Hacia un destino desconocido

Por Redacción

Al iniciar su gestión en mayo del 2003, el en aquel entonces flamante presidente Néstor Kirchner hizo de la “construcción del poder” su prioridad, empresa que a su juicio supondría la elección cuidadosa de “enemigos” contra los cuales le sería fácil movilizar a los demás. La estrategia funcionó tan bien que seguiría aplicándola su esposa, quien lo sucedería en la presidencia. Lo mismo que su marido difunto, Cristina Fernández de Kirchner se dedica a acumular poder, de ahí el grito de batalla del movimiento que encabeza, “vamos por todo”, sin prestar atención a las protestas de quienes temen por el futuro de las instituciones republicanas. Aunque la presidenta y sus partidarios se afirman comprometidos con un programa casi revolucionario de cambios que, dicen, hará de la Argentina un país mucho más igualitario, a juzgar por los resultados concretos de su gestión se trata a lo sumo de una aspiración, ya que conforme a los datos no oficiales –los aportados por el Indec tienen más que ver con la propaganda gubernamental que con la realidad– la brecha entre los muchos pobres y la pequeña minoría rica es virtualmente idéntica a la registrada hacia finales de la década de los noventa. Se lo haya propuesto o no Cristina, el “proyecto” kirchnerista, al que todo ha de ser subordinado, sigue consistiendo solamente en la “construcción del poder” tanto político como económico y hasta cultural. Los “proyectos” de este tipo no pueden prosperar indefinidamente. Se asemejan a aquellas burbujas financieras que a veces alcanzan dimensiones impresionantes pero siempre terminan estallando, con consecuencias nada felices para quienes creían que durarían por mucho tiempo más. A veces, Cristina parece consciente de que todo es pasajero en esta vida, que “no somos eternos”, como dijo en el acto que se celebró el 27 de abril en una cancha de fútbol, pero así y todo continúa concentrándose en la empresa que “le legó” su marido, procurando debilitar a quienes se resisten a rendirle homenaje y ayudando a los suyos a ocupar cada vez más espacios en distintos sectores de la economía. Habla mucho de la presunta necesidad de que el Estado desempeñe un mayor rol en la economía, pero no puede sino entender que en nuestro país el Estado forma parte del botín disputado por fracciones políticas, y que hace mucho dejó de estar en condiciones de cumplir con un mínimo de eficacia las mismas funciones que los de sus hipotéticos equivalentes de Europa, América del Norte, las democracias de Asia oriental y Oceanía. Para que el kirchnerismo resulte ser algo más que una burbuja, el gobierno de Cristina tendría que aprovechar el poder que ha acumulado para dotar al país de lo que necesite para prosperar en el sumamente competitivo mundo que ya está configurándose, pero sucede que, luego de una gestión que pronto cumplirá nueve años, le teme al cambio. Siempre ha sido conservador, ya que desde el vamos los kirchneristas se han esforzado por deshacer lo hecho por gobiernos anteriores con el propósito de volver a la primera mitad de los años setenta del siglo pasado para entonces reanudar la marcha por un camino que el país había abandonado, pero últimamente se han hecho todavía más reaccionarios, tanto que a menudo parecen ser contrarios por principios a las inversiones productivas. Asimismo, a esta altura es evidente que no les interesan en absoluto la educación, la investigación científica o cualquier otra actividad que ayudaría a hacer más “competitivo” al país. En teoría, los kirchneristas no quieren que la Argentina sea una potencia “agroexportadora”, ya que se suponen industrialistas por vocación, pero la verdad es que depende más que nunca del precio internacional de un solo producto, la soja, mientras que la industria, rodeada como está de barreras proteccionistas, difícilmente sobreviviría a una eventual apertura. Por lo demás, tal y como están las cosas, se prevé que la inflación seguirá cobrando más fuerza y que, a pesar de la inyección de fondos frescos que le habrá supuesto al gobierno la expropiación de las acciones de Repsol en YPF, la caja kirchnerista no tardará en quedar vacía. Por desgracia, el “proyecto” de Cristina, como tantos otros de características similares que han surgido en América Latina, resulta esencialmente estéril ya que sólo es capaz de procrear ilusiones.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 945.035 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Domingo 6 de mayo de 2012


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