“Ideologías y personas”

Redacción

Por Redacción

Hace mucho tiempo que escucho a vecinos y amigos hablar mal de los funcionarios públicos en general, de las administraciones, de su desencanto con la clase política, y entre esas críticas se destacan aquellos que uno sabe que militan desde temprana edad en partidos tradicionales como el peronismo, el radicalismo o el partido que fuere. Si uno bucea un poco en los conceptos ideológicos de los grandes partidos políticos seguramente podrá encontrar muchas coincidencias en cuanto a lo que queremos para nuestra sociedad, pero rara vez se llega a cumplir (ideológicamente hablando) por parte de quienes arriban al poder con una u otra bandera. Es que lamentablemente existe, y cada vez más, un gran abismo entre las ideologías y las personas que dicen representarlas. Hagamos ejercicios fáciles de comprender, por ejemplo pensemos a Perón privatizando todos los servicios públicos o dejando que la renta financiera no pague impuestos, o a Yrigoyen aceptando unir sus fuerzas con los neoliberales o conservadores, o estar de acuerdo en privatizar la educación, o al Che Guevara apoyando a gobiernos donde los únicos intocables son los servicios financieros o especulativos y quienes manejan el juego se llevan las riquezas naturales y envenenan nuestra tierra. De verdad no imagino a ninguno de estos personajes defendiendo o haciéndose el distraído ante los ejemplos planteados. Sin embargo usted puede ver líderes y funcionarios públicos cuyo trabajo casi siempre resulta en darle más beneficios a quien más tiene y postergando a la mayoría de los argentinos. Es así que desde el advenimiento de la democracia después de la más cruel dictadura de que tengamos memoria los argentinos es que hemos ido avanzando un paso y a veces retrocediendo de a dos. Nos encolumnamos detrás de aquellos que dicen representar nuestra ideología y resulta que cuando llegan al poder se comportan como si nunca hubieran leído las bases por la cual se construyó esa ideología. Por eso la pregunta que cabe hacerse es: ¿se murieron las ideologías o se corrompieron las personas? Corromper significa pervertir a una persona, viciarla, echarla a perder, y eso es lo que creo que sucede con muchas autoridades, nos engañan con su discurso, pero una vez en el poder nos demuestran que están corruptos, y por lo tanto nos han engañado para llegar allí usando aquellas banderas que nos recuerdan nuestros principios ideológicos. Cada vez más esto sucede en cada elección, ya sea a intendente, concejal, diputado provincial o nacional, senador , gobernador o presidente de nuestro país. Se siguen utilizando los cuadros y banderas de los líderes que seguramente, si pudieran levantarse de su tumba, nunca avalarían lo que luego hacen en su nombre. Por eso creo que hay que investigar quién es el que nos convoca, cuál es su pasado, qué ha hecho durante su vida; porque las ideologías evidentemente no las están respetando, pero del pasado de cada uno no se pueden librar muy fácilmente. Si un funcionario levantó la mano para privatizar todo y luego la vuelve a levantar para estatizarlo nuevamente, es evidente que no es confiable para nada. Si un candidato nos habla de la pobreza y sus zapatos rara vez tocan el barro, tampoco son confiables sus palabras. Antes de votar hagamos el esfuerzo de chequear a cada uno de aquellos que nos pide que confiemos en él, porque tal vez encontremos que nuestra ideología mira al sur y el que nos pide el voto mira para el norte. Jorge L. Fernández Avello, DNI 12.862.056 Bariloche

Jorge L. Fernández Avello, DNI 12.862.056 Bariloche


Hace mucho tiempo que escucho a vecinos y amigos hablar mal de los funcionarios públicos en general, de las administraciones, de su desencanto con la clase política, y entre esas críticas se destacan aquellos que uno sabe que militan desde temprana edad en partidos tradicionales como el peronismo, el radicalismo o el partido que fuere. Si uno bucea un poco en los conceptos ideológicos de los grandes partidos políticos seguramente podrá encontrar muchas coincidencias en cuanto a lo que queremos para nuestra sociedad, pero rara vez se llega a cumplir (ideológicamente hablando) por parte de quienes arriban al poder con una u otra bandera. Es que lamentablemente existe, y cada vez más, un gran abismo entre las ideologías y las personas que dicen representarlas. Hagamos ejercicios fáciles de comprender, por ejemplo pensemos a Perón privatizando todos los servicios públicos o dejando que la renta financiera no pague impuestos, o a Yrigoyen aceptando unir sus fuerzas con los neoliberales o conservadores, o estar de acuerdo en privatizar la educación, o al Che Guevara apoyando a gobiernos donde los únicos intocables son los servicios financieros o especulativos y quienes manejan el juego se llevan las riquezas naturales y envenenan nuestra tierra. De verdad no imagino a ninguno de estos personajes defendiendo o haciéndose el distraído ante los ejemplos planteados. Sin embargo usted puede ver líderes y funcionarios públicos cuyo trabajo casi siempre resulta en darle más beneficios a quien más tiene y postergando a la mayoría de los argentinos. Es así que desde el advenimiento de la democracia después de la más cruel dictadura de que tengamos memoria los argentinos es que hemos ido avanzando un paso y a veces retrocediendo de a dos. Nos encolumnamos detrás de aquellos que dicen representar nuestra ideología y resulta que cuando llegan al poder se comportan como si nunca hubieran leído las bases por la cual se construyó esa ideología. Por eso la pregunta que cabe hacerse es: ¿se murieron las ideologías o se corrompieron las personas? Corromper significa pervertir a una persona, viciarla, echarla a perder, y eso es lo que creo que sucede con muchas autoridades, nos engañan con su discurso, pero una vez en el poder nos demuestran que están corruptos, y por lo tanto nos han engañado para llegar allí usando aquellas banderas que nos recuerdan nuestros principios ideológicos. Cada vez más esto sucede en cada elección, ya sea a intendente, concejal, diputado provincial o nacional, senador , gobernador o presidente de nuestro país. Se siguen utilizando los cuadros y banderas de los líderes que seguramente, si pudieran levantarse de su tumba, nunca avalarían lo que luego hacen en su nombre. Por eso creo que hay que investigar quién es el que nos convoca, cuál es su pasado, qué ha hecho durante su vida; porque las ideologías evidentemente no las están respetando, pero del pasado de cada uno no se pueden librar muy fácilmente. Si un funcionario levantó la mano para privatizar todo y luego la vuelve a levantar para estatizarlo nuevamente, es evidente que no es confiable para nada. Si un candidato nos habla de la pobreza y sus zapatos rara vez tocan el barro, tampoco son confiables sus palabras. Antes de votar hagamos el esfuerzo de chequear a cada uno de aquellos que nos pide que confiemos en él, porque tal vez encontremos que nuestra ideología mira al sur y el que nos pide el voto mira para el norte. Jorge L. Fernández Avello, DNI 12.862.056 Bariloche

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