La exclusión golpea a jóvenes y ancianos
Casi un millón y medio de jóvenes, entre 15 y 29 años, no estudian ni trabajan y más de un millón de personas mayores de 65 años no cobran jubilación ni pensión, según datos oficiales.
Estos dos grupos conforman los sectores con mayores niveles de exclusión social, y además la ayuda de los planes sociales tampoco sirve como paliativo. En el caso de los jóvenes, el gobierno lanzó el denominado Plan de Inclusión Juvenil, destinado a aquellos que tengan entre 18 y 25 años, considerada la franja de mayor vulnerabilidad.
Durante el primer año el objetivo es seleccionar 100 mil jóvenes para entregarles un subsidio de 100 pesos mensuales, mientras que el resto será capacitado por seis meses para formar algún proyecto, que luego tendrá el apoyo del gobierno.
Por el lado de los ancianos, la subejecución presupuestaria del Plan Adultos Mayor explica los altos grados de exclusión, de acuerdo con un artículo publicado ayer en el diario Página 12.
Hace un año, el gobierno anunció la universalización de las pensiones no contributivas vitalicias a los mayores de 70 años para «garantizar la contención integral de la tercera edad».
Esto motivó la eliminación de las restricciones presupuestarias porque hasta ese momento solamente se concretaban altas por bajas. Otra de las limitaciones está dada por los requisitos para acceder a la pensión, ya que los interesados deben acreditar que no tienen bienes, ingresos ni recursos.
A estos inquietantes indicadores sociales se sumó ayer la voz del presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), el chileno Francisco Errázuriz, quien advirtió que «puede haber quiebres en las democracias» de la región «si no disminuye la brecha entre ricos y pobres».
El prelado remarcó que «cuando se pregunta si se aceptaría un sistema diferente al democrático para con tal de que mejorara el bienestar económico propio, más de la mitad responde que sí».
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