La bicicleta como desafío educativo
COLUMNISTAS
En los países en que los ciclistas conviven amigablemente con automovilistas y peatones existe un respeto mutuo basado en la idea del bien común. No prevalece un medio de locomoción, sino un modelo de comprensión recíproca sustentado en la identificación y la aceptación del otro.
Subyace en esas sociedades la inteligente convicción de que el bienestar general es, a la postre, el mejor aliado del confort individual.
En los Países Bajos, tal orden ha sido fruto de históricas luchas sociales (”La bicicleta y la evolución cultural del pueblo holandés”, “Río Negro”, 9/8/13) y del largo bregar de una comunidad que entendió que privilegiar el uso de la bicicleta permitiría aprovechar mejor el limitado espacio disponible, en un ambiente más límpido y seguro.
Tal modelo, que ahora con decisión también asume Gran Bretaña, tiene en la educación su soporte fundamental. Educación que, como un par de gafas, permite visualizar lo que para otros es inadvertible. Una suerte de visión periférica permanente que ayuda a percibir a las demás personas, que también desean disfrutar de los lugares públicos.
En Holanda la bicicleta es un medio incorporado al inconsciente colectivo; tanto es así que sería imposible imaginar el tránsito sin ella. Sendas, semáforos, señalización y medios de transporte han sido diseñados a su medida.
En nuestro país, aun con loables esfuerzos de algunos gobiernos comunales, estamos muy lejos de dicho ideal no sólo en infraestructura sino, ante todo, en materia de educación. La anomia que se observa de continuo en nuestra vida social es el terreno más difícil de surcar para el ciclista.
Esta realidad no es ajena a nuestra región, donde un importante grupo de ciclistas barilochenses se reúne periódicamente para recordar a Pablo Ramos y exigir la construcción de ciclovías que permitan gozar de los bellos paisajes lacustres en un marco de seguridad.
El exponencial crecimiento del parque automotor y de las poblaciones del Alto Valle de Río Negro y Neuquén exige soluciones alternativas y no contaminantes al transporte y la recreación de sus habitantes. La ampliación del trazado de la ciclovía neuquina hacia los distintos puntos cardinales de la ciudad aparece como una respuesta saludable, aunque coyuntural, a dicha problemática.
La futura inauguración del tercer puente y su conexión con el parque industrial neuquino y posterior empalme hacia Senillosa -zona en la que perdió la vida el joven entrenador orense Ariel Caucamán- ameritan que se preste especial atención a un espacio destinado a los ciclistas.
La continuidad del delgado cordón ciclístico de Cipolletti hacia General Roca requiere mejorar sustancialmente el estado de los ya existentes y la construcción de tramos que hoy obligan al ciclista a poner en riesgo su vida a la vera de la ruta. Esta circunstancia también se da entre ciudades muy cercanas como Cipolletti y Cinco Saltos o desde esta última y Contralmirante Cordero y el lago Pellegrini.
Pero no todo pasa por las obras. Es frecuente ver en Cipolletti, entre las calles Brentana y el acceso a Isla Jordán, cómo la única vía reservada para bicicletas es compartida por peatones que ocupan el ancho de su trazado sin prestar la más mínima atención a los rodados y hasta por motocicletas, que tienen prohibido el paso por ese lugar.
En ocasiones son los propios ciclistas los que no cumplen las normas de tránsito, de seguridad y de prudencia que impone la conducción del birrodado.
Es en la perceptibilidad, el respeto hacia el otro y el acatamiento de las normas donde reside el mayor desafío educativo que supone la incorporación masiva de la bicicleta a la vía pública.
Experiencias positivas en América Latina
Si bien la meca de la bicicleta siguen siendo los Países Bajos, en América Latina se ha avanzado -particularmente desde Colombia- en la construcción y utilización de grandes extensiones de ciclovías. Una experiencia perfectamente transferible a cualquier municipio, que conviva y se pueda desarrollar a la par de la ciclovías permanentes, son las denominadas ciclovías recreativas.
La ciclovía recreativa consiste en abrir temporalmente -en días y horarios de menor tránsito- las calles y avenidas próximas a lugares verdes a los habitantes de la ciudad para que disfruten de un espacio seguro y gratuito para la recreación y el deporte.
Así, todos los domingos de 9 a 14, desde hace varios años, diecisiete comunas de Santiago de Chile invitan a ciclistas, skaters, patinadores, caminantes y corredores para que en un marco contagioso y distendido recorran la zona de Las Condes, Providencia, Parque Metropolitano, Ñuñoa, Santiago y Peñalolén, entre otros.
El proyecto aprobado por el gobierno cuenta con la adhesión y el auspicio de muchas firmas que promocionan sus productos y prestan bicicletas.
Han comprendido que de dicho modo se consigue la promoción de hábitos de vida saludables, la recuperación del espacio público, la reactivación económica de las comunidades, el avance en la calidad del aire, la protección del medioambiente y el mejoramiento de la convivencia y la cohesión social.
Actualmente el programa de ciclovías recreativas se desarrolla en 16 países del continente y 98 ciudades y/o municipios, con un programa semanal.
En nuestro país, Rosario ha sido la ciudad pionera en implementar la ciclovía recreativa, los domingos de 8 a 13, algo similar a lo que ocurre fin de semana tras otro en el Rosedal porteño.
¿Cuántas personas más harían actividad física si pudieran disponer de un lugar agradable y seguro en el que se sintieran respetadas? Sólo en Rosario, en el corredor que se extiende por parque Independencia, bulevar Oroño, avenida de la Costa, avenida Francia y parque Scalabrini Ortiz, en escasos tres años se estima que han participado más de un millón de personas.
Un desafío a la creatividad de los gobernantes y una apuesta fuerte a la piedra basal de la convivencia humana: la educación.
MARCELO ANTONIO ANGRIMAN
Abogado. Profesor nacional de Educación Física. marceloangriman@ciudad.com.ar
MARCELO ANTONIO ANGRIMAN
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