Igualdad de oportunidades en el trabajo
La inclusión de la perspectiva de género en el ámbito de la gestión estatal implica necesariamente que el género sea institucionalizado. Reconociendo las desigualdades y asumiendo un rol de responsabilidad desde el Estado, podría afirmarse que estamos ante un primer gran paso en lo que a la decisión política e institucional se refiere.
En la Argentina la brecha salarial de género es, según la Organización Internacional del Trabajo, del 27,2%. Asimismo, las mujeres ocupan sólo el 7% de los cargos CEO; en esta instancia empresarial la brecha salarial asciende al 40%. Estos datos confirman la segregación vertical por sexo o lo que se denomina el “techo de cristal”, es decir, factores sociales y culturales que hacen de barreras en las posibilidades de ascenso jerárquico. Claramente no se trata de menos capacidades. Según el último censo, de 1.929.813 argentinos que completaron su formación universitaria, 1.050.662 son mujeres, y apenas 879.151, hombres.
En nuestra provincia podemos advertir según datos oficiales (Indec, 2013) que la tasa de participación en el trabajo doméstico no remunerado es en los varones de un 60% y en las mujeres, de un 91,8%; a su vez, los varones dedican a este tipo de actividad 2,4 horas y las mujeres el doble de tiempo: 4,4 horas. Éste es un factor clave a la hora de analizar la participación de las mujeres en el mercado laboral.
Podemos dar cuenta también de la segregación horizontal por sexo, observando los datos del censo 2010 que muestran que en Río Negro la mayor ocupación por rama de actividad para los varones es la construcción e infraestructura, y en cambio la limpieza doméstica y no doméstica es la actividad que más mujeres agrupa. Paradójicamente, la población con nivel universitario completo de la provincia ascendía durante el censo a 413.281 personas, de las cuales 15.699 eran mujeres y 12.666, varones.
Si bien los datos no son suficientes, sirven para construir una demanda orientada a la eliminación de barreras culturales y sociales que impiden el mejoramiento de la empleabilidad de mujeres y población trans (este último grupo absolutamente vulnerado y discriminado laboralmente).
A partir de la sanción de la ley provincial 5182 se creó en el ámbito de la Secretaría de Estado de Trabajo un espacio tendiente a la interacción entre el sector gubernamental, sindical y empleador. El fin último de la CTIO-Género es fortalecer la concertación y el diálogo social sobre la igualdad de oportunidades en el mundo laboral y como ámbito para la evaluación de políticas a favor de la equidad de género, así como para fortalecer las prácticas democráticas de los actores e instituciones vinculados a la esfera del trabajo. El pasado 22 de junio se integró oficialmente con una numerosa convocatoria.
Entendemos que cualquier transformación social debe ser pensada a largo plazo y que sólo puede lograrse si se interviene articuladamente desde lo cultural y desde lo político. En ese camino estamos.
*Secretario de Trabajo y coordinadora del área Género y Empleo de Río Negro