Ira indigna

A De Santibañes le faltó tacto político. Pero ¿no es positivo que haya al menos un miembro del gobierno dispuesto a decir sin tapujos lo que piensa?

Redacción

Por Redacción

Puede que al titular de la SIDE, el ex banquero Fernando de Santibañes que, como es notorio, es un amigo íntimo del presidente Fernando de la Rúa e influye bastante en su forma de pensar, le hubiera convenido consultar con sus colegas antes de explayarse sobre el estado de la economía en una entrevista con el matutino porteño «La Nación», pero aun así, ha sido poco seria la reacción de muchos miembros del Frepaso y algunos radicales frente a la afirmación de que el ajuste anunciado por el ministro de Economía José Luis Machinea sería de 1.400 millones de pesos y no de 600 millones como se había dicho. Es como si para estos políticos las dimensiones del ajuste que está por iniciarse y en consecuencia su impacto en el país dependieran exclusivamente de la voluntad de los gobernantes, de los cuales algunos, los integrantes de su propio partido, serán buenos y por tanto se opondrán a cualquier medida antipática, mientras que otros, los economistas capitaneados por De Santibañes, serán malos que lo muestran pensando en cómo hacer sufrir a la gente. Huelga decir que la situación que efectivamente se da no tiene nada que ver con este esquema infantil. A ningún funcionario le gusta «ajustar» porque todos saben que además de perjudicar a muchas personas, brindarán a sus adversarios un buen pretexto para acusarlos de insensibilidad. Sin embargo en ocasiones no existe otra alternativa: entonces, negarse a llevar a cabo un ajuste es tan estúpido como lo sería que un automovilista se rehusara «por principio» a hacer uso de los frenos o del cinturón de seguridad.

Lo que está en juego en la interna aliancista, porque es de eso que se trata, es la honestidad. Mientras que De Santibañes, con la ingenuidad propia de quien no puede vanagloriarse de largos años de militancia partidaria, ha dicho lo que cree es la verdad, sus adversarios insisten en efecto en que los voceros oficiales deberían mentir a fin de conservar su propia popularidad. Aunque es legítimo oponerse al ajuste con tal que uno tenga en mente una alternativa, lo cual en la actualidad consistiría en un aumento brutal de los impuestos para que el sector público pueda seguir como antes, no lo es fingir creer que no sea necesario hacer nada. Sin embargo, esto es precisamente lo que están exigiendo los deseosos de forzar la renuncia de De Santibañes. Como quiera que les gustaría que fuera posible manejar la economía sin tener que preocuparse por «los números», acusan a quienes tratan de ponerse a la altura de sus responsabilidades de ser enemigos del pueblo. Igualmente oportunistas han sido las críticas contra la sugerencia de que por ser algunas provincias inviables sería bueno que una proporción de sus habitantes emigraran a otras partes del país tal como tantos han hecho en el pasado. ¿Tienen una idea mejor aquellos políticos que están poniendo el grito en el cielo y comparando a De Santibañes con José Alfredo Martínez de Hoz? Claro que no, pero ocurre que la falta de propuestas concretas nunca les ha preocupado.

Además de esperar continuar pensando como opositores a pesar de militar en uno de los movimientos que conforman la coalición gobernante, los políticos que están haciendo gala de su indignación por los dichos no demasiado polémicos de De Santibañes están luchando por apoderarse de más «espacio», es decir, de más puestos importantes en el organigrama gubernamental y, como suele suceder en tales circunstancias, están procurando aprovechar al máximo las palabras de un hombre que a su juicio podría ser desplazado sin excesiva dificultad. Es por eso que de haber sido un político más experimentado, De Santibañes se hubiera expresado de forma menos frontal, pero es necesario preguntarnos si no es muy positivo que haya por lo menos un integrante de la cúpula gobernante que esté dispuesto a decir sin tapujos exactamente lo que está pensando. Aunque por razones evidentes es necesario que el gobierno cuide su relación con la ciudadanía, no es sano que lo haga tratando de ocultarle la verdad sobre el estado de la economía nacional o sobre las medidas que habrían de tomar a fin de remediar sus deficiencias más graves.


Puede que al titular de la SIDE, el ex banquero Fernando de Santibañes que, como es notorio, es un amigo íntimo del presidente Fernando de la Rúa e influye bastante en su forma de pensar, le hubiera convenido consultar con sus colegas antes de explayarse sobre el estado de la economía en una entrevista con el matutino porteño "La Nación", pero aun así, ha sido poco seria la reacción de muchos miembros del Frepaso y algunos radicales frente a la afirmación de que el ajuste anunciado por el ministro de Economía José Luis Machinea sería de 1.400 millones de pesos y no de 600 millones como se había dicho. Es como si para estos políticos las dimensiones del ajuste que está por iniciarse y en consecuencia su impacto en el país dependieran exclusivamente de la voluntad de los gobernantes, de los cuales algunos, los integrantes de su propio partido, serán buenos y por tanto se opondrán a cualquier medida antipática, mientras que otros, los economistas capitaneados por De Santibañes, serán malos que lo muestran pensando en cómo hacer sufrir a la gente. Huelga decir que la situación que efectivamente se da no tiene nada que ver con este esquema infantil. A ningún funcionario le gusta "ajustar" porque todos saben que además de perjudicar a muchas personas, brindarán a sus adversarios un buen pretexto para acusarlos de insensibilidad. Sin embargo en ocasiones no existe otra alternativa: entonces, negarse a llevar a cabo un ajuste es tan estúpido como lo sería que un automovilista se rehusara "por principio" a hacer uso de los frenos o del cinturón de seguridad.

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