecido». Es poner la verdad a la vista de todos.

Una ley que la gente adoptó y valora


Lejos de ser una molestia, los argentinos nos apropiamos de esta herramienta. A fines de 2023, una encuesta del Ministerio de Salud de la Nación mostró que el 90% de la población está a favor de los octógonos y un 89% los encuentra súper útiles para decidir rápido y con información real.

Esto no es solo un número frío. En mayo de 2025, un informe cualitativo de FAGRAN analizó cómo reaccionamos en el día a día. El estudio demostró algo genial: la ley nos empoderó. Hoy, cualquier vecino o vecina puede entrar al súper, mirar un paquete y elegir conscientemente (por ejemplo, llevando un producto que tiene un solo sello en lugar de uno que tiene tres). Dejamos de ser compradores pasivos para ser consumidores informados.

Cuidar a los más chicos frente a las trampas del marketing


El corazón de esta ley no está solo en el frente de los envases, sino en cómo protege a las infancias. La norma prohíbe que los productos que llevan algún sello usen personajes infantiles, dibujitos animados, deportistas, o que traigan juguetes, regalos o promociones. Tampoco permite que estos productos se vendan o promocionen dentro de las escuelas.

Todos sabemos que en la niñez es donde se arman los hábitos para toda la vida. Una investigación llevada adelante en el país por la Fundación InterAmericana del Corazón (FIC Argentina) demostró el impacto de esto: cuando aparecieron los sellos, se desplomó la imagen de «saludables» que la gente tenía de productos como los yogures azucarados o los cereales de desayuno. La ley logró desarmar ese marketing engañoso que apuntaba directo a los chicos. Dejar caer esta ley es dejarlos desprotegidos otra vez, abriéndole la puerta a publicidades agresivas justo cuando la obesidad infantil es una realidad preocupante en nuestras comunidades.

Cambios reales: en la mesa y en las fábricas


Existe el mito de que los sellos destruyen la economía o aumentan los costos. Los datos muestran todo lo contrario: la ley funciona como un motor para que las cosas mejoren. Por un lado, las familias cambiamos para mejor. Un estudio del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia de la UCA y la Fundación Alimentaris (diciembre de 2024) descubrió que el 33% (un tercio de los hogares del país) cambió sus hábitos de compra gracias a los octógonos, ya sea dejando de llevar esos productos o buscándole un reemplazo más sano.

Por el otro, las empresas también se tuvieron que adaptar. Entre finales de 2023 y principios de 2024, un estudio de góndola hecho por los investigadores Albornoz y Britos demostró que la ley obligó a las marcas a cambiar sus recetas. Para evitar el «manchón» del sello negro, muchas empresas bajaron de forma real el sodio y el azúcar en alimentos cotidianos como quesos blandos, medallones de cereales y legumbres. Ganamos todos.

La salud no es un gasto


Dejar nuestra salud en pausa a la espera de debates eternos entre empresas o mercados regionales es descuidar lo nuestro. La salud de nuestra población no puede ser vista como un «costo regulatorio» o una molestia burocrática.

Cuando un Estado decide no advertir a sus ciudadanos sobre lo que consumen, no está ahorrando dinero; solo está pasando la factura para más adelante. El costo real lo vamos a pagar en el futuro, con hospitales y sistemas de salud saturados por enfermedades crónicas que se pueden prevenir, como la diabetes, la hipertensión o los problemas del corazón.

Un logro colectivo que hay que cuidar


La Ley de Etiquetado Frontal en Argentina tiene un camino impecable y lógico: nació de la ciencia local (2020), se instaló con el apoyo masivo de la sociedad (2023), mejoró la calidad de los alimentos que se fabrican (2024) y hoy ayuda a las familias a cuidar su economía y su salud.

Dar marcha atrás con esto no es defender la libertad de comercio; es defender el derecho de las corporaciones a ocultarnos información. Defender los octógonos es defender la verdad, nuestra salud y el futuro de las próximas generaciones. La vida de la gente tiene que estar siempre por encima de cualquier balance comercial.


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