Honduras se reincorpora a la OEA



Hace ya dos años, el entonces presidente de Honduras, el repentino converso “bolivariano” Manuel “Mel” Zelaya impulsaba –mañosamente– la posibilidad de su reelección, de la mano de Hugo Chávez y pese a la existencia de una clarísima prohibición constitucional. La aventura terminó muy mal para él. Luego de que todos y cada uno de los demás poderes del Estado hondureño rechazaran específicamente el intento, Zelaya fue finalmente derrocado. El “conflicto de poderes” por él generado derivó así, para su desdicha, en su propia e inmediata remoción. Lamentable, por cierto. Tan pronto ello sucedió, sus aliados “bolivarianos” y algunos otros simpatizantes (como la Argentina) se sintieron heridos y amenazados, por lo que presionaron fuertemente a las autoridades hondureñas en procura de forzar la inmediata “reposición” de Zelaya. No obstante, las fuerzas políticas hondureñas no cedieron un palmo y la crisis entonces se hizo más profunda; a punto tal que Honduras fue suspendida en su membresía en la Organización de los Estados Americanos (OEA). Luego Honduras organizó elecciones libres y ordenadas en las que, por una abrumadora mayoría, el pueblo de ese país eligió como presidente a Porfirio Lobo, quien no obstante continuó siendo rechazado por algunos de los Estados miembros de la OEA. Entre ellos, por Argentina y Brasil, cuyas autoridades manejaron torcidamente la crisis y quedaron absolutamente desairadas en el intento, hundidas en su tremendo e inocultable fracaso diplomático. Paso a paso la comunidad internacional comenzó a reconocer al nuevo gobierno hondureño, como cabía esperar. De allí que el retorno de Honduras a la OEA era sólo una cuestión de tiempo. Y sucedió. Aunque por un camino inusual: una gestión personal del presidente de Colombia, a la que convocó a su colega y vecino Hugo Chávez (lastimado por las revelaciones de sus vínculos con las FARC y el narcotráfico que ellas protagonizan). Ambos mandatarios lograron reconciliar a Porfirio Lobo y “Mel” Zelaya, generando el ambiente y las medidas necesarios para que el último regresara finalmente a su propio país, dejando atrás el exilio del que gozaba en la República Dominicana. No por ello fue entonces casual que la excelente canciller colombiana, María Angélica Holguín, presidiera la sesión extraordinaria del organismo regional que decidiera poner fin a la suspensión de Honduras. No aprobó, en cambio, el juzgamiento de los “responsables” de lo sucedido en Honduras dos años antes. Hubiera sido complicado, puesto que el principal responsable de lo acontecido es el propio Zelaya. De allí que la moción, propuesta como cabía esperar por el canciller venezolano, Nicolás Maduro, fracasara rotundamente. Pese a lo cual, el repentinamente “principista” presidente de Ecuador, Rafael Correa, instruyó a su delegación a votar vergonzosamente en contra del levantamiento de la suspensión hondureña, esto es en contra de la reconciliación, voto con el que quedó naturalmente en total soledad. Ni siquiera la intervencionista Venezuela lo acompañó. Paso en falso, entonces. Uno más para el cada vez más autoritario ecuatoriano. La vicepresidenta de Honduras, que encabezó la delegación de su país en el día histórico, exultante, acotó con razón que durante la crisis que quedaba atrás “hubo grandes y pequeños desaciertos, y no todos achacables a nosotros”. Fue así. Lo cierto es que Honduras participa ahora en la asamblea anual de la OEA que, en El Salvador, se ocupará de un problema que afecta a todos: las cada vez mayores actividades del crimen organizado en toda la región. Horas después, Hugo Chávez, ratificando así una nueva actitud y un aparente cambio de rumbo, devolvía a Colombia al segundo alto líder de las FARC que Venezuela entrega a su vecino. Me refiero al músico y autor de los himnos de las FARC, Guillermo Torres (más conocido como Julián Conrado), quien –luego de 28 años de militancia en las FARC– siendo uno de sus más altos dirigentes, regresa ahora detenido a Colombia, su país. Torres, recordemos, había participado en las tratativas de paz que fracasaron en tiempos del presidente colombiano Andrés Pastrana (1998-2002). En ellas representaba ciertamente a las FARC. (*) Ex embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

EMILIO J. CÁRDENAS (*)


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