“La diferencia entre las dos ‘bromas’”

Redacción

Por Redacción

Me permito escribir respecto de la nota firmada por Ítalo Pisani, aparecida en este diario el 23/7 y referida a la “burla” efectuada por el plantel de fútbol germano, campeón del mundo en el último torneo recientemente finalizado. Deseo destacar una notoria divergencia en cuanto a la comparación que se hace de las respectivas “mofas”, una por parte de la parcialidad argentina en Brasil mediante el conocido estribillo “decime qué se siente tener en casa a tu papá” y la otra del plantel alemán, que distingue taxativamente de manera despectiva a los gauchos y, por extensión, a los argentinos. Nuestros connacionales cantaban el “qué se siente” antes de comenzar el torneo. Pero nunca se hizo referencia, al menos en la letra del canto tribunero, al color de piel ni al modo de caminar de los hombres de aquella tierra hermana, nada de eso. Es decir que esta algazara no tiene rastros de xenofobia, de ofensa, agravio o cosa parecida; simplemente se le canta al pueblo brasileño que, por los encuentros jugados entre sí, Argentina tenía paternidad futbolística por llevar (creo) dos partidos de ventaja. Además, señor Pisani, vea usted a qué punto de sano jolgorio se llegaba: si nos enfrentábamos con los brasileños y éstos “nos pintaban la cara”, íbamos a tener que cerrar la boca, al menos con el “cantito” de marras. No obstante, los argentinos chancearon antes y durante todo el Mundial; los alemanes recién lo hicieron ante el hecho consumado. Pero el verdadero punto de inflexión entre dos opiniones (la suya y la mía), pese a que en parte coincido con usted puesto que yo tampoco deseo mezclar una burla con el imputado genocidio a estos muchachos alemanes que obviamente nada han tenido que ver con el mismo, está en la necesidad de puntualizar la diferencia entre estos dos tipos de “bromas”, dado que el meollo de la cuestión está dado por parte de los germanos, cuando han dirigido sus pullas al hombre de campo, al chueco encorvado desde siempre porque ha nacido prácticamente sobre el caballo y sus piernas han tomado la forma natural de la grupa. Se mofan del gaucho leal, del hombre de campo tantas veces maltratado y a veces perseguido, al trabajador que conocí en mi lejana juventud, cuando éste tomaba a la salida de los mataderos de Liniers unos tragos de caña con limón en el bar El Pulpo, en Larrazábal y Emilio Castro del barrio de Mataderos. Quizás sea perdonable que no conozcan en profundidad a esta gente sufrida y noble, pero no creo que el ilustrado pueblo alemán no sepa diferenciar al hombre de campo del de la ciudad y eligieron a nuestros gauchos para comparar, haciendo una pequeña marchita en el campo de fútbol y utilizando el famoso paso de ganso, que los hace ver tal como se proclaman: erguidos, altivos y –yo agrego– arrogantes y soberbios. Finalmente esto no es más que una anécdota, pero todos debemos ser cuidadosos, estimado señor Pisani; recuerde usted que a las personas mayores de edad con un mínimo de conocimiento de la historia, y aunque la mayoría no lo decimos, estas pequeñas diferenciaciones nos hacen ver, como diría uno de nuestros gauchos encorvados, una “luz mala” que brilla aún, inextinguible desde hace unos 75 años, reiterando que he usado este medio para que mi opinión evite precisamente toda reminiscencia de algo que, lamentablemente y quizás sin desearlo, se ha mezclado con el fútbol. José Santos, DNI 7.564.743 Cipolletti

José Santos, DNI 7.564.743 Cipolletti


Me permito escribir respecto de la nota firmada por Ítalo Pisani, aparecida en este diario el 23/7 y referida a la “burla” efectuada por el plantel de fútbol germano, campeón del mundo en el último torneo recientemente finalizado. Deseo destacar una notoria divergencia en cuanto a la comparación que se hace de las respectivas “mofas”, una por parte de la parcialidad argentina en Brasil mediante el conocido estribillo “decime qué se siente tener en casa a tu papá” y la otra del plantel alemán, que distingue taxativamente de manera despectiva a los gauchos y, por extensión, a los argentinos. Nuestros connacionales cantaban el “qué se siente” antes de comenzar el torneo. Pero nunca se hizo referencia, al menos en la letra del canto tribunero, al color de piel ni al modo de caminar de los hombres de aquella tierra hermana, nada de eso. Es decir que esta algazara no tiene rastros de xenofobia, de ofensa, agravio o cosa parecida; simplemente se le canta al pueblo brasileño que, por los encuentros jugados entre sí, Argentina tenía paternidad futbolística por llevar (creo) dos partidos de ventaja. Además, señor Pisani, vea usted a qué punto de sano jolgorio se llegaba: si nos enfrentábamos con los brasileños y éstos “nos pintaban la cara”, íbamos a tener que cerrar la boca, al menos con el “cantito” de marras. No obstante, los argentinos chancearon antes y durante todo el Mundial; los alemanes recién lo hicieron ante el hecho consumado. Pero el verdadero punto de inflexión entre dos opiniones (la suya y la mía), pese a que en parte coincido con usted puesto que yo tampoco deseo mezclar una burla con el imputado genocidio a estos muchachos alemanes que obviamente nada han tenido que ver con el mismo, está en la necesidad de puntualizar la diferencia entre estos dos tipos de “bromas”, dado que el meollo de la cuestión está dado por parte de los germanos, cuando han dirigido sus pullas al hombre de campo, al chueco encorvado desde siempre porque ha nacido prácticamente sobre el caballo y sus piernas han tomado la forma natural de la grupa. Se mofan del gaucho leal, del hombre de campo tantas veces maltratado y a veces perseguido, al trabajador que conocí en mi lejana juventud, cuando éste tomaba a la salida de los mataderos de Liniers unos tragos de caña con limón en el bar El Pulpo, en Larrazábal y Emilio Castro del barrio de Mataderos. Quizás sea perdonable que no conozcan en profundidad a esta gente sufrida y noble, pero no creo que el ilustrado pueblo alemán no sepa diferenciar al hombre de campo del de la ciudad y eligieron a nuestros gauchos para comparar, haciendo una pequeña marchita en el campo de fútbol y utilizando el famoso paso de ganso, que los hace ver tal como se proclaman: erguidos, altivos y –yo agrego– arrogantes y soberbios. Finalmente esto no es más que una anécdota, pero todos debemos ser cuidadosos, estimado señor Pisani; recuerde usted que a las personas mayores de edad con un mínimo de conocimiento de la historia, y aunque la mayoría no lo decimos, estas pequeñas diferenciaciones nos hacen ver, como diría uno de nuestros gauchos encorvados, una “luz mala” que brilla aún, inextinguible desde hace unos 75 años, reiterando que he usado este medio para que mi opinión evite precisamente toda reminiscencia de algo que, lamentablemente y quizás sin desearlo, se ha mezclado con el fútbol. José Santos, DNI 7.564.743 Cipolletti

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