Krantz y Anders: una pareja nada improvisada

Las citas en la región, con estos dos formidables músicos, son el jueves 10 a las 21:30 en Maipú 1450, de Roca y el viernes 11 a las 22 en La Caja Mágica, Mariano Moreno 354, Cipolletti.

Redacción

Por Redacción

MÚSICA

Wayne Krantz es un improvisador natural. Sus complejos conceptos rítmicos y armónicos, hacen de su estilo y su música algo bien personal. Ella, la cantante y pianista Gabriela Anders nació en marzo, en el 72 y es hija de Jorge, reconocido clarinetista, saxo tenor. Juntos, este formidable dúo de músicos estarán el son el jueves, a las 21:30 en Maipú 1450, de Roca y el viernes, a las 22 en La Caja Mágica, Mariano Moreno 354, Cipolletti.

“El concierto no es de canto con guitarra, hay cosas así, pero son muchas las variaciones. Él presenta una idea y yo tengo que salir con otras, a cierta altura creativa. Es un diálogo musical a un cierto nivel en común, ciertas ideas comunes. Wayne es un músico especial, con un idioma armónico, melódico, muy propio”, le cuenta Gabriela a “Río Negro”.

A Krantz, nacido en Oregón el en el 56, de chico le impusieron tomar lecciones de piano que odiaba, según confesó públicamente. Una guitarra acústica de su padre guardada en el altillo, atrajo su interés cuando tenía 13 años. Después de ir a la Berklee College of Music en Boston, empezó a escuchar jazzeros y tras graduarse se mudó a Nueva York.

Ella comenzó estudiando con Oscar Fuentes y en la UCA, hasta que se mudó a Nueva York, donde a los catorce inició su formación en orquestación y arreglos con Don Sebesky. “Yo quería estudiar jazz y no había en Buenos Aires lugares dónde hacerlo. En EEUU me encontré con que eran carísimos… Entonces, terminé estudiando música clásica y composición en el Hunter College, que pertenecía al Estado y tenía muy buenos programas. Todo fue medio atravesado, pero al final encontré el camino”.

“La improvisación es la esencia del jazz”, dice ella. “Eso nos une a Wayne y a mí, para hacer algo como lo que estamos haciendo, porque si no pudiera crear en el momento, a él no le interesaría. Una vez le preguntaron cómo era tocar con su esposa, y contestó: no la veo como tal, estoy tocando con otro músico, cantante en este caso.Si no es creativa, no puedo tocar con ella. Si yo tengo que cantar un tema, igual cada vez, para mí es mortal. Necesito el cambio”, cuenta Gabriela.

-¿Cuándo conociste a Wayne, musicalmente, qué sucedió?

– Fue en 2001, yo estaba grabando mi segundo cedé para Warner Brothers… Y yo no conocía a Wayne. Un amigo me llevó a escucharlo en el Bar 55, un lugar de jazz muy creativo e interesante. Fui y no podía entender ese concepto que nunca antes había oído, no era un solista de guitarrista y los demás atrás, tocando lo mismo de siempre. Era todo al mismo tiempo, improvisando, algo de mucha originalidad, fuerza y comunicación. Me dio vuelta la cabeza. Compré su cedé, este amigo le dijo quien yo era, Wayne le comentó que sabía vagamente de mí, porque estábamos en medios bastante diferentes. Empecé a verlo todos los jueves con distintos amigos, porque me sorprendió su forma de tocar. Nos hicimos medio amigotes, después nos enamoramos, nos casamos, tenemos una nena . ¡Ya está!.

-Ahora, no cantás con él por ser su esposa sino porque algo le das a su música, algo te da su música.

-Seguro. Si no, él me diría: qué lindo, pero no tengo tiempo.Eso es algo que en Nueva York, específicamente, sucede. No hay mucho tacto, andás o no. Me llaman para una grabación y tengo que cantar góspel, cosa que no puedo hacer porque no tengo esa tradición, y en la cara me dicen esto no sirve y veo cómo marcan el número de otra persona…

Eduardo Rouillet

eduardorouillet@gmail.com


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