Jornadas raras
Hilos sueltos de una costosa compra de alimentos.
Río Negro
Inusuales días para Weretilneck. Marcados por su novedosa intención de ahorrar en las erogaciones salariales, por cierta perturbación de los hechos que obligaron al gobierno a explicar una cara compra de alimentos, y una derrota legislativa. Su agenda –igualmente– se mantuvo inalterable de ceremonias oficiales y políticas, especialmente en los municipios que deben votar todavía sus autoridades. Fue a Buenos Aires para un acto de campaña de Daniel Scioli y, además, ultimó su viaje para esta semana a Guayana Francesa con la comitiva nacional por el lanzamiento del satélite del Invap. En Viedma lo esperaban los equipos de Desarrollo Social y Economía para fijar cómo reaccionar frente a la publicación de la costosa compra de 30.000 módulos de alimentos por más de 14,6 millones. “Río Negro” había ventilado esa operación y concluido que exponían valores muy superiores a los del mercado. El Estado mantiene debilidades y vicios. Y esta transacción tiene hilos sueltos por donde se la mire. El monto del módulo acordado es un 35% al 45% más caro a los precios minoristas, y ese porcentual se corrobora con el examen de los costos de una licitación provincial similar realizada hace seis meses. El argumento oficial: la compra no es comparable con los montos de las góndolas. Justifica pagos superiores por traslados, embalajes y adicionales financieros por entregas progresivas (el comunicado dice que pueden llegar “a 11 meses” pero el ministro Fabián Galli, en diálogo con la prensa, las extendió “hasta dos años”). Ese repaso desatiende otro elemento bien diferenciador: la lógica reducción de precios por su adquisición mayoritaria, que en general va del 15 al 20%. La defensa se malogra con el cotejo de la última licitación con su similar de diciembre. Se argumentó sólo con los “presupuestos oficiales”. Este cruce es ficticio. Importan los montos de ventas. Y nada se dijo de eso. La vendedora de diciembre no se presentó en la nueva compulsa. Galli se animó y especuló con que fue porque hizo “un mal negocio”, con su oferta barata. Bien puede ser. Pero el gobierno silencia un punto concluyente. La segunda propuesta más baja de diciembre pertenece a la misma firma –Organización Don Tomás– que ganó en la última licitación. Antes ofreció módulos por $ 290 y, ahora, vendió por $ 487, es decir un aumento del 68% en seis meses. A los módulos sólo los diferencian dos productos (un paquete fideos y otro de dulce). Estimando esas inclusiones y una inflación alta, la disparidad persiste en un 45%, a pesar de que ambas son compulsas del mismo Estado y corresponden al mismo oferente, con sus cargas de costos financieros, transporte y embalajes. Se compró mucho más caro. La sospecha aparece con la anodina y esquiva argumentación gubernamental. Pues no hay dudas de que el Estado presenta históricas fallas en su sistema de compras. La pretendida disputa no tiene precios de referencia oficiales, salvo un promedio de los valores aportados por las empresas, muchas de las cuales, después, son oferentes. Además, persiste la arcaica fragilidad en las entregas y registros de los depósitos que el Tribunal de Cuentas supo detectar en alguna ocasión. Esa reformulación es un asunto pendiente. Hoy, Weretilneck retomó el ordenamiento de otros controles laxos. Está ocupado en la prestación de los agentes públicos, puntualmente su asistencia y su consecuente impacto salarial. Asume esa misión personalmente frente a la urgencia de dominar la desorbitada suba de la masa salarial. Hay resistencias internas a esas revisiones. Salud y Educación concentran el 65% de las erogaciones salariales, entonces reúnen las mayores observaciones. La profundidad y convicción de esas correcciones divide a Economía de sus pares. Allí no está el actual problema. Está en que no hay herramientas de control. La función pública recién refuerza el equipo de los controladores de las juntas médicas, a pesar de que siempre se anunció su jerarquización. Tampoco se logró el efectivo cumplimiento del certificado médico único, una medida teóricamente interesante. La clausura salarial tiene sus continuas fugas. El DPA prepara un acuerdo con Sanidad después de que el gremio salió a las calles. Weretilneck sintió esa presión y ordenó a la titular del DPA, Raquel Morales, que los reciba con una propuesta. Este conflicto complicó más la continuidad de Morales, a pesar de que el ministro de Obras Públicas, Carlos Valeri, ya requirió su salida. Sanidad se movilizó activamente contra el gobernador cuando, hasta hace poco, eran fuertes y enérgicos aliados. Otros giros: Weretilneck abandonó la municipalización de Las Grutas. Lo anunció el miércoles cuando ya se sabía en la Legislatura que el oficialismo no lograba la mayoría especial. Dijo que la Provincia “no se involucrará en temas locales”. Antes, el mandatario había alentado a la legisladora grutense María Gemignani con ese proyecto. La última colecta de votos quedó exclusivamente a cargo de esa autora y la presidenta del bloque, Roxana Fernández, sumándose el vicegobernador Pedro Pesatti en la última jornada. Ya era tarde. El éxodo de Weretilneck se reflejó con la retirada de su mayor operador, Facundo López. No participó. El fracaso tuvo un yerro original cuando el oficialismo interpretó que la creación municipal requería los dos tercios de los presentes. Se autolimitó. Se quiso reparar el error, pero Pesatti se opuso por el impacto negativo que dejaría esa maniobra. Sin despojarse del costo político, Weretilneck ya había concluido su militancia municipalista. Lo hizo al reunirse con su aliado radical, Adrián Casadei, un histórico opositor a la segregación. En el recinto, ese legislador ofreció el atajo para que el proyecto volviera a Labor, intentando atenuar la derrota. La conjunción del gobernador con los radicales se renueva y se robustece. Calla, pero Pesatti se incomoda con esa influencia. El vice tiene su fórmula en el crecimiento del oficialismo. Apunta al peronismo, desparramado y abandonado. No cierra puertas y atiende preferencialmente a sus legisladores. Atención que gesta cierto fastidio en los diputados oficialistas. “Tengo la misión de sumar a todos”, explica. Hay auténtico afecto entre ellos, pero Weretilneck y Pesatti imaginan vías diferentes, más allá de sus desiguales formaciones y maneras. El futuro que piensan para el peronismo integra ese contraste. El cipoleño trabaja en el final del PJ en Río Negro para su consolidación definitiva. Pesatti opina totalmente distinto. Ligado a esa observación, ambos difieren en la formación de un partido de la fuerza gobernante. Weretilneck prepara ese armado para después de las elecciones. Lo cree esencial para apuntalar su figura, con múltiples partícipes, incluyendo a los peronistas aliados, a quienes los dejará en un dilema porque deberán irse de su histórica pertenencia. El vice descree de ese camino porque, en cambio, proyecta que esa convergencia sea más abierta. Razona en favor de un “movimiento” para permitir que cada integrante mantenga su “identidad”. Ese debate, todavía, es embrionario. Aparecerán indicios cuando el oficialismo deba resolver su conducción del próximo bloque. El gobernador propondría a Alejandro Palmieri, mientras el vice intentaría la continuidad de Fernández. No habrá traumas en la determinación, pero sí todos son vestigios de los nuevos procesos. Las pistas oficiales ofrecen otras precisiones, como que Palmieri no estará en diciembre en Economía. El tesorero Isaías Kremer experimenta en su próxima misión, y así se movió en la última reunión de gabinete, con su rigurosa postura frente a las erogaciones ministeriales. Esos cambios que, todavía, sólo son una discusión de teóricos, y de pocos.
Adrián Pecollo adrianpecollo@rionegro.com.ar
Río Negro
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