Innovar en educación



L a educación pública en Argentina está desde hace tiempo en el centro de debate por la alarmante situación que presenta. Así lo demuestran los diferentes estudios publicados, que no hacen más que recopilar estadísticas y cifras sobre la deteriorada situación del sistema educativo argentino. La situación no es mucho más grave que hace algunos años, sin embargo en los últimos meses se volvió un tema recurrente luego de que el gobierno anunciara una profunda reforma.

En Argentina, el 46,4% de los alumnos de los dos últimos años del secundario no comprende un texto básico. Los resultados son aún peores cuando se trata del rendimiento de los estudiantes en el área de las ciencias exactas: el 70,2% no puede resolver cuentas o problemas matemáticos. Estos son los datos que derivan de las pruebas Aprender, que forman parte del dispositivo nacional de evaluación de los aprendizajes de los estudiantes, llevadas a cabo en el 2016 en 31.000 escuelas de todo el país.

“Los resultados son malos en general y revelan una terrible crisis educativa”, lo que resulta una obviedad, aunque es exactamente lo que declaró Esteban Bullrich, el ministro de Educación de la Nación, a Infobae al darse a conocer el rendimiento de los alumnos argentinos en las evaluaciones.

“Los problemas se agravan en la escuela estatal”, añadió Bullrich. No hace falta ocupar el cargo de ministro para entender que en la Argentina el sistema educativo está atrasado y que los que más sufren esa condición son los estudiantes de las escuelas estatales. Tampoco significa ninguna sorpresa que el acceso a la educación difiere de acuerdo a las posibilidades económicas de los alumnos y a la región geográfica donde se ubican. La calidad educativa no es igual en la Ciudad de Buenos Aires que en la provincia de Chaco.

Frente a esta situación, el gobierno diseñó una reforma que busca adecuar el sistema educativo argentino a aquellas tendencias internacionales que están irrumpiendo en el sector de la enseñanza y el aprendizaje. Hasta ahora, uno de los cambios que se dio a conocer es el que implica que los alumnos del último año del secundario deberán realizar una pasantía antes de finalizar sus estudios. De esta forma, se busca generar un lazo entre la enseñanza superior y el mercado laboral y facilitarles a los alumnos esa transición entre la finalización de los estudios y la inserción al mundo del trabajo.

La noticia tuvo una gran repercusión en los medios de comunicación, tanto así que algunos estudiantes, en su afán de aferrarse al retrógrado y deteriorado sistema educativo actual, se manifestaron en contra de la reforma y decidieron tomar los colegios.

Lo cierto es que no se puede separar la etapa educativa de la laboral. La escuela prepara, o al menos debe hacerlo, a sus estudiantes para lo que viene después. La educación es una herramienta indispensable para garantizar un futuro y, además, una forma de libertad. Una persona instruida cuenta con recursos que le permiten independizarse y gozar plenamente de su libertad: le brinda la capacidad de elegir qué hacer en su futuro. La educación es una garantía.

La medida, si bien ya fue duramente criticada, resulta acertada en un país donde el desempleo juvenil presenta las cifras más alarmantes de toda la región. Casi el 40% de los desempleados en Argentina tiene entre 16 y 24 años.

Argentina necesita una reforma educativa, pero para que ésta sea efectiva se deben tener en cuenta las características propias del país. No se puede pretender transpolar el sistema de otro país, porque cada uno presenta situaciones diferentes. Es por eso que deben atenderse las características de los estudiantes, de las escuelas y de los profesores.

La reforma debe darse de una manera integral y estar acompañada de cambios en otros sectores. Si bien es cierto que se requiere de una gran modernización, los cambios no deben pasar por introducir tecnología en las aulas, ya que ésta no significa nada si no viene acompañada de innovación, y si no es implementada de una manera inteligente. No se trata de llenar las aulas de pantallas, sino más bien de brindarles a los estudiantes una nueva experiencia que se adecue a la realidad que están viviendo.

El Estado debe invertir en infraestructura tecnológica, es cierto, pero no todo pasa por ahí. Argentina tiene recursos, pero debe aprender a administrarlos. Si el país quiere crecer económicamente, primero deben atenderse las faltas que hay en la base. La educación es ese cimiento, que debe contar con la solidez suficiente para servir de apoyo. Argentina necesita una reforma educativa y nadie que conozca la situación actual puede oponerse.

*Comunicadora social, Universidad de Buenos Aires

No se puede separar la etapa educativa de la laboral. La escuela prepara, o al menos debe hacerlo, a sus estudiantes para lo que viene después.

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No se puede separar la etapa educativa de la laboral. La escuela prepara, o al menos debe hacerlo, a sus estudiantes para lo que viene después.

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