La animación viaja desde Aluminé

El Taller de Animación no para de crecer. Sus cortos participan de un encuentro en Buenos Aires.

Por Redacción

El Taller de Animación de Aluminé no para de crecer. El corto “Fantasma” de Carlos Montoya, su director, será parte del 27 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, del 17 al 25 de noviembre próximo. Y dos trabajos realizados por sus alumnos fueron seleccionados para el 9 Festival Iberoamericano “Imágenes Jóvenes en la Diversidad Cultural”, que se realiza en Buenos Aires desde hoy, al 19 de este mes. “Fantasma”, pertenece al género terror y es una versión libre del cuento “Un creyente” de George Loring Frost. Participará en el festival de Mar del Plata en la sección infantil de cortos argentinos e iberoamericanos. Como si esto no fuera suficiente, “Plastilina contraataca” y “La noche del encuentro monstruoso”, cortometrajes realizados en el Taller de Animación de la Dirección de Cultura de Aluminé que desarrollan Montoya y sus alumnos, fueron seleccionados para el 9 Festival Iberoamericano “Imágenes Jóvenes en la Diversidad Cultural”. También se proyectarán los trabajos “La flor”, “El pato y la mosca” y “Cubomático”. Antes de viajar a Buenos Aires, “Río Negro” entrevistó al realizador y docente neuquino. “Para mí que me he metido en esto de la animación ya maduro y como autoformación, el taller es un espacio más de educación personal. Una cosa es capacitarse para desarrollar una técnica como stop motion y otra es formarse para transmitirla. He aprendido mucho individualmente, pero sobre todo lo he hecho enseñando a los chicos. Hay cosas en las que experimenté en el taller sin haberlas probado a fondo en lo personal”, dice Montoya. –Ahora estás viendo un resultado concreto… Estos “frutos” también abren puertas al conocimiento ajeno y a la búsqueda dentro del taller mismo. –Y sí, a veces, el reconocimiento de afuera sirve para reconocernos entre nosotros, en el pago chico, ¿no? Es como el efecto del espejo. Y claro que alienta a seguir trabajando. La animación es una tarea muy trabajosa que demanda mucho esfuerzo para lograr cosas pequeñas y cuando en algún ámbito, ese trabajo es reconocido se siente la famosa palmadita en la espalda y alienta para seguir con lo que se estaba haciendo ahora con más entusiasmo. Porque se siente que se comunicó, que salió del estudio donde estuvo encerrado tanto tiempo. Y cada reconocimiento es como un escalón que se nos pone adelante. Es un desafío. En el taller es como que no quiero poner en primer plano el reconocimiento exterior. Es más, a veces trato de minimizarlo por una cuestión pedagógica, porque así como hay chicos que lo reciben con naturalidad, otros lo toman como lo único importante y no está bien poner el peso en eso y menos a esa edad. Para muchos de los niños y niñas del taller, la participación en festivales ha resultado un gran impulso y una satisfacción enorme; particularmente, ahora, el festival Imágenes Jóvenes en Buenos Aires. ¡Eso es muy importante! ¡Es ya un premio! Y representa una oportunidad única para que chicos y chicas del interior se capaciten y se socialicen en un ambiente de intercambio de producciones audiovisuales que es impensable tener por acá o al menos poco probable. Así que hay mucho entusiasmo con poder asistir y ver nuestros trabajos junto con otros de otros lugares puestos en el contexto de un festival. En cuanto a si lo toman como un desafío, no lo sé realmente; creo que en algunos sí pica esto de saber que se pueden hacer cosas que en otra parte interesan y llaman la atención, de que se es capaz de llevarlas a cabo y ¡hay que hacerlas!

Uno de los bellos trabajos que se realizan en este taller.

Eduardo Rouillet


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