Juntas vecinales del oeste de Bariloche organizan ferias para darle batalla a la crisis

La iniciativa surgió hace dos años como mercado informal y ahora circulan por las plazas de los barrios.

Las ferias comenzaron a organizarse dos años atrás. Foto: archivo

Las ferias comenzaron a organizarse dos años atrás. Foto: archivo

Surgieron como un mercado informal para pequeños emprendedores y ya lograron hacerse un lugar en la grilla de actividades barriales. Las ferias que organizan las juntas vecinales del oeste son una alternativa para muchas familias que buscan comercializar tejidos, conservas, dulces, cosméticos y otros productos con los que buscan completar sus ingresos en tiempos de pandemia.

Diejo Jelin, uno de los organizadores, vive en Pájaro Azul y lo suyo es la reventa de dulces y especias. Dijo que la propuesta “pegó mucho en la gente porque el oeste tiene su propio carácter y busca moverse lo menos posible. No está para ir al centro por cualquier compra, son 30 kilómetros entre ida y vuelta. Así que nosotros defendemos nuestras ferias porque ayudan a la economía familiar, pero también por la huella ecológica”.

Señaló que muchos trabajadores que perdieron ingresos o se quedaron sin empleo y la crisis generada por el coronavirus no sólo es uno de los motores del proyecto, sino que también incidió para que el municipio les diera vía libre.

“Empezamos con esto hace unos dos años pero no conseguíamos que nos autorizaran las ferias en las plazas, teníamos que hacerlo en lugares chiquitos o en los locales de las juntas -explicó-. Ahora nos habilitaron por la pandemia, con protocolos que seguimos en cada detalle. Los puestos están separados un metro y medio y hay limpieza y desinfección permanente”.

La feria funcionó el viernes y el sábado santo en la plaza del barrio Playa Serena (Bustillo km 13,200) y el domingo se instalará en la plaza de Casa de Piedra, donde además habrá juegos y espectáculos musicales.

En Playa Serena pudieron instalar unos 50 puestos y hubo que seleccionar, porque los anotados son más de un centenar. Hay feriantes que ofrecen indumentaria, plantas, bordados, macramé, cosmética natural, velas, tejidos, relojes de madera, cerámica, cajas de material reciclado, bijouteríe, reposteria, dulces, escabeches y distintos alimentos de elaboración casera.

Jelin dijo que esa ubicación fue pensada también “para captar algo de turismo”, que pasa por Bustillo. Durante el verano ya realizaron ferias muy concurridas en Casa de Piedra, Los Coihues, Don Orione y Pájaro Azul, entre otros barrios.

Dijo que la iniciativa nació también como “una forma de darle lugar a todos, ya que no es solo para hacer dinero. El interés también está puesto en lo social” y en revalorizar la producción artesanal y familiar. “Hay gente que hace cosas increíbles, pero no lo difunden, no se conoce -aseguró Jelin-. Las ferias han servido para exponer todo eso”.

Entre los feriantes que se ubicaron temprano en su lugar estuvo Mariana Battaglino (de Los Coihues), quien llevó sus tazas y utensilios de cerámica y vidrio pintado. Dijo que la propuesta “está buena”, pero mejor sería tener “una feria fija” garantizada todo el año.

Su amiga Ana María García, del barrio Melipal, ofreció velas de soja artesanales y también opinó que las ferias son de gran ayuda “para los que recién se inician” con un emprendimiento y para “toda la gente que intenta encontrar rebusques en medio de la pandemia”.

Jesica Mauri llegó a Bariloche hace diez años, vive en Nueva Jamaica y produce cosmética y medicinas naturales. Dijo que su canal de venta más habitual es a través de comercios, donde deja sus productos en consignación, pero el momento “no es bueno” y la feria le brinda una buena alternativa. Dijo que su emprendimiento es hijo de la crisis y que ella y muchos conocidos se han volcado a la “autogestión”.

Señaló que en la feria “siempre algo se vende”, pero no es la única finalidad, “también es un espacio de encuentro e intercambio, y eso está muy bueno”.

Otro feriante, Mariano Jardo, ofreció sus dulces y conservas. “Por ser la primera vez nos fue bastante bien”, aseguró. Dijo también que “el clima ayudó mucho” y la gente del barrio “anda con poca plata, pero igual se acerca y participa”.

En algunas juntas vecinales como Pájaro Azul, la única limitación para los feriantes fue el espacio disponible, y no se les cobró ningún arancel, En otras como Casa de Piedra y Playa Serena les cobraron 300 pesos, para el mantenimiento del lugar.

Los organizadores saben que en unos días el frío y las lluvias ya no permitirán las ferias al aire libre y aspiran, como objetivo de máxima, a lograr algún espacio cubierto para continuar en invierno. Jelin dijo que igual están en vías de organizar una red virtual con catálogo propio para que “Ferias del oeste” también pueda vender todo el año vía web.


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