José Campusano filmará en Bariloche

El incansable y premiado cineasta rodará una producción sobre el registro de los procesos de los pueblos. Mientras tanto presentará su último trabajo en el Festival de cine marplatense.

Redacción

Por Redacción

Cine

En un alto de sus recorridas por Bariloche, eligiendo sitios donde filmará en semanas más una nueva producción, junto a actores y técnicos de la región, y al director local Miguel Ángel Rossi, José Campusano presentará “El arrullo de la araña” su último trabajo en el Festival de Cine de Mar del Plata.

Las exhibiciones serán hoy y el próximo 4 de noviembre a las 23, dentro de la sección Voces de autor.

“La película se llama ‘El arrullo de la araña’ y es muy política”, acota el director nacido en Ezpeleta, partido de Quilmes. “Pero antes la mostramos a un grupo de amigos-observadores… Es un ritual que jamás dejamos de lado y nos resulta bárbaro porque salen conclusiones interesantes, devoluciones a partir de las cuales le damos un corte final”.

-Una mirada necesaria…

-Porque se pierde mucha perspectiva al estar encima del material tanto tiempo. Hay cosas muy obvias por ahí, que acepto como funcionales y después el conjunto de gente, me hace ver que no lo son.

-Repasemos tu actividad próxima en Bariloche.

-Vamos a filmar una película basada en asuntos propios de las poblaciones cordilleranas, un tema de racismo fuerte, una cuestión de clases que perdura y divide bastante a los pueblos. Como siempre se apoya en hechos verídicos cercanos… Yo he hecho varios viajes a los valles de Río Negro y Chubut, donde tengo amigos con los que fuimos recabando crónicas de vida. La historia sucede en el ámbito carcelario.

Un amigo de Esquel se jubiló hace poco en la cárcel local y durante muchos años tuvo trato directo con detenidos que, en temperamentos y maneras de proceder, difieren mucho de los presidiarios de la provincia de Buenos Aires. Bueno… Reconozcamos que son lugares con infinitamente menos población y las distancias son enormes. El modo de fuga u ocultamiento va por otro lado, también. En BA somos dieciséis millones, con un entramado que es el tercero en Latinoamérica. En el sur eso no ocurre, hay otro grado de exposición, las alianzas se tejen diferentes y la vida en la cárcel es bien disímil con respecto a las bonaerenses, de Olmos, por caso.

-¿En Bariloche han decidido los lugares donde filmar?

-Los he estado viendo, además de personas, contactos. Ya está definido el casting y tengo que ver actores, actrices posibles, entrevistarlos y demás. Queremos integrar en demasía a gente de la región, en lo técnico y en lo artístico. No creemos que sea saludable esto de que llegue un equipo de rodaje completo, de Buenos Aires.

Si bien no vivimos en CABA -José tiene su casa en El Pato, Berazategui- somos de un distrito donde se produce con cierta frecuencia y no está bien transportar todo y no compartir con los lugareños el espacio audiovisual, los elementos técnicos… Yo creo en un cine sustentable, de cara a la comunidad y profundamente liberador. Cooperativista, ante todo.

En estas experiencias hay una gran variante y es que somos todos habitantes de la periferia. Y lo que parece una aventura, para nosotros en realidad es convivencia.

Nos movemos en espacios de cierta crispación social que conocemos muy bien. Hay un fuerte sentimiento de solidaridad ahí, que perdura, y no de aprovechamiento. Yo vengo hace años trabajando con Miguel Ángel Rossi que es un referente de Bariloche y nos entendemos perfecto. Él dirige, produce, escribe, estamos en consonancia con sus proyectos, así que todo está bastante aceitado, digamos.

-Como Campusano en el gran Buenos Aires…

-Sí, pero con una gama de recursos técnicos y humanos que no están en tanta cantidad en las provincias. Por ahora… Creo Eduardo que, lamentablemente, a lo largo de la historia de la humanidad, el registro de los procesos de los pueblos ha estado en manos de gente que desconoce al pueblo. No le interesa, muchas veces. Hablemos de escultores, pintores, cronistas, realizadores, de personas afincadas, por lo general, en las capitales del mundo, favorecidas por instituciones o mecenas, que generaron un material para la posteridad, el registro del ignorante, porque no tienen tallado en el alma este tipo de avatares, de experiencias.

-Una mirada de observador, no de participante…

-Exacto, claro. Eso define el producto porque hay un distanciamiento grande allí. Y no es raro que estigmatice o le reste complejidad, como si la elementalidad reinara en los ámbitos que describen.

Hay un nivel de complejidad en cada humano, venga de donde venga, que no se puede abarcar totalmente y menos en palabras. Pienso que lo elemental está en la mirada de gente que se traslada a territorios ajenos, con marcado oportunismo, si se quiere, y un demérito –aunque finja otra cosa- que en el producto final se nota. Es una visión etnográfica, lejana y fría. Cero empática.

-En Patagonia se conoce tu lenguaje, tu cambiante pintura cinematográfica que ha crecido en capacidad y fuerza expresiva.

-Lo bueno es que al afirmar una gramática audiovisual, es posible apuntar a más. Hoy en día, por haber filmado tantas películas (13), apuntamos a terrenos que hace cinco o seis años, no podía avizorar. ¿Verdad? Pintaba desde otro lugar, digamos…

Por ejemplo, “El arrullo de la araña” es infinitamente coral y en ella abundan los parafraseos largos.

Hay una filosofía de la existencia que habita en el ámbito comercial, que conozco -estuve veintisiete años en él-, una cuestión de subestimación, de humillación cómplice, entre empleado y patrón, no explorada en el cine.

Eduardo Rouillet


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