Historias de resistencia y cambios
Almudena Grandes brinda una fotografía de la contemporaneidad española en su novela “Los besos en el pan”.
Literatura
La última novela de Almudena Grandes, “Los besos en el pan”, compone una fotografía del presente español y conjura la crisis económica con un escenario que parece encajar en la actualidad de cualquier país de Occidente, una incursión en la intimidad de un barrio donde los protagonistas son el colectivo, los lazos y la lucha de los vecinos por “seguir siendo quiénes son”. “Si nuestro abuelos nos vieran, se morirían primero de risa, después de pena. Porque para ellos esto no sería una crisis sino un leve contratiempo. Pero los españoles, que durante muchos siglos supimos ser pobres con dignidad, nunca habíamos sabido ser dóciles. Nunca, hasta ahora”, escribe Grandes en el libro publicado por Tusquets.
Dolores Pruneda Paz
De esa manera la escritora planta el eje de una novela donde deja el pasado -cubierto con los extensísimos “Episodios de una guerra interminable” que abarcan desde la Guerra Civil Española al franquismo- y narra el presente de España partiendo de columnas de opinión que venía realizando semanalmente para una radio y el diario “El País” tras la crisis de las hipotecas. “Esta es la historia de un barrio de Madrid, que se empeña en resistir, en seguir pareciéndose a sí mismo en la pupila del ojo del huracán”, escribe. El suyo propio admitirá más tarde en diálogo telefónico con Télam. Un barrio “donde muchos se han hundido -como Antonio, técnico de subterráneos despedido-, pero donde son más los que resisten por sí mismos y por los demás, y se obstinan en cultivar esos viejos ritos, sus costumbres de antes para no dejar de ser quienes son, para que sus vecinos puedan seguir llamándoles por su nombre”. De ese lado está, por ejemplo, Marisa, redactora de plantilla en el área de programas informativos de la tevé pública de Madrid, para quien “los días siguen teniendo veinticuatro horas pero le sobran más de las que le faltaban cuando iba todas las mañanas a trabajar”, despedida con 30 años de antigüedad cuando “el gobierno de España se propuso convencer a los ciudadanos de que los funcionarios son unos vagos que se pasan la vida tomando café”. Grandes habla de una brecha generacional y de un mundo sin grandes luchas, defensas ni grandes movimientos, habla de nuevas generaciones desorientadas, que al haber decidido olvidar lo malo de su historia también olvidaron lo bueno y así han quedado: “como un niño mimado al que le han sacado sus juguetes y no sabe protestar, reclamar lo que era suyo”. “Este es un libro casi impresionista -dice al teléfono mientras recorre su casa madrileña en busca de un cenicero-, está formado por impresiones de una realidad instantánea, es un boceto de lo que está pasando ahora mismo en España” Si bien no se parece a ninguna novela que haya escrito antes, Grandes rastrea el origen de “Los besos en el pan”, esa costumbre que tenían sus abuelos al recoger la masa cuando se caía para devolverla a la panera, en “Las tres bodas de Manolita”, un libro situado en los 40, “época que los españoles llamamos ‘los años del hambre’”. “Había mucho en común: ocupaciones, paros (despidos), desahucios (desalojos), familias donde era un drama que un niño enfermara, cosas que desde que estalló la crisis económica en España forman parte de los titulares de los periódicos”, dice la escritora. A lo que se suma el crisol de un movimiento migratorio antes impensado y delineado en estas páginas por Guan-yin y las chinas de Manicura Shangai; o el marroquí Amhed y el ecuatoriano Santi, amigos de Mariana, la hija de Diana, quienes se apoyan en la toma del centro de salud que el municipio pretende cerrar. “Me pareció sobrecogedor y cedí a la tentación de ver si podía contar lo que estaba pasando”, explica Grandes, quien como columnista de esa crisis que comenzó en 2006 “estaba obligada a interpretarla”. Así es que pensó en su abuelo para abordarla, quien “no tan formado ni cosmopolita, y más pobre seguro, era de una generación que vivió la pobreza con dignidad, algo que perdieron los españoles de la era global y del consumo”, dice la escritora. “La pobreza no excluía la esperanza ni aspirar a la felicidad -continúa-, pero en los últimos 20 años España ha olvidado que siempre ha sido pobre, olvidó la cultura de sus abuelos y se ha creído que felicidad es igual a consumo”.

DE CRISIS Y RESISTENCIA Es un cambio de época, asevera Almudena Grandes, “pero nada ocurre por casualidad”, a fin de siglo “nos enseñaron que la historia había terminado, ya no había izquierda ni derecha, ideas que no tenían que ver con el nuevo mundo feliz y globalizado de las autopistas de información”. El nuevo siglo llegó “con ataques brutales al movimiento sindical como si fuera una organización criminal de gente que cobraba sin trabajar, con promesas de autoempleo desde casa y las trincheras donde podían parapetarse nuestros antepasados para resistir dejaron de existir”. Así llegó la crisis de las hipotecas o el estallido de la burbuja inmobiliaria -que se remonta a la falta de confianza crediticia de Lehman Brothers- a la que Grandes define como “una guerra que hemos perdido de los especuladores financieros contra la soberanía de las democracias”. La lucha es la propia vida, su mapa de afectos, las nociones de identidad y lo que significa en la inmediatez de lo cotidiano, y “una de las características de esta crisis -indica-, es que por primera vez en la historia del capitalismo, la han pagado todas las clases sociales con excepción de los hiperprivilegiados”. “Había capas universitarias, profesionales y liberales que paraban el golpe pero esto se acabó -señala-. España está llena de médicos, abogados, arquitectos, ingenieros brillantes y experimentados a quienes les ha pasado lo que no podía ser”, como al Sebastián de su libro, exitoso emprendedor que pasa de liderar una firma a trabajar en una garita de seguridad, sin casa ni familia que lo sostenga. Pero Grandes adoptó “el punto de vista de los resistentes -dice-, el de la gente que se niega a ceder o desmoronarse en una sociedad donde ya no hay trincheras y en la cual la militancia ha cambiado de sentido, entonces muchas veces la resistencia es simplemente no olvidar quién eres y recordar que si has sido más o menos feliz con 10 también lo serás con cinco, sin dejar de vivir tu vida ni aspirar a la felicidad”. Fuente: Télam.
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