Las rutas abiertas condujeron a miles de turistas a Bariloche

La Fiesta del Chocolate volvió a ser la gran atracción de la Semana Santa en la ciudad cordillerana. A pesar de los cortes en el tránsito del jueves, ayer la llegada de visitantes se notó.

Las imágenes de conejos y chocolates se adueñaron del Centro Cívico y las principales calles del centro. Foto: Chino Leiva

Las imágenes de conejos y chocolates se adueñaron del Centro Cívico y las principales calles del centro. Foto: Chino Leiva

Turistas paseando por la calle Mitre y otros sacando fotos en el Centro Cívico y en el Paseo del Chocolate, comerciantes y artesanos sonrientes y, músicos callejeros apostados en diversos rincones del centro de Bariloche fue la postal de los dos primeros días del fin de semana largo. Familias, parejas y niños a montones. La ciudad recibió gran cantidad de turistas, en especial de la región, atraídos por la Fiesta del Chocolate. La diferencia este año fueron los barbijos.

Unas 34.000 personas tramitaron permisos a través de la aplicación Cuidar para visitar destinos de Río Negro durante Semana Santa. De ese total, unos 25.000 turistas lo solicitaron para llegar a Bariloche, donde, en un principio, se esperaba un 60% de ocupación aunque las expectativas podrían sobrepasarse, como ocurrió en el verano.

Con un cielo completamente despejado y una temperatura que alcanzó los 20 grados, cientos de turistas y barilochenses recorrieron el Paseo del Chocolate a lo largo del bulevar Independencia, que comunica la intendencia del parque nacional Nahuel Huapi con el Centro Cívico.

Un grupo de niños en pequeñas mesas de madera decoraba barbijos blancos para ganar algún huevo de chocolate. Justo enfrente en un stand, dos jóvenes repartían globos y orejas de conejo de cartón, al tiempo que sellaban los pasaportes de la “Universidad Chocolate”. A escasos metros, una hilera larguísima aguardaba para jugar al memotest de chocolate.

Norma Ibarra aguardaba que sus dos pequeños hijos terminaran de pintar un barbijo en una de las tantas mesas. “Decidimos tomarnos un descanso en Bariloche teniendo en cuenta que estamos muy cerca. La idea era salir de la Villa (La Angostura) porque hace dos años que no nos movemos y no nos equivocamos. Fue una excelente opción”, señaló la mujer.

Con los cuidados que la pandemia exige, volvió una de las fiestas más convocantes de Bariloche. Foto: Chino Leiva

En la plaza ubicada atrás del Concejo Municipal, un nene salía exultante de la “Casa del Concejo”, sosteniendo una barra de chocolate con una decoración artesanal. “Me gustó mucho”, le confió a su madre cuando ésta fue a su encuentro. Es que para evitar la aglomeración de personas, los padres aguardaban a los niños a un costado.

En ese sector de “arte en chocolate”, los chicos debían decorar huevos o conejos con una manga y algunas granas, aportados por la Cámara de Chocolateros de la ciudad. “Este año, el conejo no pudo venir por el Covid pero los chicos están muy entusiasmados. La mayoría no alcanza a mostrarle el trabajo al papá porque se termina comiendo el chocolate en la mesa. Y es mejor porque el sol derrite todo”, comentó risueña Paula Ferrari, una de las coordinadoras.

Natalia Alcazar, de Cipolletti, aguardaba junto a sus hijos y sobrinos para participar en otro de los juegos. “Llegamos el jueves por Añelo porque habíamos leído acerca del corte. Fueron 100 kilómetros más pero nada imposible”, comentó la mujer que visita Bariloche en vísperas de Pascuas, desde hace 6 años.

“Paramos en una cabaña pero no por la burbuja, más que nada porque los nenes son chiquitos y por una cuestión de comodidad. En relación a los precios, ya perdimos noción acerca de que es caro o barato”, señaló la mujer.
“¿Qué tipo de chocolate te parece que es?, ¿blanco, con leche o amargo?”, preguntaba uno de los coordinadores a un nene con los ojos vendados y un vaso en la mano. “Chocolate es, seguro”, respondió Vicente, de 8 años, en el stand “Cata a ciegas”.

Arte sobre los huevos de chocolate, una de las atracciones. Foto: Chino Leiva

En otro sector, Carlos Zapata hacía chocolate en rama bajo la mirada atenta de adultos y chicos que, mientras tanto, hacían una hilera para armar un rompecabezas de conejo y poder así ganar premios. “Me sorprende la gran cantidad de gente del Valle. La promoción con el foodtruck valió la pena. Además, después de la pandemia, la gente quiere salir. La gente se prende en todo y mientras esperan para los juegos, se comen un pedacito de chocolate”, contó.

Joaquina Collar, una turista neuquina, recorría el predio de actividades junto a su pareja y su hijo de 4 años. “Tuvimos que dormir en la ruta por el corte pero finalmente, logramos bordear el canal por un camino informal. Nos arriesgamos a seguir a unos chicos y acá estamos. La ciudad está hermosa pero explotada de gente. Estamos disfrutando mucho”, refirió la mujer.


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