HISTORIAS PATAGÓNICAS: Pershing se despidió con un paseo a Playa Bonita

El encumbrado general norteamericano quiso recorrer la costa del lago Nahuel Huapi antes del almuerzo de despedida, ornado con banderas norteamericanas. Salió en automóvil para Comallo y el pueblo quedó en silencio a la espera de Carlos Wiederhold, pionero del lugar.

Redacción

Por Redacción

El miércoles 14 de enero de 1925 la caravana de automóviles partió desde la sede de la flamante sucursal del Banco de la Nación de la esquina de Mitre y Villegas de San Carlos de Bariloche. Fue después del almuerzo de bienvenida al general John J. Pershing y su comitiva. El caserío terminaba a pocas cuadras y la polvareda marcó el rumbo Este que tomaron los automóviles. Pasaron frente a algunos tambos antes de vadear el Ñirihuau y luego balsearon el Limay para seguir por el camino de grava hasta la estancia de texano Jarred Jones.

La mayor fama del general norteamericano la consiguió durante la Primera Guerra Mundial. Venía de tratar como árbitro -a nombre del presidente William D. Coolidge- el conflicto entre Chile y Perú por Tacna y Arica.

Viajó a Puerto Varas y cruzó a la Argentina por el único paso factible en esa latitud y aquella época. Por el mal tiempo pernoctó en Puerto Blest con sus14 colegas uniformados. Los diarios chilenos, especialmente El Mercurio, hicieron un cuidado seguimiento de la gira con la cautela y la seducción que el gobierno esperaba, ya que el viajero tenía buena parte de la decisión en el conflicto (de fallo salomónico: Tacna para Perú, Arica para Chile).

Uno de los corresponsales que siguieron la gira por Chile cablegrafió a La Nación (nota del 12/01/1925) los detalles de los agasajos, incluso cuando visitó «los reductos indígenas, donde fue festejado por los caciques, quienes lo obsequiaron con espléndidas telas que representan al general Pershing, impresionado por la atención». También informó que «la comitiva se ha internado hacia Bariloche para seguir a Neuquén en viaje por la Argentina».

 

Cordialidad de los Jones

 

Cruzada la frontera y tras el pernocte en Blest, la comitiva navegó el Nahuel Huapi a boro del Cóndor. El programa, corregido, preveía una noche de hospedaje en las dependencias de la agencia del Banco de la Nación; el jueves 15 continuaría la gira hacia Buenos Aires.

El protocolo a nivel nacional preveía un almuerzo con el canciller argentino Le Bretón, agasajos en Campo de Mayo y el banquete ofrecido por el presidente Alvear. Un viaje a Mar del Plata coronaría la gira antes de la portuaria despedida. En Montevideo le aguardaría el acorazado Utah.

De la visita en Bariloche a la estancia de Jones, hubo elogios (según LN). «Como a las 18 regresaron ayer (el general y su comitiva) de su excursión al establecimiento ganadero de

D. Juan Jones…» (por Jarred). El paseo lo realizó «el general Pershing, el almirante Dayton y la oficialidad que acompaña a los viajeros»…quienes «mostraronse satisfechos, señalando la importancia del establecimiento visitado y la exquisita amabilidad de los dueños de casa que se prodigaron en el cordial recibimiento».

El general no sólo tomó resignadamente mate, sino que, más complacido, «bailó un tango con una de las niñas de la casa…» (seguramente Matilde Jones, hija de Jarred, más tarde de Barber y entonces de 24 años) porque en «la estancia improvisose un baile del que participaron varias parejas».

La partida a Comallo programada para la mañana siguiente se postergó para la tarde. No podían desairar el almuerzo de despedida en hotel España, y la recepción en la escuela Francisco P. Moreno: faltó tiempo.

El primer plan para llegar a Buenos Aires era repetir el ofrecido a Roosevelt casi 12 años antes, es decir, 500 kilómetros en automóvil hasta Neuquén. El Ministerio de Guerra asignó ayudantes del visitante al Tte. Cnel. Francisco Guido Lavalle y al mayor Parker que lo esperarían en Neuquén.

Pero hubo cambios. Ya el martes 13 de enero, en la cancillería argentina, «se esperaba el informe preciso acerca de la llegada a Bariloche de Pershing…para resolver algunos detalles de los agasajos al ilustre jefe del Ejército de la Unión.

 

En el feudo de Roth

 

Si el general Pershing acepta la ruta propuesta por el gobierno, que sería por el ferrocarril San Antonio a Nahuel Huapi para dirigirse directamente a Buenos Aires por Viedma a Patagones, podría llegar a la metrópolis en las últimas horas del domingo», señaló La Nación.

Se descontaba el sí de Pershing y por esa razón el Tte. Cnel. Guido Lavalle viajó a Patagones, aunque asistido por el Tte. Mac Hannaford. A su vez, previsoramente, la Cancillería despachó un tren especial de los FFCC del Estado desde Viedma a la punta de rieles (Comallo) a poco más de 100 kilómetros del lago Nahuel Huapi. El FC Sud británico, a su vez, envió a Patagones a Enrique Beccar para ajustar todos lo detalles del viaje en tren desde allí a Constitución.

Pero recién los diarios reproducían los últimos pasos del visitante por Chile, aunque pronto se conoció en Santiago la opinión del general antes de cruzar la frontera: «Llegamos a Chile admirando a los chilenos. Nos vamos amando a los chilenos». La ponderación la registró la delegación trasandina que despidió a Pershing en Peulla frente al lago Esmeralda, a la vista del cerro Puntiagudo, el feudo de Ricardo Roth.

El plan alternativo para llegar a Buenos Aires se confirmó apenas el canciller Dr. Angel Gallardo recibió un telegrama del general desde Bariloche tras conocer lo propuesto. Agradecía «su amable mensaje de bienvenida en el momento de nuestra llegada al territorio argentino. Nos será grato aceptar todas las facilidades concedidas por V.E. para nuestro viaje a Buenos Aires vía San Antonio y Bahía Blanca…».

En términos diplomáticos, la cancillería le ahorró fatigas carreteras a Pershing y le brindó menos kilómetros de ferroviaje británico (no los 1200 hasta Neuquén). Razones proporcionales obligaban a morigerar los homenajes a Pershing a 8 meses del programado arribo, más pomposo, del príncipe de Gales a fines del invierno siguiente.

 

Un brindis bajo bandera

 

No casualmente el 12 de setiembre de ese año, el hijo del rey Jorge pondría la piedra fundamental de la nueva terminal ferroviaria de Constitución. No existen dudas que entonces la mirada internacional estaba puesta en Sudamérica, y al renunciar en Washington el secretario de Estado, los analistas chilenos sospecharon que el presidente norteamericano William David Coolidge había suscripto el fallo de Tacna y Arica tras el informe de Pershing.

La noche del miércoles 14, en Bariloche, el general se derrumbó por cansancio en la cama de su hospedaje en las dependencias del Banco de la Nación. A la navegación desde Blest y el viaje hasta la estancia Jones, agasajo y baile, se sumaban a las fatigas acumuladas en Peulla, donde también hubo cena con vinos de Curicó y de Maipo, e inmediatamente un prolongado baile de honor.

A la mañana siguiente tuvo tiempo para ir hasta Playa Bonita. Luego, con el salón del hotel España decorado con banderas norteamericanas, le fue ofrecido el almuerzo «por el jefe de la comuna Dr. Manuel del Olmo en un breve y expresivo discurso…», según La Nación.

El homenajeado le respondió de pie: «Estamos encantados de ver nuestras banderas y del placer, más grande aún, de ofrecer este brindis a la amistad de ambas naciones…». De inmediato partiría para Comallo para seguir en tren por el ancho territorio de Río Negro y cruzar a Patagones.

Los barilochenses se abocaron, entonces, a preparar los festejos del 30º aniversario de lo que en ese tiempo consideraban al fundación informal de Bariloche: llegaría desde Chile don Carlos Wiederhold, el pionero a homenajear.

 

(Continuará)

FRANCISCO N. JUAREZ

fnjuarez@sion.com


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