“Hubiera cumplido 60 años”



Se llamaba Carlos Enrique Esponda. Había nacido el 6 de septiembre de 1952 en esta ciudad. Era mi único hermano. Dos años mayor que yo, transitó por los mismos lugares: primero en el Colegio San Miguel y luego en el Domingo Savio. Fue en esta ciudad donde forjó sus ideales de compromiso, justicia y verdad. A los 14 años obtuvo el primer premio en un concurso sobre la paz promovido por el Club de Leones a nivel nacional. Inició sus estudios universitarios en Buenos Aires y posteriormente los continuó en La Plata, en el área de Economía. Formó una familia con su esposa María Esther. Dejó su recuerdo en dos hijas, de nombre Alejandra y Natalia, que en el momento de su desaparición contaban con días y dos años de edad. Cursaba su último año cuando, faltándole pocas materias, fue detenido, el 29 de junio de 1977 entre las 22 y las 23 en su domicilio real (nunca se ocultó de nada) de Calle Nº 65 133l por personal que se identificó como militar y detuvo también a su esposa, quien fue liberada al poco tiempo. Por aquellos días la patria transitaba momentos difíciles, con expresiones que todavía hoy no podemos entender. Dijo un general del Ejército: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después… a sus simpatizantes, enseguida… a aquellos que permanecen indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos”. (General Ibérico Saint Jean, gobernador de la provincia de Buenos Aires, mayo de 1977) En ese entonces nos preguntábamos qué nos pasaba como país, cómo era posible que un general pudiera expresarse así para con sus propios compatriotas. Desde aquel día, y a pesar de todas las gestiones y los hábeas corpus presentados, nunca más lo vimos. Se nos privó de recordarlo, de poder expresar alguna palabra que pudiera explicar lo inexplicable a mis padres, a su esposa, a su hija Alejandra de días y a Natalia de dos años al momento de su secuestro. En mi caso, tengo la gracia de atesorar las muchas charlas que tuvimos, su esperanza, su visión de este país, sus confidencias y sus miedos. Sé que hoy mira este presente y también sé que estamos muy lejos de todo aquello que pensamos, y si algo quiero transmitir por esta carta es que reflexionemos en este presente confuso. No podemos continuar en esta violencia social, ya sea desde un mínimo insulto, una agresión física o un pretender acallar ideas. No podemos avalar a quienes en sus razones mesiánicas creen conducirnos sin dejarnos disentir y expresar otras opiniones. Lamentablemente, hoy debemos seguir preguntándonos qué nos pasa. No podemos convalidar acciones que anulan derechos colectivos a cambio de los nuestros, porque estamos violentando aquellas libertades por las que una generación se perdió. Reflexionemos. Hermano. Te abrazo, a pesar de que tristemente debo decirte que todavía nos falta mucho camino, que espero que tu ausencia no siga siendo en vano, como algunas veces pienso. Te pido que, junto al Señor, me des las fuerzas suficientes para encontrar esa esperanza y transmitirla y que sea posible que este pueblo encuentre su destino. Eduardo Alberto Esponda DNI 11.223.672 Roca

Eduardo Alberto Esponda DNI 11.223.672 Roca


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