La casa isleña que es ejemplo de integración con el paisaje

Construida bajo el precepto de causar el mínimo impacto, esta casa en el Delta es ejemplo de respeto al entorno y autonomía en los servicios.



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El proyecto perteneciente a Elisa Gerson Arquitectos no es muy nuevo pero a raíz de que ha tenido amplia difusión en los portales especializados por sus peculiares características, vale la pena mostrarlo como un ejemplo a imitar por el bajo impacto visual y por su alta autonomía.


La reseña precisa que la Casa del árbol está ubicada en una isla en el delta del Paraná a media hora de lancha de San Fernando.
Se encuentra en un condominio de 32 grandes lotes que promueve el contacto con la naturaleza desde una visión de respeto y de mínima transformación del medio.

Autosuficiente en todo


Se buscó generar una volumetría compacta y de poca pisada (8m x 8m en planta), utilizar la madera y la mampostería como materiales fundantes y repensar todos los servicios de un modo alternativo ya que el lote no contaba con ninguno de ellos.
Lentamente se fue definiendo el perfil de esta casa autosuficiente y cuidadosa del trato con el entorno y con el planeta.


La provisión de energía eléctrica se resolvió mediante un sistema de paneles solares, banco de baterías e inversor que provee a toda la casa tensión de 220v.
La iluminación artificial está hecha con lámparas de leds reduciendo sensiblemente el consumo de energía eléctrica.
La calefacción se logra con una chimenea a leña y una salamandra evitando el acarreo de gas con todo su impacto y utilizando como combustible la madera del bosque.
El agua del arroyo se extrae mediante bomba, decanta en un sistema de 2 tanques de reserva y sirve al uso sanitario.

Compacta


El diseño de la volumetría se trabajó desde la premisa del edificio compacto elevado del terreno natural y vinculado a distintos elementos de madera con los usos de terraza, pasarela, muelle y parrilla que se ubicaron según un recorrido que juega con el paisaje.
Esta secuencia está pensada atendiendo a una dinámica de apropiación del espacio, multiplicando los usos de estar y de comedor hacia afuera de la casa.
La misma dinámica es la que potencia en las plantas la movilidad y combinaciones de los espacios según las necesidades llegando a admitir comodidad para que puedan dormir once personas.


El sistema de terrazas tiene 3 niveles y permite establecer contactos con la vegetación a distintas alturas a la vez que funciona como parasol de la cara norte.
El juego de la disposición de las tablas de las terrazas crea efectos de luz tamizada reeditando el modo que tiene el sol de filtrarse entre las hojas de los árboles.
La cara sur se pensó como un elemento hermético y pesado realizado en mampostería de ladrillo común. La síntesis resultó el recurso ideal para dialogar con el contexto de formas complejas y luces inesperadas del bosque.


El rigor de la propuesta inicial fue acompañado y equilibrado por decisiones de obra que adecuaron el proyecto a los materiales, las proporciones y a las vistas continuando el espíritu de juego que existía desde el inicio.
Finalmente la composición de las ventanas regaló vistas y recortes inesperados y variados del bosque.

Terminaciones naturales


Los materiales que se usaron fueron principalmente la madera, el ladrillo y el hormigón, todos expresados en sus terminaciones naturales.
Solamente se agregaron el verde para los elementos metálicos y el violeta para las puertas de chapa. Inclusive el paisajismo se realizó con especies autóctonas valorando desde el diseño la potencia natural del lugar.


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