Javier Ruibal, doctor en música
El guitarrista y cantante español trae hoy a Bariloche su música para el alma.
Eduardo Rouillet eduardorouillet@rionegro.com.ar
Tras presentarse anoche en Cipolletti, el compositor, guitarrista y cantante nacido en Puerto de Santa María, Cádiz, Javier Ruibal traerá hoy, a Bariloche una obra en la que confluyen claramente el flamenco, la música sefardí y magrebí, el jazz y el rock. Ruibal ya tiene una calle con su nombre en su ciudad natal, y ha publicado nueve discos. Buscador de aromas, perseguidor de fábulas y ensueños, explorador de la belleza, cuenta el amor arrebatado, irrenunciable, la hora inaplazable de los besos, la urgencia de los cuerpos, la lágrima dulce, la risa hermosa. Así, juglar trashumante, llega hoy, a las 22, al Salón del Hotel Nevada de Bariloche. “De algo servirá nuestra pócima… Ojalá valiera para muchas almas, pero no queremos ser una multinacional farmacéutica, sino otra cosa: que nuestra música cure no por vía antibiótica. Que se da con amor, como nos quitaban una fiebre cuando niños”, le dice a “Río Negro”. –Como las abuelas o las madres nos arropaban a la noche… –Esa es la función de las músicas, del cine, de la poesía, de la literatura sensible. Van buscando eso… Es una pena que exista tanta gente –no lo digo por mi música– que no haya leído nunca a García Márquez o a Cortázar. Ese mundo que se pierden me apena por más que yo lo disfrute. Pero, esto es un proceso muy lento que algún día, ojalá, llegue. –Estás también entre ese público, del lado de quienes reciben el bálsamo de colegas con los que compartís escenarios. –Hombre… Yo nunca he perdido la conciencia de ser público. Soy uno más de los destinatarios de lo que escriben y componen otros, filman otros. Y me encanta ser admirador de quienes me están brindando ideas y propuestas que me conmueven. Si además, por suerte, algunos son mis amigos, entonces ya el privilegio es tan grande que no tengo palabras. Siempre he pensado que la imaginación a veces queda desbordada por la realidad, porque ni en mis mejores sueños, cuando empezaba a componer, pensé que Paco De Lucía o Serrat me fueran a elogiar un verso o una armonía. Ha ocurrido y ahora tenemos una relación de amistad, no todo lo continuada que quisiéramos, pero buena. Ellos, sobre todo, tienen un movimiento profesional muy agitado, que yo no tengo. Eso hace que nos veamos poco, pero cuando lo hacemos, luego tomo cerveza con ellos. ¡Es muy bonito! –¿Qué interrogantes te abrió saber que ibas a cantar en Río Negro? –Lo primero que se me ocurrió fue una imagen chistosa. Pensé, voy a cantar con la cabeza hacia abajo… ¿Qué tal sonaré? Los lugares tan desérticos, con poca gente en sitios de una belleza paisajística impresionante, fríos radicales… En todas esas situaciones extremas, los desiertos calurosos tal como el Sahara o el austral que es gélido –como planetario, terráqueo, que soy– entro allí y percibo qué vibraciones me provocan. En ese sentido, tengo mucha curiosidad porque nunca estuve tan al sur del sur, y voy expectante. Luego encontraré un montón de almas de corazón caliente, que se sentarán a oírme y espero ocurra lo mismo que más norte.