Keith Richards, un Rolling de película que canta “bajo influencia”

Por Redacción

“Como músico, eres lo que escuchas”, dijo Keith Richards poco antes del preestreno del documental “Keith Richards: Under the Influence”, que recoge las sesiones de grabación de su último disco solista, “Crosseyed Heart”. Tanto el disco como la película producida por Netflix salen hoy. “Crosseyed Heart” es el primer álbum en solitario del Rolling Stone en 23 años, después de “Main Offender”, de 1992. “Cuando eres músico y grabas un disco eres lo que escuchas y lo que has escuchado a lo largo de los años. Cuando escucho este último álbum ahora veo que es una sumatoria de influencias en mi carrera musical, en la que también hubo involucrados muchos policías”, dijo un sonriente Richards, quien tuvo su pasado “turbulento” como estrella de rock, durante la rueda de prensa en Toronto. Richards aseguró que al principio no tenía en mente grabar un disco, sino apenas un par de canciones. “Me encantó hacerlo justamente porque no tenía la intención de hacer un álbum. Hicimos este disco hasta que nos sentimos felices con él. No se lo debía a nadie y eso fue en parte su belleza”, explicó el músico. “Fue algo orgánico. El disco creció orgánicamente en su propio pequeño invernadero… no les diré qué es lo que crece ahí”, añadió entre risas. “Under the Influence” gira precisamente en torno a las influencias musicales del guitarrista, compositor y ocasionalmente cantante de uno de los grupos de rock más influyentes en la historia de la música. Neville no sólo sigue a Richards durante las sesiones de grabación de su nuevo álbum, sino que también mantiene con él varias entrevistas, alternadas con material de archivo –desde fotos de infancia hasta presentaciones legendarias junto a uno de sus ídolos, Chuck Berry–, en las que el músico va desgranando sus principales influencias musicales: el blues, el country, el reggae y, por supuesto, el rock and roll. En su larga lista de “mindblowers” (algo así como los que le hicieron “estallar” el cerebro) Keith menciona a Elvis Presley, Chuck Berry y Muddy Waters. “Siempre sentí que tenía una enorme deuda con Chuck Berry; por su música, por encenderme”, dijo Richards. “Siempre pensé que Chuck era la personificación de lo que el rock arquetípico debía ser: grandes canciones, un ritmo increíble y letras que siempre encierran una pequeña broma”. En el film, Richards también dedica varios minutos a hablar de sus referentes dentro de la música country, como Johnny Cash y Hank Williams (“Esos sí que eran tipos duros”, dice burlándose de su propia fama de pirata del rock). Entre los escasos testimonios de terceros del filme, que se centra en lo que un muy risueño Richards tiene que decir –el documental está plagado de carcajadas del Stone–, destaca el de su amigo, el también músico Tom Waits, que lo describe como “detallista” y recuerda la primera noche en que se conocieron, se pusieron a tocar juntos y tomaron tanto que, al final, Waits ya no recordaba nada. “Hay gente que cree que el rock es nuevo. Fue grabado de distintas formas por distintos tipos, pero es simplemente el blues con una pequeña vuelta de tuerca de cada generación”, dijo Richards. “En casi cualquier tipo de música que escuches hay elementos del blues”. En el filme, mientras camina por Chicago y Nashville, y aún sentado en el estudio de grabación de Nueva York fumando un cigarrillo tras otro, cantando y tocando la guitarra, Richards también se detiene a hablar de su familia. Recuerda, por ejemplo, a su abuelo, que le dio a tocar por primera vez una guitarra; a su madre, que escuchaba a Sara Vaughan y Ella Fitzgerald en la radio; a su padre, al que no vio durante 20 años y con el que se reconcilió en apenas dos minutos y a sus “parientes musicales” más próximos, los Rolling Stones. “En 50 años haciendo algo juntos, todos los hermanos se pelean”, dice sobre la legendaria banda.


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